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Reglas de urbanidad estando en la mesa. I

En la mesa se deben observar una infinidad de reglas para evitar toda grosería y falta de buena crianza.

 

Tratado de Urbanidad y Cortesía. 1800.
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Reglas de urbanidad estando en la mesa.

En la mesa ha de estar el hombre muy sobre sí, pues debe observar una infinidad de reglas para evitar toda grosería y falta de buena crianza.

Suponiendo, que la limpieza nunca es más necesaria, que en la mesa, el niño se lavará las manos después que lo hayan excusado las personas superiores a él; no haciéndolo al mismo tiempo que éstas, a menos que, no se lo manden expresamente; en cuyo caso, si no está pronto el criado para servir la toalla, deberá servirla.

Al sentarse a la mesa deberá el niño cuidar de quedar más bien en los últimos, que no tomar el asiento preferente, a menos que, no se lo manden. Después debe observar el no poner los codos sobre la mesa, y mantenerse derecho en la silla, sin manifestar por ningún gesto que está deseoso de empezar a comer por tener hambre.

Es muy impolítico presentar el plato con afán de ser servido el primero, ni tomar nada, sin que antes no estén servidas las personas de mayor respeto y condecoración.

Uno de los comportamientos que más se deben observar, es no mirar nunca al plato de los demás, ni menos fijar la vista en nadie al tiempo de comer ni beber, debiendo cumplir esto más exactamente los amos de la casa, para no dar a entender que atienden a si comen poco o mucho; pues en la mesa debe reinar entera libertad para comer y beber cada uno lo que quiera.

Tampoco se debe instar a nadie que coma de tal cosa, por exquisita que esté, porque puede hacerle mal, en cuyo defecto se incurre, generalmente, creyendo ser una muestra de política lo que es incivilidad; además que hay personas a quienes por su carácter corresponde la sobriedad, como son los eclesiásticos, los magistrados, etc.

El que tenga repugnancia a algún plato o bebida nunca diga: "esto no me gusta"; "yo no como de tal cosa"; "yo no bebo de tal licor"; sino que ha de tomar lo que le sirven, y después de hacer una demostración de probarlo, entregará con disimulo el plato o el vaso a uno de los sirvientes, o lo tendrá delante hasta que se lo muden.

Siempre que el niño tenga que servir algo, debe hacerlo presentándolo en un plato, y jamás en la cuchara, tenedor, cuchillo, ni sirviéndose de ellos tampoco, si no están limpios.

Si alguna persona superior en carácter sirviere al niño de algún plato, debe admitirlo por no desairarla; pero si tuviese tal repugnancia que absolutamente lo pueda comer, dará el plato con disimulo al criado para que no lo advierta.

Es una grande incivilidad el decir en la mesa yo no como de tal o tal cosa; jamás puedo comer lo que tiene pimienta, nuez moscada, cebolla, etc., porque estas son aversiones imaginarias, fáciles de corregir; pues no nacen sino de falta de crianza.

Si hay algún plato del que cada uno se sirve a su gusto, no debe el niño sacar hasta que las demás personas de mayor respeto se hayan servido; y como queda dicho, no debe sacar lo mejor, a menos de ser el último.

Tampoco se debe pasar el brazo por encima de ningún plato para servirse del que esté más lejos, sino hacerlo mudar, y que acerque un criado u otro comensal el que le apetezca.

Solo una vez se sacará de cada plato, porque es notable impolítica el sacar repetidamente de una misma cosa.

Debe cuidar el niño de no comer aprisa, por mucha hambre que tenga, cerrando los labios, para no comer como los brutos. No rascará el plato ni hará ruido para apurarlo hasta lo último, porque es prueba de muy glotón.

También es mucha incivilidad el soplar la comida cuando está muy caliente; en este caso se debe dejar enfriar.

 

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