Logo Protocolo y Etiqueta

El arte de agradar. Pulimentarse con educación y barnizarse con cultura. Explicación del fundamento

Ser agradable es: poseer 'don de gentes'; 'tener ángel'; ser 'persona bienquista'; disfrutar de benévola acogida en todas partes; gozar, por la virtud del propio mérito...

 

El arte de agradar. Manual de la verdadera educación. 1905

El arte de agradar. Pulimentarse con educación y barnizarse con cultura. Explicación del fundamento
El arte de agradar. El arte de agradar. Pulimentarse con educación y barnizarse con cultura. Explicación del fundamento

La finura, base fundamental del arte de agradar

Aquella urbanidad

Muchas son las personas que aspiran a ostentar el título de elegantes; no pocas ambicionan merecer el dictado de correctas; muy raras son las que no apetecen alcanzar, por voto unánime, la calificación de agradables.

Y es que esta última denominación supone simpatía, afecto y sentimientos delicados que no caben en las rigideces de lo exclusivamente elegante ni en lo ceremonioso de las frialdades anejas a la corrección.

Ser agradable es: poseer "don de gentes"; "tener ángel"; ser "persona bienquista"; disfrutar de benévola acogida en todas partes; gozar, por la virtud del propio mérito, de los respetos y de los cariños de nuestros semejantes; ser educado; ser culto, y, sobre todo, ser fino, con la finura exquisita de un alma noble, sencilla y buena.

La finura. Este es el arte de agradar. Un arte de difícil facilidad. Un arte que permite a los que lo dominan pasar por la vida siendo a un tiempo niño, pájaro y flor; esparciendo por doquiera ternuras inocentes, alegrías suaves y fragancias purísimas.

La niña que perdió a su madre en edad temprana; la joven que por veleidades de la suerte, se encuentra en posición superior a la educación que recibiera; la señora tímida hasta extremo incomprensible, sienten ansia honrada y legítima de conocer las reglas fundamentales del arte de la finura, del arte de ser persona grata, del arte de agradar.

Y como para satisfacer tan justos deseos no basta con apuntar superficialmente este o el otro detalle exterior; como hay que aplicar los preceptos teóricos a casos prácticos, determinados y concretos; como hay que ajustar a una sola regla todos los actos de nuestras relaciones para con nuestros semejantes, y todos los actos que de nosotros emanen, claro es que este tema exige estudio minucioso, tan minucioso y complejo como el estudio de la vida entera.

Porque en todas las manifestaciones de la vida, en el hogar y en el salón, en el paseo y en el templo, en la berlina del ferrocarril y en la playa de moda, en la conversación con parientes muy próximos o con amigos poco conocidos, en el trato con persona de alta alcurnia o en la relación con sirvientes e inferiores, la finura, la verdadera finura resplandece al modo de un astro que besa con su luz el terciopelo de la fronda y acaricia el espejo del pantano, sin jamás contaminarse ni mancharse con impurezas.

La finura como base para agradar a los demás

La base fundamental de la finura, la piedra angular del arte de ser persona agradable, se encuentra en esta frase: "Evitar a nuestros semejantes todo aquello que pueda ocasionarles disgusto, molestia o desagrado".

Si de este principio -con recto espíritu de bondad y de abnegación- sabemos hacer la norma de nuestra existencia, ya tenemos dado el gran paso para parecer y aun para ser agradable.

No ha de faltar quien asegure que al traducir este precepto en hechos prácticos, habremos de incurrir precisa y necesariamente en la fea y reprobable hipocresía. ¡Error! Error crasísimo.

La finura, base fundamental del arte de agradar
El arte de agradar a los demás. La finura, base fundamental del arte de agradar

Los que tal cosa afirman son los que conceptúan que la franqueza rayana en lo brutal o en lo grosero es una muestra de entendimiento y de sinceridad.

Un trozo de pino sin desbastar resultará áspero al tacto.

Ese mismo trozo pulimentado y barnizado ganará en suavidad y brillantez, sin perder nada en fortaleza ni en resistencia.

Así también el alma, despojándose de asperezas que para nada bueno sirven, pulimentándose con la educación y barnizándose con la cultura, tendrá siempre sus cualidades buenas de franqueza y de honradez, abrillantadas por la simpatía de los extraños y depuradas por la virtud propia.

Ya habrán comprendido nuestras lectoras que ser agradable no implica adulación sin tasa, derroche de elogio ni oficiosidad sin límites.

Una persona agradable goza siempre de cariños y de respetos, jamás concedidos al adulador servil ni al oficioso que empalaga.

Las personas más educadas son las que más agradables resultan. ¿Por qué?

Por la sencilla razón de que se esmeran en todas las circunstancias en evitar contrariedades y molestias a los demás.

En esto consiste la finura, en esto estriba la distinción, en esto se revela la delicadeza y la superioridad de alma.

Ya iremos viendo, en algunos de sus múltiples aspectos y de sus infinitos matices, el secreto de este arte, alguna vez innato, casi siempre producto de un esmeradísimo cultivo del sentimiento.

El alma femenina -colibrí deslumbrante que revolotea sin rozar sus alas con el polvo- comprenderá muy bien las exquisiteces hondas que se atesoran en el olvido de la propia personalidad, para fijar la atención y el afecto en las necesidades, en los intereses o en las desdichas de los demás.

No son estas lecciones para los hombres.

En el campo de batalla de la existencia, el bálsamo que restaña la sangre de la abierta herida y la venda que anuda la fractura están mejor en manos de las que llevan la paz en el negro manto y en la blanca toca que en las de los que con la ametralladora o el fusil entonaron la canción de la guerra y de la muerte.

Hermana de Caridad es siempre la mujer. De caridad es la misión de limar asperezas sociales y de estrechar los vínculos de armonía entre los individuos de una familia y entre las familias de un pueblo.

Esta misión cumple a todas, y, seguramente, ninguna rehusará colaborar en tan alta empresa.

¡Es tan dulcemente agradable el ser y el parecer agradable!

 

contentG Stats

¡Ayúdenos a mejorar!

¿Le ha parecido útil o interesante el artículo?

  • Nada
  • Poco
  • Algo
  • Bastante
  • Mucho

Nota

  • 20376

    Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia

    Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo

Su opinión es importante.

Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.

Contenido Relacionado

  • Imagen Protocolo

    Pocas personas, entre la nobleza de este siglo, son mejor conocidas que el Lord Conde de Chesterfield ; porque su extraordinario y perspicaz talento, y su franco y amable carácter , le distinguían en las tertulias nobles, en las juntas de Estado y en

  • Imagen Protocolo

    La duración del luto. Por penoso que esto sea, es necesario hablar de los lutos. Abordemos de frente la cuestión si no queremos renovar la célebre anécdota del anciano príncipe de Haunitz, que había prohibido pronunciar delante de él la palabra "muerte"

  • Varias personas pasenado cerca de la Torre CN de Toronto, Canadá.

    Comportamiento al andar, estar sentado o de pie Aquella urbanidad Sea que estemos en pie, sentados o andando, debemos tener siempre el cuerpo recto , sobre todo la cabeza derecha, sin inclinarnos hacia adelante ni hacia los lados, principalmente delante

  • Imagen Protocolo

    Saludos, encuentros y cortesías. ¿Qué hará Vd. al encontrar por la calle algún conocido? Saludaré a las personas conocidas quitándome el sombrero, y me llegaré a hablarles si me indican que lo desean. ¿Con qué mano saludará Vd.? Siempre me quitaré el

  • Imagen Protocolo

    Urbanidad de las manos, dedos y uñas. La cortesía exige tener y mantener siempre las manos limpias , y es vergonzoso mostrarse con las manos negras y mugrientas; eso sólo puede ser admisible en los operarios o en los campesinos. Para mantener las manos

  • Imagen Protocolo

    La decoración de la alcoba. La alcoba no ha de estar demasiado caliente , y su atmósfera debe renovarse en el momento de entrar en ella para dormir. Lo mejor será no encender fuego en ella. Salvo en caso de enfermedad, nunca debe adquirirse la costumbre

  • Imagen Protocolo

    Seamos sobre todo atentos en general, y no dejemos de usar una afectuosa cortesía , aun con aquellas personas cuya posición social está muy desnivelada con la nuestra. La urbanidad es útil a todos , sea cualquiera su edad, su estado y posición social.

  • Imagen Protocolo

    El salón y sus usos. Desde dicho punto de vista, el salón no necesita condiciones esenciales; es una pieza poco habitada, o habitada solo en ciertos días y a ciertas horas , que se puede airear cuando convenga y mantenerla en la deseada condición de salubridad.