Cómo recibir un regalo y ser agradecido
Las relaciones sociales, familiares y profesionales conllevan realizar una serie de acciones sociales entre las que figuran el hacer y recibir regalos

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Reglas de etiqueta para recibir un regalo de forma apropiada
Cuando hacemos un regalo, con toda nuestra buena intención, no siempre salen las cosas bien -o al menos, todo lo bien que nos gustaría-. Adivinar qué es lo que más le puede gustar a una persona, sobre todo si no la conocemos mucho, no es una tarea nada sencilla.
Lo mismo ocurre cuando recibimos un regalo. No siempre es lo esperado. Las decepciones pueden venir dadas por múltiples factores, pero eso no debe impedirnos ser educados y no mostrar nuestro desencanto o desilusión delante de las personas que nos hacen un obsequio -en este caso vamos a obviar los regalos gastronómicos-. Veamos cómo podemos evitarlo y dar una imagen de personas bien educadas.
Normas básicas de cortesía para recibir un regalo con educación y buenos modales
1. Sonreír, agradecer... pero sin exageraciones
No es una cuestión de ser unos hipócritas, pero tampoco de excedernos en halagos. Tanto si el regalo nos encanta, como si no nos gusta mucho, debemos saber 'moderar' nuestras emociones. Todos los extremos son malos. Lo que si está claro es que no podemos decir a la persona que nos ha hecho un regalo que no nos gustó.
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Si el regalo no es de nuestro agrado, damos las gracias por el detalle de forma escueta y sin muchas valoraciones. Si, por el contrario, nos encanta, podemos decir alguna frase del tipo "cómo me conoces tan bien", "siempre aciertas con los regalos", etcétera, etcétera.
2. Ni lo revendas, ni lo regales
Los regalos que no tienen una buena acogida por nuestra parte pueden tener dos finales 'felices': guardarlos en el trastero, en el garaje o en cualquier otro lugar de almacenaje; o bien, ponerlos en un sitio recóndito de la casa para que no sea vean demasiado -cuando se trata de objetos decorativos-.
Hay otras opciones, pero no son muy aconsejables: venderlos o re-regalarlos. Si los vendemos pueden enterarse las personas que nos los han regalado y crear un mal 'rollo' con ellos. Lo mismo puede ocurrir cuando se re-regalan. Pueden acabar en casa de un conocido o incluso de algún familiar de las personas que nos han hecho alguno de esos regalos. Son dos malas ideas: venderlos o re-regalarlos.
Hay otras dos opciones que podemos llamar intermedias. Una, es donar el regalo a una ONG o a una entidad similar. La otra es, si tenemos la posibilidad, cambiarlo. Si tenemos el ticket regalo, o nos ofrecen esa posibilidad, podemos cambiarlo -mejor cambiarlo por otro regalo que cambiarlo por dinero-.
3. Comunicación no verbal: ¡Cuidado con los gestos!
En ocasiones, la boca, los ojos o algunos gestos que hacemos de forma casi involuntaria nos pueden traicionar. Lo que expresamos con palabras no concuerda con nuestra cara, con nuestra mirada. Debemos aprender a no mostrar disgusto o decepción para no incomodar a las personas que nos hacen un regalo que, seguramente, lo habrán elegido con toda su buena voluntad y con toda su buena intención. Si nos pillan en un 'renuncio' de este tipo, podemos decir que tenemos un mal día, que no hemos dormido bien... pero debemos demostrar que no hemos hecho un gesto adusto por culpa del regalo recibido.

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4. No es apropiado decir eso
Si los gestos nos pueden delatar, las palabras son más directas. Ante todo, educación y buenos modales. Esas 'pullas' que algunas veces decimos con o sin intención, no son de personas bien educadas. Frases del tipo: "¡Mira qué bien!, ya tengo tres como este", "Es mucho mejor el que yo tengo", "No es demasiado práctico", etcétera, etcétera. Aunque las pensemos, mejor nos las callamos. Ser un 'sincericida', como dice la psicóloga Patricia Ramírez, no siempre es una buena opción.
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Resumiendo, recibir un regalo no deja de ser una de las muchas interacciones que cualquier persona suele tener en su vida social, familiar y profesional. Ser educado y tener buenos modales es importante en cualquier faceta de nuestra vida. En el caso de los regalos, no podía ser menos.
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