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Las visitas. Segunda parte.

Un hombre joven no debe jamás ser el primero en ofrecer la mano a una mujer; cuando dos hombres se encuentran en un salón y no tienen intimidad, el de más edad debe ofrecer la mano al otro.

 

Arte de Saber Vivir - Prácticas Sociales. Ed. Prometeo.
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Las visitas y los saludos.

Después del saludo a la señora de la casa, el visitante va a estrechar la mano de las personas que conoce. La señorita visitada le presenta a las demás. Primero repite el nombre del visitante: "El señor de ..... o la señora de ....., mi querida amiga", o bien su título y profesión, catedrático, profesora, artista, etc., y después va presentándose a todos los visitantes, no por su rango, sino por orden de proximidad. Sin embargo, si en la sociedad hay personas de mayor edad o respeto, se debe empezar por ellas. Esto en reuniones pequeñas; en grandes salones de concurrencia numerosa, no se presenta más que a determinadas personas.

Las personas de edad están autorizadas a tender la mano a todos los que les presenten, hombres o mujeres; los hombres de mediana edad pueden tender la mano a los de su misma condición y a los jóvenes, pero nunca a los de más edad hasta que éstos la ofrecen primero.

Las mujeres de cierta edad pueden permitirse ofrecer la suya las primeras a los hombres de su misma edad y a los jóvenes.

En cambio los jóvenes y las jovencitas necesitan gran reserva y han de esperar que los saluden, a no ser que ya se hayan encontrado varias veces en sociedad y hablado amistosamente, en cuyo caso el movimiento es espontáneo de parte de unos y de otros.

Un hombre joven no debe jamás ser el primero en ofrecer la mano a una mujer; cuando dos hombres se encuentran en un salón y no tienen intimidad, el de más edad debe ofrecer la mano al otro.

Si se desea ser presentado en una casa, es necesario que un amigo pida permiso a la señora, y que ésta fije el día y la hora. El presentado, a no ser de edad, ha de esperarse a que la señora le tienda la mano antes de ofrecer él la suya.

Un joven o una señorita no aceptan jamás una butaca, a no ser que no haya otros asientos o que la dueña de la casa insista y fuese imprudente rehusar.

Los hombres que hayan llegado antes ofrecen su silla a las damas que entran, a menos de estar mal colocados o en asiento demasiado modesto.

"El presentado, a no ser de edad, ha de esperarse a que la señora le tienda la mano antes de ofrecer él la suya"

La duración de las visitas depende del grado de intimidad; así, las de etiqueta no pasan de un cuarto de hora, y los amigos las prolongan mucho tiempo.

Una gran intimidad permite solo hacer visita fuera de los días de recepción. No se debe jamás ir mal vestida de visita a casa de una amiga en el día que recibe, por mucha que sea la intimidad. Si no se encuentra a la persona que va a verse, por ignorar su día de recepción, se deja una tarjeta con un ángulo doblado, y no se repite la visita a no recibir autorización o mediar confianza.

Así mismo, en días de gran fiesta, no se harán visitas.

Las visitas de casados que ofrecen su casa verifican a los tres meses del matrimonio.

Las de dar gracias por un pésame, cuando ha terminado el período de luto riguroso.

Entre las visitas obligatorias están las de felicitación de primero de año, de gracias por un favor recibido, las llamadas "de digestión", o sea las que se hacen después de haber sido invitados a comer; éstas deben hacerse dentro de la misma semana.

Hay también obligación de visitar a las amigas enfermas, a las amigas que dan a luz, a las señoras que son presentadas en casa, a las amigas que vuelven de un viaje para el cual se despidieron y a las que han tenido un suceso dichoso o una desgracia de familia.

 

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