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Obligaciones positivas. Respecto a nuestros amigos.

Los amigos forman una parte importante de nuestra vida, tanto social como personal

 

Tratado de la obligaciones del hombre. 1821.

Obligaciones para con los amigos
Respetar a los amigos. Obligaciones para con los amigos

Obligaciones generales para con los amigos

Tenemos para con los otros algunas obligaciones, que son generales y comunes para todos, y otras respectivas a cada uno en particular.

Obligaciones positivas

Estas se reducen a hacer a todos todo el bien que podamos.

Los actos que principalmente debemos ejecutar en beneficio de los demás son los que se llaman obras de misericordia, así espirituales como corporales, que no repetiremos aquí, estando ya explicadas en el Catecismo.

Solo añadiremos que no hay en el mundo deleite más dulce y más puro que el de hacer bien a otro, ni satisfacción que más llene nuestro corazón que la de poder hacer feliz a alguno.

Así, siempre que se presente ocasión de poder favorecer a cualquiera, debemos aprovecharla con el mayor anhelo, sin detenernos en sufrir cualquiera incomodidad que traiga consigo, seguros de que la complacencia que nos resultará, la compensará superabundantemente.

Obligaciones particulares

Respecto a nuestros amigos

Antes de tratar de nuestras obligaciones respecto de nuestros amigos, es preciso decir algo acerca de las precauciones que se deben tomar para no errar en su elección; porque si es cierto que vale más un buen amigo que el tesoro más precioso , no lo es menos que no hay enemigo más dañoso que un amigo malo.

1º. Es menester pues en primer lugar no hacer amistad sino con personas buenas y honradas; porque al que trata con los malos se le pegan fácilmente sus vicios; y de esto viene aquel refrán: "dime con quién andas, y te diré quién eres".

2º. Debemos huir de tener amistad con toda persona imprudente , porque tales personas pueden muchas veces, por sola ligereza y sin malicia, revelar nuestros secretos, y perjudicarnos de muchos modos; en vez de estos hemos de elegir personas que no solamente sepan guardar un secreto, sino darnos, cuando lo pida la ocasión, buenos consejos, e inspirarnos pensamientos útiles.

3º. Hemos de huir de la amistad de toda persona de genio inquieto y colérico , porque sería poco duradera, y buscar para tener la sujetos que sepan tolerar nuestros defectos, y sean sosegados, benignos y pacíficos.

4º. Debemos desechar también en nuestra elección todas aquellas personas demasiado interesadas , que solo atienden a su propia utilidad, y procurar unirnos con las que sinceramente desean nuestro bien, y saben cuando llega la ocasión promoverlo y trabajar en favor nuestro.

Una vez hecha con estas precauciones la elección de nuestros amigos, podemos estar bien satisfechos de ella. Si no, más vale vivir solos, que contraer amistades malas o peligrosas.

Cuanto más cuidado debemos poner en la elección de un buen amigo, tanto más nos hemos de esmerar en conservarle.

La primera obligación que tenemos para con un amigo es de hacerle todo el bien que podamos, ayudándole en sus necesidades, asistiéndolo en sus dudas con buenos consejos, advirtiéndole de todo lo que pueda perjudicarle, y aun de sus mismos defectos, para que se enmiende.

La segunda obligación es la fidelidad y prudencia con que debemos guardarnos de revelar sus secretos, y de faltar a su confianza, sea por malicia o por inadvertencia.

La tercera obligación es la condescendencia. Como cada uno tiene sus defectos, y desea que los demás se los toleren, debe tener igual condescendencia respecto a los defectos ajenos. Con todos hemos de tenerla, pero mucho más con los amigos.

No obstante, es menester distinguir la calidad de sus defectos. Si son viciosos y contrarios a la honradez, si proceden de un corazón malvado o de máximas depravadas debemos dejar su amistad, porque en tal caso no son dignos de la nuestra. Pero si proceden de ligereza o de genialidad, y aunque nos causen alguna incomodidad, no son malos en sí mismos, contentándonos con advertirlos a nuestros amigos por su propio bien; aun cuando veamos que no se enmienden, debemos sufrirlos, con paciencia, y darnos por satisfechos con que tengan todas las demás prendas que debemos apetecer.

 

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