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¿Educación es lo mismo que instrucción?

Educando se instruye; instruyendo se educa; es, por tanto, muy difícil señalar la línea divisoria entre la educación y la instrucción

 

¿Es lo mismo educar que instruir?
Educación e instrucción. ¿Es lo mismo educar que instruir?

¿Es lo mismo educar que formar? La educación y la formación

Aquella urbanidad

Estos son dos conceptos distintos, aunque su verdadero valor está en su acción simultánea, pero con harta frecuencia se confunden.

Educando se instruye; instruyendo se educa; es, por tanto, muy difícil señalar la línea divisoria entre la educación y la instrucción. Pero esto no obliga a que las confundamos lastimosamente, como suele suceder con mucha frecuencia, llamando bien educado al que posee algunos conocimientos en esta o en la otra materia. Verbigracia, uno que sabe Geografía porque ha viajado mucho, a al que emplea cuatro fórmulas o ademanes cortesanos, como saludar con corrección, recibir una visita con finura, vestir a la moda, etcétera, o ejecuta actos de piedad, como oír misa todos los días, y anda por la calle con el mayor recato. Todo esto bueno y puede contribuir a una excelente educación, pero por sí solo no la integra. Quiero, pues, dar el concepto amplio de lo que es la educación, ya que he dicho que la escuela, ante todo, debe ser educativa.

La educación, señores, es la gran obra de la formación y de la perfección del hombre. Este, al contrario que el poeta, no nace, se hace; los gérmenes de su cuerpo de su espíritu que Dios envía a la vida necesitan protección, evolución, metamorfosis incesantes en orden a su perfección y desenvolvimiento. He aquí la educación.

Mas para desenvolver la inteligencia, que como sol de nuestro espíritu ha de guiar a todas las demás facultades en el curso de la vida, es necesario comunicar las ideas, acumular conocimientos. He aquí la instrucción.

La instrucción es, por tanto, obra de acumulación, y se dirige solo a la inteligencia; la educación es obra del desenvolvimiento, y se dirige a todo nuestro ser; una es la parte, la otra es el todo; la una hace del cerebro un depósito que almacena, la otra lo convierte en fábrica que funciona; la primera instruye y llega a formar al sabio; la segunda perfecciona y forma al hombre completo. Permitidme os lo aclare con un sencillo ejemplo.

Ejemplo sobre la educación y la instrucción

Supongamos un globo aerostático desinflado y plegado, a semejanza de nuestras facultades en embrión -que también se presentan como plegadas y confundidas entre sí-, al que vamos introduciendo gases o humo que, desplegándose, le hinchan y le ponen en condiciones de elevarse a la atmósfera. Los gases o el humo acumulados nos representan la instrucción; el despliegue y la amplitud, la educación.

Para decir que un hombre es instruido basta, como queda dicho, que haya acumulado conocimientos; para poder asegurar que está bien educado se necesitan prendas de espíritu y de cuerpo que suponen mucho más; la salud y energías del cuerpo, la agudeza de todos los sentidos, la fidelidad de su memoria, los vuelos de su imaginación, la rectitud de juicio y de conciencia, la corrección del lenguaje, la pureza de sus sentimientos, la dirección de sus apetitos y cuanto contribuye a formar esa nuestra fisonomía moral que se denomina carácter; todo ello pertenece al campo vastísimo de la educación.

De la educación depende hacer hombres vulgares o distinguidos; y, contraste singular, nuestras escuelas vienen siendo predominantemente instructivas; su interés principal es que el niño se penetre de estas o de las otras materias de enseñanza, y de que sus programas sean cada vez más extensos, aun a costa del vigor de sus músculos y del despejo de su intelecto; el padre de familia, contribuyendo a ese perjudicial intelectualismo, suele encontrar más placer en que el niño le de la definición de raíz cúbica, por ejemplo, que probablemente no entiende, que en observar su acierto en el discurrir y sus inclinaciones hacia el respeto, la caridad o el trabajo.

Este es un grave error contra el que debemos luchar los padres y maestros. La escuela instructiva puede enseñar al hombre todos sus derechos, pero es impotente para desenvolver en él todo valor, y no hay que perder de vista, como dijo Horacio Mann al pueblo norteamericano, que el hombre representa el principal capital y constituye la primera máquina.

Como consecuencia de todo esto, permitidme, obreros, que os de un consejo, y es que cuando hayáis de elegir escuela para vuestros hijos o para vosotros, no deis preferencia a la que exija más libros, más estudios de memoria, más definiciones y recitados papagayescos; dad preferencia a la escuela que eduque, pues así como el gran negocios para la vida eterna es a salvación, para la vida presente es la educación, porque sabido es que todos tenemos un destino que cumplir.

 

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