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Modo de conducirnos en los establecimientos públicos. I.

La educación y el comportamiento correcto en los espacios públicos.

 

Novísimo Manual de Urbanidad y Buenas Maneras para uso de la juventud de ambos sexo.
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Del modo de conducirnos en las casas de educación, cuerpos colegiales, establecimientos públicos, tiendas y en los viajes.

No elijamos las horas de clase para entrar en las casas de educación.

Cuando vayamos a visitar a un alumno, solicitemos antes el permiso del jefe del establecimiento.

Si al acercarnos a la sala notásemos que se está reprendiendo a algún alumno, retardemos el entrar algunos momentos.

Los caballeros se abstendrán de entrar en estas casas con el sombrero puesto.

Elogiar a los alumnos, será un medio muy fino de elogiar al director.

Jamás reprendamos en alta voz a nuestros hijos o pupilos dentro del establecimiento en donde los tengamos colocados, pues es faltar a la consideración debida al director.

El hombre de buena educación, cuando se encuentra en una asamblea cualquiera, guardará a sus colegas toda clase de miramientos.

Allí más que en ninguna parte deben refrenarse las pasiones, porque el que en medio de una discusión lanza invectivas contra sus contrarios, comete una gravísima falta de respeto a la corporación entera.

Es impolítico interrumpir al que habla con frases de desaprobación.

La difusión en los discursos molesta y fatiga al auditorio, y le distrae de la cuestión.

La sátira no está excluida de las discusiones parlamentarias; pero no la sátira mordaz que incendia y divide los ánimos, y cierra la puerta a la razón.

El que es vencido en una cuestión, dará una prueba de respeto a la mayoría manifestándose tranquilo y resignado, y el que ha triunfado, no debe hacer alarde de su triunfo con orgullosa jactancia.

El ensañarse, descendiendo a atacar la vida privada del contrario, es una cobarde y grosera bajeza, que jamás podrá cometer el hombre culto.

A las oficinas públicas y establecimientos industriales no iremos sino cuando nuestra presencia no pueda alterar su orden, guardando toda aquella compostura que exige una buena educación.

Así, no entraremos más que en la sala que nos indiquen, y permaneceremos allí solo el tiempo necesario para nuestro objeto, sin distraer la atención de los que trabajen.
Los caballeros al entrar se quitarán el sombrero.

En los museos y otros sitios semejantes, es de muy mala educación codear a los que esperan a la puerta, para abrirse más pronto paso, meterse entre la multitud, atropellar a los que vayan despacio, o empujarlos para salir más pronto. Lejos de esto, nos complaceremos en proteger a las señoras, a los ancianos y a los niños, y si queremos ver un objeto, esperaremos a que lo hayan visto los demás para acercarnos a verlo.

No nos arrimemos nunca demasiado a las mesas en que estén expuestas las preciosidades, y no nos permitamos nunca tocarlas con las manos.

Si por casualidad alguno nos pregunta el asunto de un cuadro u otra noticia cualquiera, nos apresuraremos a explicárselo con el mayor agrado. El caballero que acompañe a señoras, gratificará a los que enseñan estos establecimientos, y lo mismo harán las personas de edad que vayan con jóvenes.

 

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