Cuestiones sobre la urbanidad. VII
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.

Cuestiones sobre la urbanidad.
Cuando por la calle encontremos a un sujeto conocido, ¿de qué modo le saludaremos?
Siempre que Vd. vaya en compañía de una persona superior, ¿qué practicará?
¿Cuál es el sitio de mayor consideración cuando se va caminando con otra persona?
Cuando son tres los que se pasean juntos, ¿cuál es el lugar preferente que debe cederse a la persona más calificada?
¿Qué porte debe observarse en los parajes públicos y reuniones?
¿Qué reglas tendrá Vd. presentes para hacer una visita a otra persona?
Si el sujeto que hemos ido a visitar no se halla en casa, ¿qué efectuaremos entonces?
¿De qué modo llamará Vd. a la puerta de una casa ajena?
¿Qué atenciones usaremos con una persona que visitemos?
Cuestiones sobre la urbanidad
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Sobre las conversaciones triviales que se tienen en sociedad.
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No andéis de puntillas, como si estuvieseis bailando, a no ser para pasar un charco; no corráis de una acera a la otra de la calle, porque os tendrían por locos.
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Suele ser el escollo donde se estrellan las personas de talento, la piedra de toque de los caracteres de cada uno, y en la conversación es en donde se conoce a un hombre bien educado.
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Es tan natural en el hombre la tendencia a ensalzarse a sí mismo y a deprimir a los otros, que casi sin notarlo y sin ánimo resuelto de ofender mortificamos el amor propio de los demás.
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Las primeras dificultades que ocurren a los muchachos, y aún a algunos adultos que carecen de práctica, se fundan sobre el tratamiento que se ha de dar a la persona a quien se escribe.
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Las visitas en sociedad.
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El hombre de bien debe procurar adquirir conocimientos que le sean útiles para su vida diaria.
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Educar a los hijos no es una tarea fácil, Requiere constancia y tesón, aunque sea más sencillo dejarles hacer lo que quieran.
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Siendo el carácter de los entusiastas todo benevolencia y dulzura, se ve uno obligado, so pena de pasar por inurbano, a oír con paciencia y aun con una especie de placer sus locas exclamaciones.
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La decencia general consiste en conformarse con las circunstancias de persona, lugar y tiempo.

