Quantcast

 

Logo Protocolo y Etiqueta

Las amistades nuevas y el arte de agradar, parte II

Las nuevas amistades o conocimientos pueden ser merecedores de nuestra confianza, no hay para qué negarlo; pero lo discreto, lo lógico, es que nos tomemos tiempo para comprobarlo

 

El arte de agradar. Manual de la verdadera educación. 1905

Las amistades nuevas y el arte de agradar
Nuevas amistades. Las amistades nuevas y el arte de agradar

Las obligaciones con las nuevas amistades. Deberes de cortesía

Aquella urbanidad

¿A qué carta debemos quedarnos en este juego?

¿Quiénes proceden con mayor cordura, los desconfiados o los aturdidos? Ni unos ni otros.

Aquí, como en casi todas las cosas de la vida, hay que repetir el axioma que nos enseña que "en un buen medio está la virtud".

Obligaciones para con las nuevas amistades

Nuestras obligaciones para con el prójimo, en lo que se relaciona con el trato social, son tres:

- La cortesía, que la debemos a todos y que ha de ser para todos, incluso para las personas desconocidas.

- La tolerancia y la afabilidad, que debemos a los que nos rodean.

- Y, en fin, la confianza, base de la amistad, de la cual podemos disponer a nuestro antojo, reflexivamente, con pleno discernimiento, concediéndola o negándola y haciendo de ella un premio para los que estimemos que lo merecen.

Las nuevas amistades o conocimientos pueden ser merecedores de nuestra confianza, no hay para qué negarlo; pero lo discreto, lo lógico, es que nos tomemos tiempo para comprobarlo.

La costumbre inglesa de las "presentaciones" es altamente juiciosa y práctica. "Persona presentada vale por dos", dicen los ingleses. Tienen razón, porque el que presenta -que desde luego ha de ser amigo nuestro- se convierte, en cierto modo, en fiador de aquel a quien hace llegar hasta nosotros.

Pero hay momentos en que se entabla un conocimiento sin presentación o en que la presentación -reducida a puro trámite de etiqueta- no puede ni debe servirnos de garantía.

¿Qué hacer entonces?...

El tacto más exquisito no basta siempre para distinguir bajo el barniz de la amabilidad a un ser malvado o peligroso.

Conviene, pues, observar sin impertinencia, mantenerse en actitud de reserva y no intimar hasta tener la certidumbre de que tratamos con personas decentes y bien educadas.

No hay mejores informes que los que se pueden adquirir en una conversación hábilmente encauzada. Llevemos la charla a esos terrenos que parecen neutrales, y que, sin embargo, son como espejos en los que se retrata el alma. Discurramos acerca de las aficiones, costumbres, género de vida, ocupaciones habituales y lecturas favoritas, y, por detalles minúsculos, lograremos ver la fisonomía moral de una persona.

Señora que lee libros o periódicos de ideas poco conformes con a la religión y con el orden, no merece nuestra confianza.

Si hace partícipes de tales lecturas a sus hijas, no ya no merece confianza, sino ni aun siquiera estimación.

Otro dato, fácil de obtener y que tiene grande y positiva importancia, es el de la manera como se tratan los individuos de una familia desconocida. Hijo que habla respetuosa y cariñosamente de sus padres y a sus padres; hija que se desvive por atender y cuidar a sus hermanitos, y padre o madre perfectamente identificados para amar y para educar a sus pequeñuelos, son en realidad garantías recíprocas de bondad y de honradez.

El amor de la familia y a la familia es una planta que difícilmente nace, crece y se desarrolla en tierra ligera o malsana.

"Las nuevas amistades suelen ser flores del verano, que el otoño marchita"

Y hay aún otro medio, acaso el más cómodo y el mejor, que puede servir de norma para el trato a que el veraneo obliga.

Consiste simplemente en mantenerse dentro de los límites de la cortesía y en no salir de la esfera de la discreción.

Para ello hay que huir de relatar intimidades, de pedir favores, de recibir agasajos, de obligarse en algún modo o de contraer compromisos para el día de mañana. Limitémonos a vivir el presente y no hablemos del porvenir.

Los conocimientos nuevos debemos considerarlos como aves de paso, que no han de labrar nido definitivo en el hogar de nuestros afectos.

Con acierto feliz ha dicho una distinguida escritora que estas amistades suelen ser flores del verano, que el otoño marchita, y que podemos sentirnos satisfechas si antes de verlas mustiarse no nos han clavado alguna espina.

 

 

contentG Stats

¡Ayúdenos a mejorar!

¿Le ha parecido útil o interesante el artículo?

  • Nada
  • Poco
  • Algo
  • Bastante
  • Mucho

Nota

  • 20433

    Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia

    Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo

Su opinión es importante.

Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.

Contenido Relacionado

  • Imagen Protocolo

    Emilio. - ¿Qué nos contará V. esta tarde, papá? El Padre. - Esta tarde os hablaré algo de los deberes morales del hombre. ¿Sabéis, hijos mios, cuál es el primero de ellos? Todos. - Sí, señor, sí, señor. El Padre. - Habla tú primero, Jacobito. Jacobito.

  • Imagen Protocolo

    La urbanidad de las damas remilgadas. Hay ciertas señoritas que tienen una urbanidad muy peculiar , y cualquiera que falte a la más mínima de las reglas que ellas se han prescrito, ya no es en su concepto sino un grosero y mal criado, indigno de ser admitido

  • Imagen Protocolo

    51. Hombre de buena elección. Lo más se vive de ella. Supone el buen gusto y el rectísimo dictamen, que no bastan el estudio ni el ingenio. No hay perfección donde no hay delecto; dos ventajas incluye: poder escoger, y lo mejor. Muchos de ingenio fecundo

  • Imagen Protocolo

    Actos que molestan la memoria, los deseos y el amor propio de los demás. Cualquiera acción o dicho que voluntaria e ilegítimamente nos roba la estimación ajena o nos expone al desprecio, se llama injuria. La injuria, pues, debe ser calculada sobre dos

  • Imagen Protocolo

    Del vestido. Tiempo ha habido en que las clases de la sociedad se distinguían por el vestido ; pero como este tiempo ha pasado, ya no tanto distinguen a los individuos los trajes, como la instrucción, la educación, el ingenio y los talentos acompañados

  • Imagen Protocolo

    Los modales. Una cierta dignidad en los modales es absolutamente necesaria para hacer que el mundo sea respetable y respetada la persona de más rico mérito; esta dignidad no es solo diferente del orgullo como el verdadero valor lo es de la temeridad,

  • Mesa formal

    Agasajar a los invitados en la mesa Aquella urbanidad Cuando organizamos algún tipo de almuerzo o comida de ceremonia , se estila envolver en la servilleta de cada convidado, un panecillo tierno de media libra, doblando al efecto sus cuatro puntas,

  • Encerado de una escuela.

    Nociones de urbanidad para los niños Aquella urbanidad Dime, niño, ¿qué entiendes por urbanidad o cortesanía? El modo de conciliar agradablemente lo que uno debe a los demás con lo que se debe a sí mismo. Muy bien: y ese modo de conciliar deberes respectivos,