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De las burlas sufrirlas pero no usarlas a ... ¿Cuándo se ha de discurrir al revés?

Es gustosa la burla; sobrado saberla sufrir, es argumento de capacidad. Da pie el que se pica a que le repiquen.

 

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241. Las burlas sufrirlas, pero no usarlas. Aquello es especie de galantería, esto de empeño. El que en la fiesta se desazona mucho tiene de bestia, y muestra más. Es gustosa la burla; sobrado saberla sufrir, es argumento de capacidad. Da pie el que se pica a que le repiquen. A lo mejor se han de dejar, y lo más seguro es no levantarlas: las mayores veras nacieron siempre de las burlas. No hay cosa que pida más atención y destreza. Antes de comenzar se ha de saber hasta qué punto de sufrir llegará el genio del sujeto.

242. Seguir los alcances. Todo se les va a algunos en comenzar, y nada acaban. Inventan, pero no prosiguen: inestabilidad de genio. Nunca consiguen alabanza, porque nada prosiguen; todo para en parar. Si bien nace en otros de impaciencia de ánimo, tacha de españoles, así como la paciencia es ventaja de los belgas. Estos acaban las cosas, aquellos acaban con ellas: hasta vencer la dificultad sudan, y conténtanse con el vencer; no saben llevar al cabo la victoria; prueban que pueden, mas no quieren. Pero siempre es defecto, de imposibilidad o liviandad. Si la obra es buena, ¿por qué no se acaba?; y si mala, ¿por qué se comenzó?. Mate, pues, el sagaz la caza, no se le vaya todo en levantarla.

243. No ser todo columbino. Altérnense la calidez de la serpiente con la candidez de la paloma. No hay cosa más fácil que engañar a un hombre de bien. Cree mucho el que nunca miente y confía mucho el que nunca engaña. No siempre procede de necio el ser engañado, que tal vez de bueno. Dos géneros de personas previenen mucho los daños: los escarmentados, que es muy a su costa, y los astutos, que es muy a la ajena. Muéstrese tan extremada la sagacidad para el recelo como la astucia para el enredo, y no quiera uno ser tan hombre de bien, que ocasione al otro el serlo de mal. Sea uno mixto de paloma y de serpiente; no monstruo, sino prodigio.

244. Saber obligar. Transforman algunos el favor propio en ajeno, y parece, o dan a entender, que hacen merced cuando la reciben. Hay hombres tan advertidos, que honran pidiendo, y truecan el provecho suyo en honra del otro. De tal suerte trazan las cosas, que parezca que los otros les hacen servicio cuando les dan, trastrocando con extravagante política el orden del obligar. Por lo menos ponen en duda quién hace favor a quién. Compran a precio de alabanzas lo mejor, y del mostrar gusto de una cosa hacen honra y lisonja. Empeñan la cortesía, haciendo deuda de lo que había de ser su agradecimiento. De esta suerte truecan la obligación de pasiva en activa, mejores políticos que gramáticos. Gran sutileza esta, pero mayor lo sería el entendérsela, destrocando la necedad, volviéndoles su honra y cobrando cada uno su provecho.

245. Discurrir tal vez a lo singular y fuera de lo común. Arguye superioridad de caudal. No ha de estimar al que nunca se le opone, que no es señal de amor que le tenga, sino del que él se tiene. No se deje engañar de la lisonja pagándola, sino condenándola. También tenga por crédito el ser murmurado de algunos, y más de aquellos que de todos los buenos dicen mal. Pésele de que sus cosas agraden a todos, que es señal de no ser buenas, que es de pocos lo perfecto.

246. Nunca dar satisfacción a quien no la pedía. Y aunque se pida, es especie de delito, si es sobrada. El excusarse antes de ocasión es culparse, y el sangrarse en salud es hacer del ojo al mal, y a la malicia. La excusa anticipada despierta el recelo que dormía. Ni se ha de dar el cuerdo por entendido de la sospecha ajena, que es salir a buscar el agravio. Entonces la ha de procurar desmentir con la entereza de su proceder.

247. Saber un poco más, y vivir un poco menos. Otros discurren al contrario. Más vale el buen ocio que el negocio. No tenemos cosa nuestra sino el tiempo. ¿Dónde vive quien no tiene lugar?. Igual infelicidad es gastar la preciosa vida en tareas mecánicas que en demasía de las sublimes; ni se ha de cargar de ocupaciones, ni de envidia: es atropellar el vivir y ahogar el ánimo. Algunos lo extienden al saber, pero no se vive si no se sabe.

248. No se le lleve el último. Hay hombres de última información, que va por extremos la impertinencia. Tienen el sentir y el querer de cera. El último sella y borra los demás. Estos nunca están ganados, porque con la misma facilidad se pierden. Cada uno los tiñe de su color. Son malos para confidentes, niños de toda la vida; y así, con variedad en los juicios y afectos, andan fluctuando, siempre cojos de voluntad y de juicio, inclinándose a una y a otra parte.

249. No comenzar a vivir por donde se ha de acabar. Algunos toman el descanso al principio y dejan la fatiga para el fin. Primero ha de ser lo esencial, y después, si quedare lugar, lo accesorio. Quieren otros triunfar antes de pelear. Algunos comienzan a saber por lo que menos importa, y los estudios de crédito y utilidad dejan para cuando se les acaba el vivir. No ha comenzado a hacer fortuna el otro cuando ya se desvanece. Es esencial el método para saber y poder vivir.

250. ¿Cuándo se ha de discurrir al revés? Cuando nos hablan a la malicia. Con algunos todo ha de ir al encontrado. El Sí es No y el No es Sí. El decir mal de una cosa se tiene por estimación de ella, que el que la quiere para sí la desacredita para los otros. No todo alabar es decir bien, que algunos, por no alabar los buenos, alaban también los malos; y para quien ninguno es malo, ninguno será bueno.

 

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