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Lección sobre la vanidad.

La misma vanidad que nos deslumbra y arrastra a mil extravagancias, y aun locuras, es la que destruye y disuelve el logro de nuestras mismas ideas.

 

Lecciones de Mundo y de Crianza. Cartas de Milord Chesterfield. 1816.
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Vanidad.

Vive siempre alerta contra la vanidad, que es el defecto más general de la inexperta juventud, pero más cuidadosamente contra aquel género de vanidad que caracteriza a uno de mentecato; pues el carácter con que llega el hombre a verse una vez calificado, es casi tan indeleble como el sacerdotal, porque no es posible desimpresionar a nadie de la idea que ya ha formado de tal sujeto, especialmente si es mala.

La misma vanidad que nos deslumbra y arrastra a mil extravagancias, y aun locuras, es la que destruye y disuelve el logro de nuestras mismas ideas; y su ciega necedad es causa de chaquearnos y de desbaratar todos nuestros proyectos; por ejemplo, un hombre que se mete a decidir magistralmente sobre todos los asuntos, descubre que su ignorancia es mayor que la de los otros, y manifiesta una chocante presunción de superioridad que no tiene; otro que desea aparentar fortuna con las mujeres, supone recados de las más conocidas por su clase o su hermosura, y da a entender que tiene particular estrechez con alguna de las mejores sin advertir que si fuese verdad sería cosa indigna el decirlo, y sería infame si fuese falso; por lo que en cualquier caso pierde la reputación que pretendía ganar; algunos lisonjean su vanidad con pequeños y extraños objetos que no tienen la menor relación con ellos, como ser descendientes, deudos o conocidos de una tal persona de distinguido mérito o eminente carácter; hablan continuamente de su abuelo el General tal, de su tío el Obispo N. o su gran amigo y condiscípulo el Ministro; y quizá no les conocen más que de nombre; pero aun suponiendo que todo ello sea así como dicen, ¿qué adelantan con eso? ¿tienen acaso ellos más mérito por tales accidentes? Seguramente no; al contrario, porque estas plumas con que se visten, como el cuervo de la fábula, prueban su falta de intrínseco mérito; pues el hombre rico no tiene para que tomar prestado de nadie.

Es regla sentada y que jamás falla, el no hacer vanidad de aquello en que quiera uno ser elogiado, seguro de que la modestia es el mejor anzuelo para pescar aplausos; las bravatas de valor harán fácilmente que un hombre de verdadero espíritu sea creído quimerista, como la ostentación de gracioso hará que un hombre de talento pase por bufón; así como el Cardenal de Rota tachó sagacísimamente de un pobre hombre al de Chigi, porque este le dijo haber escrito tres años con la misma pluma, y que aún estaba buena; esto es lo que se llama un golpe de vanidad mal entendida; la modestia que digo arriba, no entiendas que es la timidez, la desconfianza y la cortedad uraña; todo lo contrario, has de ser firme y duro interiormente, debes conocer lo que valgas, y obrar según este principio; pero ten mucho cuidado de no dejar descubrir a nadie que tu sabes lo que vales, porque hasta la hermosura se rebaja de su mérito si la mujer presume de saber que lo es; cree que el verdadero mérito los demás le descubren, y todos ponderan y ensalzan sus descubiertas, y rebajan las de los otros.

 

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