Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte segunda.
Si nos acompañan varias personas, después de saludar presentaremos a los acompañantes, nombrándolos por su nombre o título.

Las visitas.
Las visitas durarán unos veinte minutos, aproximadamente; es falta imperdonable mirar el reloj. Si ruegan, esperemos un poquito; estaremos otros cinco minutos. Las visitas deben ser muy breves, si cuando nos reciben están en disposición de salir o conocemos es impedimento la visita, bien porque espera otra, bien porque asuntos interesantes esperan al señor que visitamos; en estas circunstancias no debemos estar más de tres minutos.
Hay que ser oportunos para suspender las visitas; no debemos interrumpirla cuando estén contando alguna curiosidad, o alguna cosa que parezca importante al que la narra.
Levantados, no colocaremos la silla en su lugar, sino la dejaremos donde está, recogeremos el bastón y el sombrero, saludando igual que cuando entramos. La persona a quien visitamos, nos acompañará hasta la puerta, que abrirá.
La saludaremos allí, bajaremos con el sombrero en la mano, y en el descanso, nos volveremos para hacer una pequeña inclinación de cabeza, como último saludo, y nos cubriremos.
No permitiremos nos acompañe más allá de la puerta; si tiene más visitas, ni aun eso; si insiste, le dejaremos obrar con libertad.
Si nos acompañan varias personas, después de saludar presentaremos a los acompañantes, nombrándolos por su nombre o título (Las señoras y señoritas serán objeto de nuestras atenciones).
Al bajar o subir las escaleras, irá al lado de la barandilla la persona más digna; si no hay barandilla, al lado de la pared.
"La persona de más respeto llevará la marcha de la conversación e indicará el momento de salida"
Las más honorables entran primero; si es una sola la conocida de la casa, lo hará ésta; la persona de más respeto llevará la marcha de la conversación e indicará el momento de salida. Al salir se hace en orden inverso, primero los menos respetables.
Otras visitas, que podemos llamar de relación, como son las de médicos, abogados, etc., nos veremos obligados a hacer.
Cuando les dirigimos la palabra les diremos: señor Doctor, señor Abogado, y si hay mucha intimidad, mi querido Doctor, etc.
Si exponemos nuestra enfermedad, lo hagamos con sencillez, sin tontas lamentaciones de nuestro mal con las que molestamos al señor Doctor. Sería intolerable manifestar su poco éxito. Le daremos las gracias después de cada visita, preguntándole: ¿Tendría usted la amabilidad de indicarme que le tengo que dar? o frase parecida; no se puede regatear. Si es el médico de cabecera, puede hacérsele una visita después de la enfermedad para manifestarle nuestro agradecimiento. Si consultamos con un Abogado, guardaremos todas las reglas de una visita; permaneceremos descubiertos, aun estando solos. Se le saluda y expone con claridad y brevemente el asunto objeto de la consulta. Alguno presenta la cuestión del contrario, cuando se trata de un litigio; no está bien este proceder. Si hay necesidad de hacer antesala, antes de ser recibido, esperaremos turno, bien se trate de médicos, abogados, Obispo, etc.; nadie debe presentarse antes que los que lleguen primero.
No se da cuenta quien lo hace, lo mal que se mira que un señor, por compañerismo, amistad o alguna superioridad, sea recibido antes que nadie, no obstante de ser el último que llegó. Tratándose de personas de pueblo, tiene que darse cuenta el de la población que tiene las horas contadas para estar en la ciudad.
Por necesidad tenernos que tratar con los comerciantes.
Compremos en comercio serio, y nos ahorraremos disgustos y dinero; creer que van a dar los duros a cuatro pesetas es una equivocación.
Los sacerdotes somos alguna vez víctimas del comercio ambulante; lo digo por propia experiencia.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte primera.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte segunda.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte tercera.
- Las visitas. Urbanidad en el medio rural. Parte cuarta.
-
7981

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
El comportamiento del niño en la escuela debe ser el de un niño bien educado y obediente.
-
No paséis mucho tiempo sin bañaros todo el cuerpo, y frotaros bien con una toalla; sobre todo debéis limpiaros los pies cuantas veces lo exija el estado en que se encuentren, particularmente en verano.
-
Expresiones proverbiales y dichos comunes son las flores de la retórica usadas por un hombre vulgar.
-
En las discusiones de sentimiento, la justicia y la cortesía ordenan que apeléis a la decisión de la mujeres, puesto que en estas materias su juicio es más exquisito y más seguro
-
Actos inurbanos o molestos a los presentes.
-
Pon todo tu esmero en procurar que el amor, que debes a tus semejantes, comience en ti a efectuarse con toda perfección...
-
Cuando entre los presentes hay algún eclesiástico, a él le corresponde dar la bendición antes de la comida.
-
Antes de soltar la lengua informaos de los genios de aquellas personas con quienes estéis en sociedad, porque en todas partes abundan más las cabezas desarregladas, que las de sano juicio.
-
Cómo diseccionar piezas de cuadrúpedos, ternera, carnero, cordero, cabrito, vaca, marrano, lechoncillo, liebre, conejo y jabalí.
-
La urbanidad y la civilidad para los jóvenes en unas simples cuestiones.
-
El escoger la pieza y la designación de actores son cosas delicadas, que reclaman todo el tacto de la dueña de la casa.
-
Hay quien tiene costumbre de tutear a sus criados, y no aprobamos semejante costumbre.
