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Las presentaciones y las visitas. I.

La presentación se hace indicando el nombre de la persona presentada y sus títulos a aquella a quien se presenta.

 

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De las presentaciones y las visitas.

En la buena sociedad se acostumbra poner en relación directa a dos personas por medio de una presentación. Esta puede ser especial o casual.

La primera es la premeditada, la segunda la que nace de circunstancias casuales.

Grande ha de ser en todo caso nuestra circunspección en presentar una persona a otra, porque puede, a veces, traernos serios sinsabores.

Este acto siempre incluye cierta suma de garantía que prestamos en favor del sujeto presentado, y no obraremos prudentemente si no estamos seguros de su finura y buenas cualidades. Está, pues, interesada nuestra delicadeza en no hacer ninguna presentación que pueda desagradar o traer enojosas consecuencias a la persona que nos honra con su confianza.

Un caballero debe siempre hacerse presentar a las señoras con quienes quiera entrar en relación, y el inferior al superior.

La presentación se hace indicando el nombre de la persona presentada y sus títulos a aquella a quien se presenta, haciendo en seguida lo mismo con respecto a ésta, a menos que no esté en su casa y sea la presentación premeditada.

Cuando la persona presentada está investida de un título permanente se le antepone al nombre, y si es una dignidad transitoria se le pospone.

Es excusado decir que para hacer una presentación necesitamos tener confianza con la persona a quien se hace.

Para la presentación de un caballero en una casa se observarán las reglas siguientes:

  • 1ª. Al llegar a la sala de recibo, conduciremos al caballero ante el señor de la casa, el cual por su parte se dirigirá hacia nosotros, y le haremos la presentación, mencionándole el nombre y títulos del presentado, como queda establecido.
  • 2ª. El amo de la casa conducirá luego al caballero ante la señora, y se lo presentará él mismo, quedando así presentado a toda la familia.
  • 3ª. Cuando la señora no tenga marido y tenga hijos mayores, lo presentará ella misma al más caracterizado; pero cuando éste lo fuera menos que el presentado, la señora lo hará a la inversa.
  • 4ª. Al terminarse la visita, la señora le ofrecerá su casa, y él hará lo mismo, con las seguridades de su deseo de serla útil.

En todo caso de presentación especial, la persona a quien se hace dará la mano a la presentada, y si es señora la hará sentar a su lado y la colmará de atenciones.

Si es caballero, el que le presenta no debe dejarle solo, pues le expondría a hacer un papel ridículo no conociendo a nadie de los de la casa.

Cuando es una señora la que se presenta en una casa, la presentación se hace a la señora de ella, quien la presentará inmediatamente a su marido o al hijo que tenga más caracterizado.

Si una persona recibe un servicio de grande importancia de otra, debe considerarse como presentada, y hacerle una visita de agradecimiento.

También debemos una visita a la persona a quien hayamos sido presentados antes de que transcurran ocho días desde el de la presentación.

En cuanto a las presentaciones casuales, no tienen tanta importancia ni tanta responsabilidad, ni nos imponen tantos deberes que cumplir.

Así, pues, las presentaciones que se hagan en un baile, en un día de campo, etc., no sirven más que para ponernos en comunicación con aquella persona durante la diversión, no quedando obligadas a nada; para continuar estas relaciones se requiere que sea el superior, o la señora, la que de algún modo manifieste su deseo al caballero o al inferior.

Cuando estemos en nuestra casa con una persona amiga, y llegue otra, las pondremos inmediatamente en comunicación por medio de una presentación, siempre que en ambas concurran circunstancias análogas. Si son muchos los que están con nosotros, la presentaremos en general a todos, y si la reunión fuese numerosa, no la presentaremos a nadie, o a los amigos de más confianza.

Haremos lo mismo si estando en la calle o en el teatro con un amigo, llega otro; pero jamás nos propasaremos a hacerlo cuando nos hallemos en casa ajena, pues este cuidado pertenece exclusivamente al dueño de ella.

Si yendo por la calle con un amigo se nos acerca otro, cuyo objeto es detenernos solo breves instantes, nos abstendremos de toda presentación.

Las presentaciones por cartas, o cartas de recomendación como se llaman generalmente, imponen los mismos deberes que las presentaciones personales, y están sujetas a las mismas reglas.

Debemos ser muy parcos en pedir cartas de recomendación, porque ponemos a la persona a quien las pedimos en el grave compromiso de desairarnos o hacerlo con repugnancia.

Toca más bien a las personas atentas prevenir las necesidades que puedan tener sus amigos al emprender un viaje, o cuando tengan entre manos algún negocio, y anticiparse a ofrecérselas.

 

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