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Educación que el Espíritu Santo da a la juventud.

Principios sólidos, y basa fundamental de la verdadera sabiduría, de las obligaciones de la buena crianza, y un resumen de las principales reglas de la urbanidad.

 

Reglas de buena crianza civil y cristiana.
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Conclusión de todo lo que se ha dicho, por los documentos, que el Espíritu Santo da a la juventud.

No puede concluirse mejor esta idea general, que acabamos de dar de la educación, que por los Documentos, que da el Espíritu Santo a toda la juventud, que son los principios sólidos, y como la basa fundamental de la verdadera sabiduría, de las obligaciones de la buena crianza, y un resumen de las principales reglas de la urbanidad.

Hijo mío, si quieres ser feliz, teme a Dios y pon toda tu gloria en guardar sus divinos preceptos; huye el pecado; vive en la inocencia; el temor de Dios es la corona de la sabiduría; da la plenitud de la paz y los frutos de la salvación: "Corona sapientiae timor Domini, replens pacem, e salutis fructum". (Eccles. I.)

Si deseas sabiduría, el Señor te la dará. Todos los bienes vienen con ella; y sin ella las muy grandes prendas son pompa vana. Desde tus más tiernos años desea ser instruido, y adquirirás una sabiduría, que te durará hasta el fin de tus días: "Fili a juventute tua excipe doctrinan, e usque ad canos invenies sapientiam". (Eccl. 6.)

Hijo mío, honra a tu Padre con tus obras, con tus palabras, y con todas las señales de sumisión y respeto, a fin de que él te bendlga y que la bendición quede en ti hasta el fin. Alivíale en la vejez, y nunca le des el más mínimo motivo de disgusto: "Fili suscipe senectam Patris tui, e non contristes eum in vita illius".0 (Eccles. 3.)

El mismo cariño, y el mismo respeto has de tener por tu madre. El que abandona a su Padre es infame, y el que disgusta a su Madre es maldito de Dios: "Quám malae famae est, qui derelinquit Patrem; e est maledictus a Deo, qui exasperat Matrem". ( Eccles. 3.)

Honra a todas las personas constituidas en dignidad, y sobre todo a los Sacerdotes: tenles toda veneración, que pide su carácter, y escucha con docilidad y respeto los consejos saludables de los ancianos: "Non te praetereat narratio seniorum". (Eccles. 8.)

El hombre sabio observa silencio hasta cierto tiempo; pero el ligero, e imprudente, habla siempre. Oír mucho y hablar poco es señal de mucha sabiduría. Cualquier gran hablador tiene poco juicio, y el hombre precipitado en sus conversaciones se hace despreciable: "Temerarius in verbo suo odibilis erit". (Eccles. 9.)

Elige siempre por amigos a los mas sabios, y no trates con frecuencia sino con hombres de bien. El que trata con sabios, se hará sabio y el amigo de los necios se les hará semejante: "Amicus stultorum similis efficietur". (Prov. 13.)

Habla siempre con aire dulce y afable: observa siempre buenos modos con todos, y no sigas jamás los movimientos de cólera. Olvida las injurias, que recibiste de tu prójimo, y hazlo todo con mansedumbre: "Omnis injuriae proximi ne memineris, e nihil a gas in operibus injuriae". (Eccles. 10.)

Aplícate a cumplir con puntualidad todas las obligaciones de tu estado. Hazte respetable por tu propio mérito; huye la ociosidad, porque no estarás mucho tiempo en ella, sin que te hagas vicioso: "Multam malitiam docuit otiositas". (Eccles. 33.)

Hijo mío, conserva con cuidado los documentos, que te han dado y persevera en la inocencia. Desgraciados aquellos, que dejaron los caminos rectos y declinaron a los torcidos. Qué harán y qué podrán responder, cuando el Señor examinará con rigor todas sus cosas: "Vae illis, qui dereliquerunt vias rectas, e diverterunt in vias pravas. Quid facient cum inspicere caeperit Dominus". (Eccles. 2.)

Aunque Tobías fuese el más joven de todos los de la Tribu de Nephtalí, dice el Historiador Sagrado, que en ninguna de sus acciones fue pueril: "Nihil tamen puerile gessit in opere". (Tob. I.)

Un aire dulce y agradable, un modo urbano y afable, un buen corazón, y compasivo a las miserias del prójimo; una piedad a la prueba de todo mal ejemplo, componían el carácter de aquel bello joven, y le distinguían. Por más que le solicitasen y persuadiesen; ni su Religión, ni los santos documentos que recibió, no padecieron jamás la más mínima alteración: "in captivitate positus viam veritatis non deseruit". Y aunque la dilatada mansión, que hizo entre los Asirios, pervirtiese a sus compatricios, Tobías jamás se desmintió y se preservó siempre del contagio.

Aunque los de su Nación arrastrados por la multitud fuesen todos a adorar los ídolos; Tobías huía siempre su compañía: "Hic solus fugiebat consortia omnium", y se iba solo a Jerusalen a adorar al verdadero Dios: "Pergebat in Jerusalem ad Templum Domini, e ibi adorabat Dominum Deum Israel". Desempeñando así con una fidelidad constante todas las obligaciones de su Religión; en todas partes se distinguió por su alta piedad, sin dejarse corromper nunca por el mal ejemplo de los otros: "Haec e his similia secundum legem Dei puerulus observabat".

Por lo mismo, nadie ignora, con cuan singular providencia y liberalidad recompensó Dios la fidelidad y la perseverancia de su siervo. Cuántos mancebos son, y serán eternamente infelices, por no haber imitado tan bello ejemplo.

¿Queréis ser dichosos? Servid a Dios con fidelidad. ¿Queréis gustar las dulzuras que en el servicio de Dios se hallan? Vivid en la inocencia. ¿Quieres no pecar? Acuérdate incesantemente de tu último fin. ¿Quieres finalmente hacerte respetable y distinguirte en el Mundo? Sea toda tu aplicación a honrar al Señor y serle agradable. En esto consiste el sólido mérito del hombre y su verdadera felicidad: "Hoc est enim omnis homo". (Eccles. 12.)

 

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