
Urbanidad de los modales y la compostura de todo el cuerpo.
Een la compostura de las partes del cuerpo se deben evitar varios defectos, y el primero es la afectación y el embarazo.
Urbanidad de los modales y la compostura de todo el cuerpo.
Lo que más contribuye a dar distinción a una persona y hacer que por su
comedimiento se la considere como persona juiciosa y ordenada, es que
mantenga todas las partes de su cuerpo en la actitud que la naturaleza o el uso prescriben.
Para esto, en la compostura de las partes del cuerpo se deben evitar varios defectos, y el primero es la afectación y el embarazo, que hacen que una persona se muestre tensa en su exterior, lo que es completamente contrario a la urbanidad y contra las reglas del comportamiento.
También hay que guardarse de cierta negligencia que muestre descuido y
flojedad en el proceder, lo cual hace que la persona sea poco apreciable, ya que esta mala cualidad indica tanto bajeza de espíritu, como de nacimiento y de educación.
Además hay que prestar atención muy particular en evitar cualquier manifestación de ligereza en la compostura, lo cual es propio de un espíritu disipado.
Los que por naturaleza son de temperamento ligero y distraído, si no quieren caer en este defecto o si desean corregirse de él, deben procurar no mover ni un solo miembro de su cuerpo sin atención, o de no hacerlo sino con muchísima moderación.
Quienes son de temperamento activo y precipitado, deben aplicarse mucho a actuar siempre con mucha moderación, a pensar antes de hacer, y a mantener el cuerpo lo más que puedan en la misma actitud y postura.
Aunque en el exterior no haya que mostrar nada rebuscado, con todo hay que saber acompasar todos los movimientos y regular debidamente la compostura de todas las partes del cuerpo.
Esto es lo que hay que enseñar a los niños con sumo cuidado, y a lo que se deben aplicar de manera particular las personas cuyos padres fueron harto negligentes en formarlos desde su temprana edad, hasta que se habitúen y consigan que estas prácticas les resulten fáciles y como naturales.
Es necesario que en el porte de la persona haya siempre algo de grave y majestuoso; pero ha de evitar que haya en ella cualquier cosa que denote orgullo o altivez de espíritu, pues eso desagrada muchísimo a todo el mundo. Lo que debe producir esta gravedad es únicamente la modestia y la cordura que el cristiano debe manifestar en toda su conducta.
Puesto que es de noble nacimiento, ya que pertenece a Jesucristo y es hijo de Dios, que es el Ser soberano, no debe tener ni manifestar en su exterior nada que sea bajo, y todo debe traslucir cierto aire de elevación y de grandeza, que guarde alguna relación con el poder y la majestad de Dios, a quien sirve, y que le dio el ser; pero que no proceda de la estima de sí mismo y de preferirse a los demás; pues todo cristiano, que debe guiarse según las reglas del Evangelio, debe rendir honra y respeto a todos los demás, y al considerarse como un hombre cargado de pecados debe, por ese motivo, humillarse constantemente y ponerse por debajo de todos.
Cuando se está de pie hay que mantener el cuerpo derecho, sin inclinarlo ni a un lado ni al otro, y no encorvarse hacia delante, como un anciano que ya no puede sostenerse.
También es descortés enderezarse con afectación, apoyarse en la pared o en alguna otra cosa, hacer contorsiones con el cuerpo y estirarse sin recato.
Cuando se está sentado no hay que tumbarse con dejadez, ni apretarse contra el respaldo de la silla; no es decoroso sentarse demasiado bajo o demasiado alto, a menos que no se pueda hacer de otro modo; y es mejor, de ordinario, sentarse demasiado alto que demasiado bajo; pero cuando se está en compañía, hay que ofrecer siempre, y particularmente a las mujeres, los asientos más bajos, como los más cómodos.
Ni el frío ni cualquier otra molestia o incomodidad, nos deben inducir a mantener postura indecorosa; y es contrario a la cortesía manifestar con sus actitudes que se siente alguna incomodidad, a menos que no se pueda hacer de otro modo.
También es señal de excesiva blandura y debilidad no poder soportar nada sin manifestarlo exteriormente.
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