Quantcast

 

Logo Protocolo y Etiqueta

Pasiones perjudiciales a nosotros y a los demás, la envidia y la soberbia.

Cuando ven los niños a otro más acariciado, más alabado y más premiado por los maestros y los padres, se consumen de envidia y de rabia.

 

Tratado de la obligaciones del hombre. 1821.
Imagen Protocolo y Etiqueta
Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

Pasiones perjudiciales no solo a nosotros mismos, sino también a los demás.

Envidia.

La envidia es una de las más viles y más abominables pasiones, y demasiado común en los niños. Es este vicio una displicencia del bien ajeno. Cuando ven los niños a otro más acariciado, más alabado y más premiado por los maestros y los padres, se consumen de envidia y de rabia. Pero es menester que se acuerden de aquel dicho del Poeta: La envidia, hijo mío, despedaza a sí misma .

Con efecto no hay pasión más funesta que ella, aun para nosotros mismos.

Cuanto este vicio es más reprensible, tanto es más digna de alabanza una noble emulación, que consiste en procurar imitar los buenos ejemplos de los otros, e igualar su mérito, pero sin tenerles el menor rencor. Si vemos pues que cualquiera nos es preferido a causa de su sabiduría, de su aplicación o de sus buenos modales, debemos esforzarnos a imitarle, y a hacer otro tanto para merecer los mismos honores y alabanzas, en lugar de quedarnos sumergidos en nuestra pereza y en nuestros vicios, y dejarnos arrastrar de una envidia inútil y aborrecible.

Soberbia.

Otra pasión perjudicialísima, que desde luego asoma en los niños, es la soberbia. Este vicio es tanto más digno de huirse, cuanto nos hace más odiosos: porque no hay cosa más generalmente aborrecida de todo el mundo que un hombre soberbio y vano .

Suelen los hombres envanecerse de dos especies de cosas: 1º. De cosas en que ninguna parte tienen; 2º. De cosas en que tienen alguna.

Las cosas en que el hombre no tiene parte ni mérito son el nacimiento, la robustez del cuerpo y el talento.

"Las únicas cosas en que el hombre tiene alguna parte o mérito son sus propias acciones"

El nacer noble o plebeyo, rico o pobre, robusto o débil, hermoso o feo, perspicaz o corto de luces, son cosas en que sola la Providencia tiene parte , y ninguna nosotros. ¿Pues qué locura no es envanecernos de una cosa que es un mero don del Criador? ¿Qué méritos hemos hecho para nacer más nobles o más ricos que este o aquel? ¿Pues cómo podemos alabarnos de esto y ensoberbecernos, como si fuese efecto de nuestros merecimientos? ¿Y cómo podemos despreciar a los otros, no habiendo tenido ellos la menor culpa en la privación que padecen de tales bienes?

Las únicas cosas en que el hombre tiene alguna parte o mérito son sus propias acciones, como los progresos en las ciencias y en las artes, en la virtud y en el ejercicio de las buenas obras.

Pero aun en éstas no es del hombre todo el mérito, pues el aprovechamiento en los estudios, aunque depende de su aplicación, depende principalmente del talento , que es un don del Criador; y la virtud se debe principalmente a la divina gracia, sin la cual sabemos que no podemos hacer cosa buena, y así nuestro mérito solo consiste en cooperar al auxilio divino.

¿Cómo puede pues ninguno alabarse de que adelanta más que otro, o de que obra mejor que él, siendo así que aun este mérito es principalmente un don de Dios?

Así, de ninguna cosa tenemos razón para envanecernos , antes si de dar de todas las cosas gracias a Dios, de quien las hemos recibido, y evitar todo mal uso de estos dones para no desmerecerlos.

¿Cuántas razones no tenemos además para humillarnos si consideramos nuestros defectos, nuestros vicios y nuestros deméritos? Tengámoslos pues siempre a la vista para no ensoberbecernos; haciéndonos cargo de que solo puede ser soberbio el que no se conozca a si mismo, y por esto se dice que la soberbia es hija de la ignorancia.

 

contentG Stats

¡Ayúdenos a mejorar!

¿Le ha parecido útil o interesante el artículo?

  • Nada
  • Poco
  • Algo
  • Bastante
  • Mucho

Nota

  • 6584

    Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia

    Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo

Su opinión es importante.

Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.

Contenido Relacionado

  • Imagen Protocolo

    El falso y presumido erudito. Cierto jardinero encontró una zarza que estaba muy lozana en la margen de un barranco; y ella le dijo con mucha urbanidad: " Señor mío, ¿no es verdad (hablemos de buena fe), que yo no ocupo el puesto que debía? Trasládeme

  • Imagen Protocolo

    El Padre. - Los jóvenes deben oír mucho y hablar poco, cuando se hallan entre hombres mayores; porque se supone que saben poco, y que en cualquiera materia que hablen han de decir muchos disparates. No parece bien que estén distraídos, ni que marquen

  • Imagen Protocolo

    De las mujeres de edad. Al hablar de las mujeres de edad en un tratado en que nos proponemos presentar los escollos que aguardan al hombre en su entrada en el mundo, de ningún modo se crea que una mujer de éstas es un escollo ; todo al contrario; el trato

  • Imagen Protocolo

    Las comidas y los alimentos. Si la comida es en mesitas guarnecidas de flores distintas, como ya hemos dicho, en vez de tarjetas de colocación se entregan ramitos con la flor que les corresponda a las dos señoras y a los dos caballeros que la hayan de

  • Imagen Protocolo

    La cortesía con los niños. Es, pues, indispensable manifestar al joven cierta confianza en sus buenas cualidades y hacerle sentir que ya le creéis capaz de conducirse a fuer de hombre, y sobre todo es menester guardarse de atar a un mozo de diez y ocho

  • Imagen Protocolo

    181. Sin mentir, no decir todas las verdades. No hay cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del corazón. Tanto es menester para saberla decir como para saberla callar. Piérdese con sola una mentira todo el crédito de la entereza.

  • Imagen Protocolo

    Urbanidad del modo como hay que pedir y recibir la bebida y de cómo se ha de beber, cuando se está a la mesa. Es totalmente contrario a la cortesía pedir de beber el primero , a menos que sea uno el más importante de los comensales; de lo contrario hay

  • Imagen Protocolo

    Condiciones físicas, intelectuales y morales del discurso y de la conversación. En una conversación, dos personas que hablan en una lengua que los demás no entienden cometen una gran descortesía porque manifiestan desconfianza de los oyentes y que no