Quantcast

 

Logo Protocolo y Etiqueta

De la avaricia.

La avaricia se echa de ver, por donde quiera, pareciéndose al amor y a los celos.

 

El hombre fino al gusto del día, ó, Manual completo de urbanidad, cortesía y buen tono.
Imagen Protocolo y Etiqueta
Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

De la avaricia.

En el mismo hecho de recomendar la generosidad, está visto que hemos vituperado el defecto opuesto a ella, que es la avaricia. Es verdad que este vicio no es tan común como en otro tiempo. En el día todos quieren gozar, y se cree que el ansia de adquirir dinero no nace sino de la necesidad de gastarlo. Pocos jóvenes se encuentran, pues, avaros; pero llega la edad en la que se disipan las ilusiones de la juventud con los años, y los cuidados de un porvenir suelen apretar las manos más abiertas. Un hombre de mundo puede pensar muy bien en su fortuna, pues es natural que a medida que adelanta en la carrera de la vida, discurra en el establecimiento de su familia, educación de sus hijos, y en fin, en proporcionarse una vejez cómoda y libre de necesidades; mas no debe extenderse el deseo de adquirir hasta las pequeñeces, y sobre todo deben evitarse las riñas domésticas delante de testigos.

Hay padres de familia que no saben contener su disgusto cuando una persona rompe un mueble; que manifiestan toda su cólera cuando un criado ha quebrado un vaso o una taza, y alteran la alegría y armonía de una concurrencia con el espectáculo de sus reconvenciones; evitad siempre estas contiendas escandalosas que manifiestan una alma pequeña, y aun falta de educación. El defecto que más perjudica con respecto a las mujeres es la avaricia. A la llegada de un joven avaro, las señoritas se retiran, las madres abandonan todo proyecto de establecimiento, y aun cuando sea más hermoso que Adonis, y más rico que Creso, difícilmente encontrará una joven que quiera tomar su nombre y dirigir su casa. Un marido avaro, un hombre que calcula los pares de zapatos de su mujer, que repasa las cuentas de su modista, que regatea una vara de percal, y que cuenta uno por uno los realillos que cuesta un palco en la ópera, es un monstruo, un ente peligroso con el cual no se debe comunicar, y de quien nunca se huirá lo bastante.

"La avaricia hace al hombre duro y egoísta"

Evitad pues la avaricia; si la naturaleza os inclina a tan pernicioso defecto, corregidle y dominadle. La avaricia se echa de ver, por donde quiera, pareciéndose al amor y a los celos; se vislumbra por las miradas y por el aire. Un hombre avaro tiene mil expresiones propias que, sin conocerlo, usa para alabar su sórdida pasión. La vista de un gasto le hace temblar, el lujo le irrita. Señora, dice a una joven delante de su marido, es exquisito el punto de ese velo, excelente bordado, los guantes primorosísimos; bien deben de haber costado. Apuesto a que valen lo menos ... La joven se muerde los labios, y el marido que había hecho aquel regalo en un momento de amor y de prodigalidad, echa ya de menos su dinero, y rehúsa a su mujer una sortija o un estuche que la había prometido. Otra vez se acerca a un caballo de regalo, elogia su alzada, su crin y su estampa. Caballero, dice, volviéndose a un hombre de unos cincuenta años que admira el animal con él; he aquí un hermoso caballo, es fino y de raza, pero su hijo de Vd. es un joven un poco vivaracho, y dos o tres fatigas este caballo puede abrirse de pechos, y vea Vd. cuánto dinero ha perdido; habrá costado a Vd. este animal doscientos doblones; pues por cincuenta hubiera Vd. tenido otro que fuese lo mismo. Entonces el hijo que galopaba hasta perderse de vista, ostentando su destreza y buen caballo, se muerde los labios de impaciencia, y el padre queda poco contento de su liberalidad.

Los hombres avaros son los que se alteran en el juego por un tanto, los que se olvidan siempre de los aguinaldos a los criados, y a quienes el apetito desordenado de dinero hace incurrir en una infinidad de faltas sociales que no perdona el mundo.

La avaricia hace al hombre duro y egoísta. Un avaro echa de menos el traje que da algunas veces a los pobres por ostentación; tiene miedo de aventurar una peseta, jamás convida a un amigo; dinero que ha prestado le parece ya dinero perdido, y poco a poco va apartando de sí a todo el mundo. Como esta pasión es solitaria y nunca está más satisfecha que mirando al arcón, poco a poco va perdiendo todos los motivos de sociedad que le aleja de él, el hombre más fino cuando tiene la desgracia de abandonarse a este vicio, se hace extranjero en la sociedad, se aísla y el pensamiento que le ocupa le degrada y envilece. Huíd, pues, de tan odioso vicio; estamos muy lejos de aconsejar la prodigalidad, pero puede decirse que es mil veces preferible a la avaricia que apoca el alma. La avaricia se aumenta con la edad, así como la pasión por el juego; y nunca sobre la vigilancia para arrancar de nosotros sus primeras semillas.

 

contentG Stats

¡Ayúdenos a mejorar!

¿Le ha parecido útil o interesante el artículo?

  • Nada
  • Poco
  • Algo
  • Bastante
  • Mucho

Nota

  • 7020

    Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia

    Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo

Su opinión es importante.

Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.

Contenido Relacionado

  • Imagen Protocolo

    111. Tener amigos. Es el segundo ser. Todo amigo es bueno, y sabio para el amigo. Entre ellos todo sale bien. Tanto valdrá uno cuanto quisieren los demás; y para que quieran, se les ha de ganar la boca por el corazón. No hay hechizo como el buen servicio,

  • Imagen Protocolo

    El alumbrado correcto de una casa. Una de las economías mal entendidas y más perniciosas de que debe abstenerse toda ama de casa, es la de la falta de alumbrado . Por ella se pierde una gran parte de tiempo, los objetos se rompen y muchas veces dan lugar

  • Imagen Protocolo

    El aseo y el cuidado del cuerpo. ¿Exige la urbanidad que el niño cuide del aseo de su persona? El hombre ha de ser limpio, pues el desaliñado causa asco a los demás, los retrae de rozarse con él, y da indicios de tener poco arreglo en todas sus cosas.

  • La cortesía y las presentaciones: muestra de fina deferencia

    La cortesía y las presentaciones: muestra de fina deferencia Aquella urbanidad La despótica tiranuela, la emperatriz soberana que reina y gobierna en los salones, S. M. la Moda , dictó hace tiempo una orden, y ante su imperativa decisión el mundo elegante

  • Imagen Protocolo

    Los hombres de juicio, que no quieren pasar por extravagantes y llamar la atención de las gentes, marchan naturalmente, ni muy lenta, ni precipitadamente, a menos que no lo exija algún negocio urgente. Alzar afectadamente la cabeza, con un balanceo de

  • Imagen Protocolo

    Mentir. No hay tacha tan denigrativa ni tan indigna como la mentira , porque siempre se considera hija de la malicia, de la vanidad o de la cobardía; y tarde o temprano llega a descubrirse la verdad; si decimos una mentira que ofenda la reputación y buen

  • Una tarjeta de visita en blanco.

    Historia. El uso de las tarjetas de visita El uso de las tarjetas de visita ha llegado al abuso, y será bueno marcar algunas reglas para su acertado empleo . Para ofrecer la casa, invitaciones, etc., no se debe emplear la tarjeta de visita, sino impresos

  • Imagen Protocolo

    El juego. Indispensables son para la vida los juegos y diversiones . El niño, el joven y el viejo, el hombre de negocios y el santo, toman recreos para descansar y reponerse. San Juan, el discípulo amado, jugaba con una perdiz que le acompañaba en sus