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Lección sobre la economía.

Es muy difícil fijar el punto de economía; pero entre los dos vicios, el de la frugalidad, puede corregirse, y el de la prodigalidad, suele no tener ya remedio.

 

Lecciones de Mundo y de Crianza. Cartas de Milord Chesterfield. 1816.
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La economía.

Te engañas si crees que el hombre rico puede satisfacer todos sus caprichos con su dinero; pues bien al contrario has de saber, que ni con los gastos necesarios podrá sostener, sino tiene método para gastar, y cuenta para saber lo invertido y el sobrante; pero al de medianos haberes que tiene buena conducta y se maneja con prudencia, le alcanza para lo preciso, y para algo más; y así procura arreglar el gasto ordinario a tu renta, contando siempre con que te quede un fondo suficiente para cualquiera contingencia inesperada, y para una prudente liberalidad; pues no te pasará año ninguno en que no puedas emplear algún dinero con ventaja de tu propio bolsillo, o de otras satisfacciones del ánimo que te sean más útiles y te ensalcen sobre tu misma idea.

Es muy difícil fijar el punto de economía; pero entre los dos vicios, el de la frugalidad puede corregirse, y el de la prodigalidad suele no tener ya remedio; porque el desperdiciado lo disipa todo sin provecho y crédito; al contrario del prudente, que logra de uno y de otro, sobrándole siempre alguna parte; porque éste emplea el dinero lo mismo que el tiempo; es decir, que ni un real ni un minuto lo gasta sino en cosa útil o agradable para él o para otro; pero aquel compra cosas que no le hacen falta, y no paga las que necesita tomar diariamente; dice que no puede resistirse a los atractivos de una tienda de bagatelas de moda; y los relojes, cajas y bastones son su destrucción, porque sus vendedores y sus criados se aprovechan de su indolencia para engañarle; y a poco tiempo repara que teniendo tantas cosas superfluas e inútiles, le hacen falta las verdaderamente cómodas y necesarias para la vida.

La reputación de generoso se ha de comprar barata, pues no consiste tanto en tirar el dinero como en darlo con un garbo cuando deba darse; por ejemplo, un amo que regalara cuatro pesetas a su criado pasaría por un mezquino, cuando si le diera un peso duro sería llamado generoso; tal es la diferencia de estos dos tan opuestos caracteres, que estriba en una sola peseta; supongo la opinión de uno en este particular depende muchas veces de la fama que le dan sus criados, cuya relación será favorable si sabe uno ganársela con cualquiera bagatela añadida a su salario, y con no meter uno en su bolsa los cuartos que le sobren después de una cuenta larga.

Si quieres no ser tenido por tramposo, ni ser engañado, cuando pidas alguna vez dinero o contraigas irremediablemente alguna deuda, ten gran cuidado de ofrecer tu pago para el tiempo indubitable en que podrás verificarlo; y entra tanto jamás huyas la cara a tu acreedor; paga por tu mano en el mismo acto de comprar, sin que medie criado ni recibo; con las personas que es preciso llevar cuentas, hazlo tu propio y cada mes; no compres por barata una cosa que no te haga falta, ni por vanidad la que sea cara; apunta en un libro lo que recibes y lo que gastas, porque quien lleva cuenta y razón se pierde muy rara vez; no quiero decirte con estos que anotes en el libro aquél las pesetas sueltas de teatro, café, etc. porque sería una prueba de cicatero el que gastases el tiempo y la tinta en esas menudencias, pues la economía no ha de parar su atención sino en los asuntos que lo merezcan, y los pequeños debes mirarlos con un total indiferencia y menosprecio.

 

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