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Excesos en el comer y en el beber durante los pasados siglos. I.

Nadie ignora que en otro tiempo muchos pueblos y, particularmente los germanos, se servían de cuernos para beber.

 

El nuevo Galateo. Tratado completo de cortesanía en todas las circunstancias de la vida.
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Los excesos en el comer y en el beber durante los pasados siglos.

La sensualidad no nace pasión ya formada como la venganza, la ambición y el amor, sino que se va convirtiendo en tal con el auxilio del hábito y a falta de otras más fuertes. Por esto vemos más personas sensuales entre los viejos y entre los hombres ya maduros, que entre los jóvenes. Si los niños son sensuales, lo son por la misma razón que los viejos, mas si no tienen una complexión débil o flemática, no se muestran tales sino por intervalos.

Las diversiones, los juegos en los cuales ocupan su fuerza o su destreza prevalecen sobre la glotonería. En la vejez el hombre se hace constantemente sensual, porque es menos susceptible de otras sensaciones, y por esto los viejos que con frecuencia olvidan las mujeres, pero no siempre olvidan el vino. Si los gustos sensuales cautivan de un modo aislado, si adquieren la fuerza de una verdadera necesidad, entonces sofocan todos los otros sentimientos y rebajan al hombre al nivel de los animales. La experiencia enseña que los hombres dotados de la mejor disposición, y de distinto talento y de apreciables virtudes, se embrutecen del todo si se abandonan al ímpetu de sus pasiones sensuales, y otros nunca llegan al grado de perfección intelectual a que parecían destinados según la superioridad de las dotes que naturalmente tenían. Antonio que era gran guerrero, gran orador y gran político, terminó de una manera desgraciada y vergonzosa porque se dejó dominar por el ímpetu de su sensualidad, y no obstante podía haber sido igual a César, hubiera podido vencer a Octavio y quedar señor del mundo romano.

Entre todas las sensualidades ninguna entorpece tanto como la embriaguez y la gula. Combinando las antecedentes reflexiones con las ideas que antes dejamos expuestas, no nos sorprenderá si al recorrer los pasados siglos encontramos la embriaguez y la gula dominantes en todos los pueblos bárbaros y semi-bárbaros, principalmente, en los climas fríos, unidas a los sucios y feroces vicios que las acompañaban.

En el siglo XVIII se consideraba como un acto de valor en las islas occidentales de Escocia beber hasta emborracharse, y era esto tan común, que en la puerta de las casas donde se reunían para este objeto había varias camillas a fin de trasladar a su domicilio a los que se iban quedando borrachos.

En Edimburgo hasta el año 1772 se daba todos los años por suscripción un concierto en el día de Santa Cecilia y eran convidados al mismo las señoras principales. Allí se hacía gala de beber y de emborracharse, y las señoras honraban mucho al que había perdido la razón para obsequiarlas. Pasada la mitad del mismo siglo los franceses, cantaban en la mesa una canción, cuyo estribillo en cada estrofa era, que el hombre debía a lo menos emborracharse una vez al mes.

Nadie ignora que en otro tiempo muchos pueblos y, particularmente los germanos, se servían de cuernos para beber, de modo que en muchos museos se conservan algunos con guarnición y adornos de plata. En los almanaques de esos pueblos del norte correspondientes al siglo XVII y al anterior, los días festivos estaban señalados con un cuerno en lugar de la cruz que se pone en nuestros días, lo cual nos dice de un modo muy claro que en la opinión popular la idea de la fiesta despertaba principalmente la idea de la borrachera.

A causa de algunos desórdenes cometidos en la Bretaña por varios borrachos, Francisco I de Francia publicó en el año 1536 el siguiente edicto que se hizo extensivo a todo el reino. Cualquiera hombre convencido de haberse embriagado por la primera vez, será condenado a prisión y a pan y agua, en la segunda llevará azotes, en la tercera será azotado públicamente, y si aun reincide será desterrado después de cortársele las orejas.

La dieta de Colonia en 1512 y la de Worms en 1495 promulgaron varias leyes para contener la borrachera. En París, cuando se condenaba a muerte a un reo era costumbre que el verdugo sirviese vino a los jueces que habían de presenciar la ejecución, lo cual según documentos auténticos se verificó en 1477 cuando fue ejecutado el duque de Nemour.

Cuando las aguas cubren las cordilleras, debe creerse que los valles ya están sumergidos. Podemos, pues, comprender cuales estarían en esta parte las costumbres del pueblo cuando nos encontramos con ministros, reyes y emperadores dados a la borrachera. Habiendo Wenceslao, rey de romanos ido a Reims en 1397 para negociar con Carlos VI de Francia, se emborrachó allí varias veces, tanto, que no pudiendo en cierto día acudir a la sesión, prefirió conceder lo que se le pedía que cesar de beber vino de Reims.

En un concilio celebrado en Winchester en 1308 se condenan las proposiciones de matrimonio ajustadas en las tabernas, y se prohibe a los hombres y mujeres dar palabra de contraerlo cuando no estén en ayunas. Los cánones de los concilios acreditan la existencia de los vicios que condenan. Nos encontramos, pues, con que muchos de los antiguos concilios de Francia conminan con diferentes penas a los eclesiásticos que se embriagan. Algunos de ellos, y entre estos el de Tours de 1282 prohibe a los sacerdotes entrar en las tabernas y hosterías, a no ser que vayan de viaje. San Luis extendió la misma prohibición a los seglares.

 

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