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¿Qué es la urbanidad? Parte primera

La urbanidad es el lazo de flores que une entre si a todos los hombres y hace agradables sus relaciones

 

Urbanidad y Buenas Maneras para el uso de la juventud de ambos sexos.

Urbanidad. Cómo comportarse acorde a los buenos modales
¿Qué es la urbanidad?. Urbanidad. Cómo comportarse acorde a los buenos modales

¿Qué es la urbanidad? Cómo comportarse acorde a los buenos modales

Aquella urbanidad

La definiciones sobre el término urbanidad que podemos encontrar en los libros y diccionario son muy diversas. Vamos a dar dos contenidas en el libro 'Urbanidad y Buenas Maneras para el uso de la juventud de ambos sexos'.

La urbanidad es uno de los mayores vínculos sociales: es una preparación para la caridad y una imitación de la humildad. La Marquesa de Lamberí.

La urbanidad no siempre inspira la bondad, la equidad, la gratitud; pero al menos tiene la apariencia de todo esto, y hace que el hombre tenga el aspecto exterior de lo que también debiera ser interiormente. La Bruyére.

Urbanidad: reglas necesarias para la convivencia en sociedad

La urbanidad es el lazo de flores que une entre si a todos los hombres y hace agradables sus relaciones.

Algunos creen que esta palabra solo encierra aquellas reglas precisas para conducirnos bien en sociedad y dar a nuestros modales ese perfume de buen tono que nos hace distinguir del vulgo en los salones: sin embargo, esa palabra tiene una extensión mucho más lata y de más profunda trascendencia, pues también se refiere al dominio que debemos ejercer sobre nuestras pasiones, y a los sentimientos morales con que estamos obligados a hacernos dignos de las personas que nos conceden su aprecio.

No debe, pues, calificarse de culto a un hombre que salude con finura y desembarazo a las damas, o haga bien los honores de la mesa, sino es tolerante y complaciente con sus amigos, afable con su esposa, y respetuoso con Dios y con sus padres.

Así lo han reconocido los hombres eminentes de todos los siglos, que han elevado a deberes estas máximas: respetar siempre los derechos ajenos; reconocer el mérito aunque proceda de un enemigo; buscar para nosotros la mayor ventaja pública, con el menor perjuicio posible de los miembros de la sociedad.

Las dotes del alma constituyen por lo tanto la verdadera urbanidad, y es preciso que se dediquen a adquirirlas todos los que aspiren al titulo de bien educados.

Las cualidades morales serán, pues la base del presente tratado, y a inculcar el cumplimiento de los deberes sociales se dirigirán todos mis esfuerzos, porque es la más profunda convicción la que dicta mis preceptos.

La evolución hacia el hombre civilizado

Ved la diferencia que existe entre el hombre en su estado primitivo y el hombre civilizado. El primero abandona a sus padres apenas deja de necesitar sus auxilios, mata a sus propios hijos si los considera como estorbos a su bienestar, y se recrea como las fieras en ver los miembros ensangrentados y palpitantes de sus degollados compañeros; los grandiosos espectáculos de la naturaleza no tienen ningún atractivo para su ciega inteligencia; los cuadros de una sublime ternura no conmueven su embotada sensibilidad. El salvaje egoísta solo piensa en los goces materiales de la vida, y convierte el Yo en su ídolo exclusivo.

"Inculcar el cumplimiento de los deberes sociales es imprescindible"

El hombre civilizado no solo hace gala de todas las virtudes opuestas a estos vicios, sino que, como el árbol que extiende su ramaje para librar de los ardores del sol a las tiernas florecillas esparcidas por la pradera, procura amparar y proteger hasta a los seres indiferentes con los cuales ningún interés directo le liga. A este efecto funda hospitales, plantea establecimientos de beneficencia y establece en el mundo una gran banca, cuya directora es la caridad y cuyo secretario es el consuelo.

¿Y sabéis cuál es la maga que agitando su varita obra todos estos portentos y anuda los lazos que unen a los infelices con los opulentos de la tierra? ¡La urbanidad! La urbanidad es el perfume, es la brillante aureola, el crisol purísimo que da valor y realce a las tres virtudes hermanas: fé, esperanza, y caridad.

¿Creéis por ventura que el culto que tributamos al Ser Supremo seria tan tierno y tan sublime si le tratásemos con grosera familiaridad, si nos acercásemos al ara sacrosanta sin el profundo respeto que debemos al Criador universal de todos los seres? ¿Creéis que la esperanza con que procuramos endulzar las penas de los afligidos, tendría tan dulces atractivos si se la impusiéramos con frases desabridas? ¿Creéis, por último, que el infeliz mendigo recibiría con lágrimas de gratitud la moneda que arrojásemos a sus pies con indiferente despego?

 

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