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Urbanidad de las cosas que hay que utilizar cuando se está a la mesa

Corresponde a la persona más cualificada de los presentes ser la primera en desdoblar la servilleta

 

Reglas de cortesía y urbanidad cristiana para uso de las escuela cristianas.
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Buenos modales en la mesa. Reglas de cortesía y urbanidad

En la mesa hay que usar la servilleta, el plato, el cuchillo, la cuchara y el tenedor. Sería del todo contrario a la cortesía prescindir de alguna de estas cosas al comer.

Corresponde a la persona más cualificada de los presentes ser la primera en desdoblar la servilleta, y los demás deben esperar a que ella la haya desdoblado para desdoblar la suya. Cuando las personas son más o menos iguales, todos las desdoblan al tiempo, sin ceremonia.

Al desdoblar la servilleta hay que extenderla bien sobre el vestido para no estropearlo al comer; y es conveniente que cubra los vestidos hasta el pecho.

Es indecoroso servirse de la servilleta para secarse la cara; y lo es mucho más frotarse los dientes con ella; y una de las faltas más groseras contra la urbanidad sería servirse de ella para sonarse. También es poco educado limpiar los platos y las fuentes con la servilleta.

Cuando se está a la mesa, el uso que se puede y se debe hacer de la servilleta es servirse de ella para limpiar la boca, los labios y los dedos.

Para desengrasar el cuchillo antes de cortar el pan, y para limpiar la cuchara o el tenedor después de haberse servido de ellos, si tienen grasa.

Cuando los dedos están muy grasientos, es conveniente desengrasarlos primero con un trocito de pan, que hay que dejar luego en el plato, antes de limpiarse con la servilleta, para no llenarla de grasa y dejarla sucia.

Cuando la cuchara, el tenedor o el cuchillo están sucios o con grasa, es indecoroso lamerlos; y no es educado, en absoluto, limpiarlos, o hacer cualquier otra cosa, con el mantel. En estas circunstancias y en otras parecidas hay que servirse de la servilleta.

En lo referente al mantel , hay que tener cuidado de mantenerlo siempre muy limpio, y no dejar caer sobre él agua, vino, salsa o comida, ni cualquier cosa que pueda mancharlo.

Después de haber desdoblado la servilleta, hay que cuidar que el plato esté delante de uno, y que el cuchillo, el tenedor y la cuchara estén a mano derecha, para poderlos tomar fácil y cómodamente.

Cuando el plato esté sucio hay que cuidarse mucho de raspar con la cuchara o el tenedor, para limpiarlo, y mucho más de limpiar con los dedos el plato o el fondo de una fuente; esto es muy feo. Lo que hay que hacer es no usarlo, o si hay posibilidad de cambiarlo, mandar que lo retiren y que traigan otro.

Cuando se cambian o se quitan los platos, hay que dejar actuar a la persona que cumple este servicio, sin disputar con ella y sin remitirla a otra persona de mayor rango. Siempre hay que dejar que le sirvan a uno, sin decir nada, y recibir el plato que se le ofrece.

Con todo, si ocurre que al cambiar los platos se sirve a alguien antes que a una persona que le es superior, o si no se da con suficiente prontitud el plato a esa persona, entonces hay que ofrecer el propio, y dárselo, siempre que uno no haya comenzado ya a servirse de él.

Cuando se está a la mesa no hay que tener constantemente el cuchillo en la mano; basta tomarlo cuando hay que servirse de él.

Es también muy descortés llevarse un trozo de pan a la boca teniendo el cuchillo en la mano; mucho más aún lo es llevárselo con la punta del cuchillo; y lo mismo hay que observar al comer manzanas, peras o cualquier otra fruta.

Es contrario a la urbanidad sostener el tenedor o la cuchara con toda la mano, como si se agarrara un bastón; por el contrario, hay que tenerlo siempre entre el pulgar y el índice.

Nunca hay que sostenerlos con la mano izquierda cuando se llevan a la boca.

Nunca puede consentirse lamerlos después de haber comido lo que hay en ellos o dentro de ellos; sino que debe tomarse con limpieza lo que contienen y dejar lo menos posible.

Cuando se toma sopa o alguna otra cosa con la cuchara, no hay que llenarla demasiado, para evitar que caiga algo en el vestido o en el mantel, pues eso es propio de glotones. Al sacar la cuchara de la escudilla, de la fuente o del plato, hay que deslizarla suavemente en el borde, para que caigan las gotas de caldo que pudiera haber debajo de la cuchara.

No se debe usar el tenedor para llevarse a la boca cosas líquidas y que pudieran derramarse. La cuchara es la destinada a tomar este tipo de cosas.

La cortesía exige usar siempre el tenedor para llevarse la carne a la boca, pues la urbanidad no permite tocar con los dedos nada que esté grasiento, ni ninguna salsa ni condimento. Y si alguno lo hiciera, no podrá evitar cometer después otras descortesías, como sería limpiarse a menudo los dedos en la servilleta, lo que la dejaría muy manchada y sucia, o limpiarlos con el pan, lo que sería poco educado, o chuparse los dedos, lo que no se puede consentir a una persona honrada y de buena crianza.

Si se va a devolver una cuchara, un tenedor o un cuchillo a alguien que los hubiera prestado por alguna necesidad, la urbanidad exige limpiarlos bien con la servilleta, a menos que se entreguen a un sirviente para que los lave en el fregadero. Luego hay que ponerlos cortésmente en un plato limpio para ofrecérselos a la persona de quien se recibieron.

 

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