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Tarde quinta. De lo que debe el hombre a su patria.

Por patria se entiende no tan solo el lugar donde uno nace, sino todo el pais gobernado por unas mismas leyes.

 

Lecciones de moral, virtud y urbanidad.
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El Padre. - Lo que el hombre debe a sus semejantes eso mismo debe a su patria; este es un principio de moral.

Jacobito. - Papá, lo que V. quiere decir por patria ¿es la ciudad donde hemos nacido nosotros?

El Padre. - Por patria se entiende no tan solo el lugar donde uno nace, sino todo el pais gobernado por unas mismas leyes; es decir, un habitante de la Coruña y otro de Barcelona tiene la misma patria; aunque el primero sea gallego y el segundo catalán, y no obstante la distancia de cerca de doscientas leguas de una ciudad a otra. Todos los hombres de una misma patria son como hijos de una madre común; y en cierto sentido, están unidos por deberes recíprocos como lo están entre sí los hermanos. ¿Os acordáis de lo que os tengo dicho acerca de las bases de la sociedad general de los hombres?

Jacobito y Emilio. - Sí, sí, papá, nos acordamos muy bien.

El Padre. - Pues sabed ahora que las bases de cada Estado en particular son las mismas; se trata de la unión de todos para la seguridad de cada individuo. Las leyes se han hecho para aseguar a todos los ciudadanos sus bienes y derechos; y como la patria nos protege continuamente, cuando llega el caso de que ella me necesite, debo servirla hasta donde alcancen mis fuerzas. Voy a haceros palpable todo esto con un ejemplo.

Imaginaos un hombre que no quiere sujetarse a las leyes de su patria; que no paga contribuciones, ni va a la guerra, ni está obligado a hacer lo que hacen los demás ciudadanos; vive independiente, siguiendo el principio moral de no hacer mal a nadie. ¿Creéis que ha ganado mucho con vivir así? Escuchad pues el resultado. Un dia un bribón le robó el dinero; nuestro independiente va corriendo a casa del magistrado, se queja y pide justicia. "Bien, veo que le han robado a V., pero ¿qué se ha de hacer a favor del hombre que no quiere hacer nada por los demás? Lo que se da a la patria es como el grano de trigo que se echa en el campo para tener con qué subsistir a su debido tiempo.

Si nadie quisiera pagar la contribución, ¿con qué se mantendrían las tropas necesarias para conservar el orden y perseguir a los malhechores? ¿con qué se sostendrían los magistrados para hacer justicia? El que no quiera llevar la carga que le toca ¿cómo asegurará sus bienes y su vida? V. quiere vivir solo, pues halle V. en sí mismo medios equivalentes a los de la sociedad que V. abandona. Desgraciadamente el hombre es malo; es preciso contenerlo. Los bribones quisieran que no hubiese leyes paro apoderarse del bien ageno, y así que se hiciesen ricos con lo robado harían leyes para gozar tranquilamente de sus rapiñas."

Estas razones hacen fuerza al independiente, conoce su error, y entra en el gremio de la sociedad, cumple con los sagrados deberes que la patria impone, y de este modo asegura sus bienes y aun la vida misma.

Jacobito. - Con el ejemplo que V. ha puesto he comprendido perfectamente la obligación y la necesidad en que estamos de sujetarnos a las leyes del gobierno para ser más felices.

Emilio. - Papá, aquí viene un hombre con una carta para V.

El Padre, levantándose después de haber leido la carta. - Que ensillen el caballo.

Jacobito. - ¿Va V. a dejarnos, papá?

El Padre. - Sí, es preciso obedecer; este papel es un oficio de la autoridad principal de la provincia, y me dice que interesa al bien público, que vaya a la ciudad inmediatamente.

Emilio. - ¿Y si le coge a V. la tronada en el camino? ¿No ve V., papá, qué nubarrones? No se vaya V.

El Padre. - Con más gusto me quedaría entre vosotros; pero antes de ser padre, era ciudadano; acordaos también de lo que os he dicho esta tarde; poco importarían mis lecciones si no os diese el ejemplo al presentarse la ocasión. Para que os penetréis bien de esto, a mi vuelta de la ciudad os enseñaré la fábula de Samaniego intitulada "Los Cangrejos".

Luisita. - ¿Volverá V. esta noche, papá?

El Padre. - Es regular que no; pero trataré de volver mañana. Adiós, hijos mios, venid a que os de un abrazo muy estrecho a cada uno.

 

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