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Lección sobre la murmuración.

La religión es uno de los puntos más generales de conversación, y también más murmurado.

 

Lecciones de Mundo y de Crianza. Cartas de Milord Chesterfield. 1816.
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Murmuración.

Nunca uses, creas, ni apruebes las murmuraciones y observaciones comunes sobre las conversaciones generales, porque este es el vicio de los hombres sin talento, crianza, ni mundo; de tal manera, que quien tiene algo de esto, se ríe de oír disparates en tono magistral o satírico sobre tales asuntos.

La religión es uno de los puntos más generales de conversación, y también más murmurado; todo dicen que es una farándula de los frailes, y una invención ideada y establecida por los sacerdotes de todas las religiones para su preponderancia y su interés; de este absurdo y falso principio resultan en la conversación general insípidas chanzas, burlas peligrosas y sacrílegos insultos sobre todo lo eclesiástico; para estas gentes todo sacerdote de cualquier religión que sea es un incrédulo, un hipócrita y un seductor, pero yo te aconsejo que creas son hombres como los demás y que si se diferencian en algo, es probablemente en más moralidad y religión por la educación, por la costumbre, y por la veneración pública que tienen.

Otro punto ordinario de conversación y murmuración entre los hombres limitados y bufones de profesión, es el matrimonio; dicen que todo casado, tanto hombre como mujer, se aborrecen recíproca y entrañablemente, aunque pretendan hacer creer lo contrario al público; que el marido desea que se lleve el diablo a su mujer y que ella positivamente es infiel y enemiga de su marido; yo de ningún modo creo esta generalidad, ni tampoco que en todos obre igualmente la gracia del matrimonio; y si que el vivir y el dormir juntos, el tener unos mismos hijos e intereses, y el mutuo conocimiento de sus buenas y malas circunstancias, hace que unos se estimen mutuamente y otros se detesten recíprocamente.

"Las pasiones y la naturaleza de los pastores y de los ministros son iguales"

También es asunto muy común de las conversaciones, el decir de las Cortes son el depósito de la falsedad, y de la apariencia, como si no encontraran igualmente en las cabañas de los pastores; y si no, obsérvense las astucias y enredos de que se valen y se arman dos aldeanos en el mercado para engañarse, para desbancarse del favor del amo, o para pedir a alguno lo que necesitan; y se hallará que no usa de más lisonjas, ni de más imposturas un palaciego. Escriban cuanto quieran los poetas, y crean cuanto se les antoje esos ciegos entusiastas de la sinceridad e inocencia rural, y de la perfidia y doblez de las cortes; pero yo que conozco muy bien los hombres del campo y los del gran mundo, te aseguro que las pasiones y la naturaleza de los pastores y de los ministros son iguales, y que solo se diferencian en el modo de manejarlas.

Éstas y otras semejantes habladurías sobre tal nación, profesión, etc. que al fin será verdad unas veces lo que digan, y otras mentira, son el triste recurso de las personas que no tienen fondo ni idea para fomentar por sí una conversación y quieren lucir a costa ajena en las tertulias. A semejantes tontos les avergüenzo yo y les tapo la boca solo con quedármeles mirando a la cara con mucha seriedad, cuando ellos esperaban que yo me reiría de sus sátiras y declamaciones; y les acabo de desconcertar con decirles; bien, ¿y qué? Como si no hubiesen acabado; y faltase aún lo mejor; pues como no tienen recursos en sí mismos, se quedan con la última palabra en la boca, cortados y sin poder salir del paso. Los hombres de fondo nunca están reducidos ni ceñidos a juegos de palabras, ni a asuntos inútiles, y así jamás les falta modo de hacer provechosas y animadas sus conversaciones, sin apelar a la sátira, ni a las murmuraciones ordinarias.

Por último, desecha siempre de ti la envidia, como una de las más viles e incómodas pasiones, pues con dificultad habrá persona en el mundo que no de inquietudes a un corazón envidioso, como no puede estar contento, viendo que lo está cualquiera otro; al contrario, has de tener humanidad con todos, no murmurando de las acciones o dichos de los demás, en especialidad a sus espaldas, y más si hubiesen procedido contra ti; porque la humanidad es el carácter de los grandes corazones, así como los pequeños están manchados de cólera, venganza y veneno; siendo incapaces de sentir el placer de perdonar a sus enemigos o de callar la falta de un desgraciado.

 

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