Quantcast

 

Logo Protocolo y Etiqueta

Saludos, cumplidos y visitas. IV.

Los deberes del que visita resultan del objeto que se propone, el cual no es otro que causar una nueva sensación agradable al visitado.

 

El nuevo Galateo. Tratado completo de cortesanía en todas las circunstancias de la vida.
Imagen Protocolo y Etiqueta
Imagen Protocolo y Etiqueta protocolo.org

Los saludos, los cumplidos y las visitas.

Te harías muy ridículo si para consolarte de la indiferencia que los demás te manifiestan figurases rechazar elogios que a nadie le ocurre tributarte, buscando de este modo el medio de asegurarte por lo menos el mérito de la modestia. A medida que no tendrás opinión exagerada de tu mérito estarás reconocido a quien procura animar tu modestia con el aura de la alabanza, o al otro que sin esperar de tí cosa alguna se muestra interesado en tus prosperidades. Y esto no debe olvidarse, porque hay hombres que consideran las congratulaciones de los demás como obligatorias, y cuando alcanzan algún cargo más importante tienen pretensiones que los ponen en ridículo. Las personas que se encumbran desde la más humilde esfera muestran mayor superioridad y jactancia que las otras que no estaban tan bajas, y esto es natural, porque en el primer caso la realidad del mérito es más dudosa que en el segundo.

Para terminar este asunto baste decir que las personas que se estiman en algo no hacen cumplidos sin motivo legítimo y no venden las caricias como una meretriz, ni reciben cumplidos de que no se conocen merecedores.

El general deseo de conversar con nuestros semejantes, la particular necesidad de distracción después del trabajo, el fastidio que nos asalta cuando no tenemos sensaciones vivas, la necesidad incesante de pedir consejos o ayuda, la amistad que nos hace grata la presencia de los amigos, la obligación de recordar a nuestros bienhechores que no los hemos olvidado, el respeto que merecen las personas que desempeñan algún cargo importante, las vicisitudes de la suerte que alegran y afligen a las personas que queremos y respetamos, han hecho necesarias en todos tiempos las visitas.

"El placer de una visita, hablando en general, es menor que el disgusto de suspender las propias ocupaciones"

Los deberes del que visita resultan del objeto que se propone, el cual no es otro que causar una nueva sensación agradable al visitado y disminuir lo menos posible las agradables que ya experimenta. De aquí se sigue que siendo las mujeres grandemente sensibles a la belleza exterior, la cortesía exige que te presentes a ellas lo más agradable y elegante que puedas dentro de los límites de tu estado. Siendo menor en los hombres la sensibilidad a la belleza exterior, cuando se visita a uno de ellos el deber relativamente al traje se limita a excluir todas las apariencias de la suciedad y no más; por tanto si el uso general no os impone un deber, sino os estimula el deseo particular de aparentar riqueza, basta que os presentáis con limpieza para estar seguros de no ser vituperados. La mujer en una visita debe presentarse con el rostro descubierto, porque el velo se opone al deseo común de leer en la fisonomía los afectos del alma, y de conocer bien las facciones del sujeto con quien se habla. Cuando el visitado es una persona profundamente apesadumbrada, la riqueza del traje sería una impertinencia muy desagradable.

Como las mujeres no suelen sentarse en el tocador muy de mañana, una visita temprano no puede ser, hablando en general, bien recibida, por lo cual la mañana no admite sino visitas de confianza y secretas, y las de simple formalidad no pueden hacerse antes de la una de la tarde. En Londres y en otros puntos las costumbres autorizan horas distintas, por lo cual conviene en cada nación estudiar los usos reinantes para no incurrir en renuncios, que no se perdonan fácilmente.

El placer de una visita, hablando en general, es menor que el disgusto de suspender las propias ocupaciones, y las horas mas ocupadas son las de la mañana, como aquellas en que son mayores las fuerzas restauradas por el sueño. Los ratos en que se detiene el curso de las cotidianas ocupaciones y deja lugar a la distracción son diferentes en las varias clases sociales; así es que la hora en que el profesor ha terminado su trabajo puede ser aquella en que el negociante prepara las cartas para sus corresponsales.

 

contentG Stats

¡Ayúdenos a mejorar!

¿Le ha parecido útil o interesante el artículo?

  • Nada
  • Poco
  • Algo
  • Bastante
  • Mucho

Nota

  • 9197

    Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia

    Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo

Su opinión es importante.

Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.

Contenido Relacionado

  • Imagen Protocolo

    Lo que se debe observar en la mesa. Nunca conviene que el hombre urbano esté sobre sí más bien que en la mesa, porque en ella tiene que observar una multitud de acciones diferentes para evitar toda grosería y desenfreno. Así que, deberá excusar toda acción

  • Máximas útiles a la juventud

    Educación, valores y buenos modales: máximas y citas de interés para la vida Aquella urbanidad - Amemos y respetemos a nuestros padres si queremos merecer la alabanza pública. - El que es mal hijo , tarde o temprano toca los efectos del remordimiento.

  • Traje Unión Jack

    Las extravagancias de la moda inglesa: los ingleses son extravaggantes Aquella urbanidad Dícese comúnmente que la Inglaterra marcha al frente de la civilización europea. Y esto ¿por qué? Porque los ingleses son los entes más extravagantes del mundo .

  • Imagen Protocolo

    Urbanidad en las visitas. ¿Cómo se conducirá Vd. en una visita? Al entrar en la casa ajena me descubriré la cabeza antes de llegar a la presencia de la persona a quien visite, la saludaré según su calidad, y al sentarme, porque me lo ordene , lo haré

  • Imagen Protocolo

    Cartas consolatorias o de pésame. Esta especie de cartas que también se llaman de pésames, no deben escribirse por mero cumplimiento. Su objeto ha de ser mitigar todo lo posible la pena y el sentimiento que se supone habrá causado la pérdida, o el fallecimiento

  • Imagen Protocolo

    Cuando se trata de dar una comida, es preciso que todo esté dispuesto para el momento en que lleguen los convidados , y que la señora pueda estar en la sala para recibirlos, sin mostrar que se halla ocupada con los preparativos, porque nada hay más feo

  • Imagen Protocolo

    El niño y el comportamiento en el juego. En los juegos de gente de bien reine la vivacidad, deséchese la porfía, madre de reyertas; deséchese la trampa y el embuste, pues a partir de tales rudimentos pasa uno a ofensas mayores. Con más gracia vence el

  • Imagen Protocolo

    De la sociedad de buen tono. Difícil es determinar el sentido exacto de este nombre. Duclós piensa que la compañía de buen tono no es sino una quimera parecida a una república dispersa , cuyos miembros se hallan en todas las clases; y tanto más espontáneamente