Limpieza en los vestidos y elogio de la moda. II.
El vestido debe corresponder a las posibilidades, por lo cual, así el exceso como la mezquindad son dignos de censura.

Limpieza en los vestidos y apología de la moda.
A la limpieza y al pudor debe juntarse la conveniencia, y cada sexo, cada edad, cada condición y magistratura debe adornarse con vestidos particulares, y por esto es condenable el hombre que se viste trajes mujeriles y se embellece a manera de mujer, y da pruebas de menguado seso el viejo que se presenta con los adornos y con las pretensiones de un joven elegante. No ofende las miradas, pero disminuye el respeto debido a su ministerio un eclesiástico que va al café y se presenta acicalado. No trato de sustituir las formas y las ventajas de los vestidos a la sabiduría y a la virtud, pero da señales de no tener pizca de juicio y de no conocer al pueblo quien cree que este no mide los grados de respeto por el vestido, la apostura del cuerpo y las actitudes exteriores.
Hablando de conveniencia quiero decir que el vestido debe corresponder a las posibilidades, por lo cual, así el exceso como la mezquindad son dignos de censura.
El deseo de imitar las clases superiores induce muchas veces a las inferiores a hacer gala de trajes desproporcionados a sus recursos. El que viste más ricamente de lo que sus medios le permiten, es un loco que se expone a verse muy luego en la necesidad de vestirse de andrajos, o bien haciendo creer que se viste a costa de otro daña su crédito. Quien trae un vestido menos rico de lo que corresponde a su estado da señales de incivil abandono y se granjea el dictado de avaro. El miserable Chapelain mereció que sus compañeros de academia le llamasen el caballero de la orden de la araña, porque llevaba un vestido tan raro y remendado que sus hilos parecían una telaraña.
"Si comienzas a indisponer los ánimos con la singularidad del traje, serán censuradas tus más mínimas acciones"
La instabilidad de la fantasía humana, los progresos de la civilización, la necesidad de agradar y el fastidio que la uniformidad engendra, exigen necesariamente el cambio de vestido; querer resistirse a este movimiento ondulatorio y progresivo es querer singularizarse por cosas que no valen la pena y quizás contra la razón. Además de la limpieza, el pudor y la conveniencia , se debe consultar para la elección de los vestidos el uso del país en que se vive, tanto para no ofender el amor propio de los demás que se venga tachándote de singularidad afectada, como porque doblegándote a la común manera de vestir y a cosas semejantes y de poco valor, el público te dejará mayor libertad en los otros negocios y será menos severo en juzgarte. Si comienzas a indisponer los ánimos con la singularidad del traje, serán censuradas tus más mínimas acciones, no darás un paso que no sea notado, no tendrás un defecto que no se saque a plaza y que no se pondere. He aquí para que se considera cual un rasgo particular de urbanidad y de condescendencia en los grandes personajes vestir el traje del país en que se presentan.
Sin embargo, el uso no debe ligarle a uno hasta el punto que no pueda separarse de él cuando sufre por ello la belleza individual. En efecto, el vestido, además de defendernos de la intemperie de las estaciones y de servir de velo al pudor, está destinado a procurar a la persona cierto aire de gracia, de brío y de nobleza; y ya es sabido que ni una misma manera de vestir ni un mismo color embellecen a todas las personas. Según Ovidio el negro hace resaltar las gracias de la rubia; el blanco embellece a la morena; y la que brilla con un jubón de color de rosa, pierde mucho con un vestido amaranto. Las señoras inglesas que sacrificaron sus hermosas cabelleras en el altar de la moda y adoptaron el uso de las pelucas, respetaron la voz de la opinión más que los intereses de la belleza.
El derecho de separarse del uso se aumenta cuando es incómodo y desairado. En Roma se llevó al principio una sola sortija, después una en cada dedo, y finalmente una en cada falange, lo cual debía hacer casi imposible el uso de la mano. Para colmo de extravagancias el uso exigió sortijas para cada estación. La causa de tal absurdo es que en la elección de los adornos, no tanto consultamos el deseo de parecer bellos y elegantes, cual el de presentarnos como ricos, por lo cual estos aprecian los adornos, no en razón de la hermosura que procuran a la persona, como en razón del dinero que cuestan.
Finalmente, deben proscribirse todas aquellas maneras de vestir que despiertan ideas de partido o fomentan imágenes crueles en el ánimo del público. Una mujer de sentimientos nobles nunca hubiera debido usar el vestido que llamaban en Francia a la guillotina.
-
9172

Aviso Los artículos "históricos" se publican a modo de referencia
Pueden contener conceptos y comportamientos anacrónicos con respecto a la sociedad actual. Protocolo.org no comparte necesariamente este contenido, que se publica, únicamente, a título informativo
Su opinión es importante.
Participe y aporte su visión sobre este artículo, o ayude a otros usuarios con su conocimiento.
-
Presentación del niños antes reyes, personajes de alta categoría y autoridades religiosas.
-
Como bien se dice en este artículo hay muchas personas que son muy linces para ver las faltas de los demas y muy topos para ver las propias.
-
Cómo escribir una carta y qué tratamiento debe utilizar la niña en cada ocasión.
-
Una Madreselva, puedo ofrecerte un tesoro, porque escondo en mi seno los lazos del amor
-
El hombre de ánimo delicado se abre a todos los sentimientos que engrandecen la naturaleza humana, y quisiera cerrarlo a cuantos la degradan.
-
La primera cosa que se debe recomendar al que va a escribir una carta es la prudencia en lo que escribe.
-
Cuando nacen las sociedades sin que aun haya nacido el gobierno, el individuo que no puede alcanzar por sí mismo una venganza cumplida, empeña a sus amigos a que se le unan.
-
El modo de comportarse en la escuela y la forma de tratar con respeto a los maestros.
-
La boca necesita un especial aseo, porque es el paraíso de los microbios
-
La naturaleza humana es la misma en todo el mundo; pero sus operaciones varían tanto según la educación y según la costumbre.
-
Las personas mayores pueden enseñar a los más jóvenes muchas cosas, pero los mayores conocimientos van a venir de su dilatada experiencia.
-
Declaremos ante todo, redondamente y con entera franqueza, que el matrimonio realizado con el fin único y exclusivo de captar una fortuna y de disfrutar de goces y de comodidades...


