El servicio de la mesa. Sugerencias. I.
Sugerencias y consejos para servir la mesa de forma correcta.

El servicio de la mesa.
Para servir un pastel se corta con el cuchillo la parte de pasta correspondiente al relleno que va a servirse, y todo ello se pasa al plato,
de la cuchara, cuidando de poner en éste la pasta sobre el relleno.
Todos los demás platos se sirven por medio del tenedor o la cuchara, según la naturaleza de cada uno.
Cuando es necesario auxiliar la cuchara, se hace con el tenedor, mientras que a éste se le auxilia con el cuchillo.
Debe tenerse mucho cuidado con la colocación de las partes que se ponen en cada plato, pues han de estar colocadas de modo que tengan una apariencia agradable a la vista.
La sal y la salsa se toman con una cucharilla que acompaña siempre al salero y a la salsera; y el azúcar con unas pinzas que acompañan al azucarero. Sin embargo, la sal puede tomarte, a falta de cucharilla, con un cuchillo que aun no se haya empleado en ningún uso.
Jamás tomemos la comida de la fuente haciéndola pasar por la orilla del plato, ya sea que usemos para ello del tenedor y del cuchillo o de la cuchara.
Cuando vayamos a servir de un plato a todos los circunstantes, tengamos presente el número de ellos, a fin de arreglar las porciones de manera que no llegue a apurarse el contenido de un plato hasta que todos estén servidos.
Este cuidado, que parece insignificante, exige mayor tino y discurso del que pudiera creerse a primera vista, pues de la acertada distribución pende el que todos queden contentos y se luzca la comida.
Sirvamos siempre los platos con la delicadeza que es propia de la sobriedad que en todos debemos suponer, y seamos en esto todavía más escrupulosos con las señoras, para quienes sería un verdadero insulto un plato servido con exceso.
Siempre que nos toque servir a los demás, hagámoslo primero con las señoras y personas de más respeto, y presentémosles aquellas partes de los manjares que sean más agradables y más fáciles de comerse.
Cuando hayamos de servir salsa a una persona pongámosla siempre a un lado, y nunca encima de lo que contenga su plato.
Al hacer circular un plato entre todos los circunstantes, cuidemos de poner en él un tenedor o una cuchara, según que el contenido del plato haya de tomarse con uno o con otro.
Pero esto solo se acostumbra practicar en las comidas de confianza.
Cuando circule un plato común, un caballero no se servirá a si mismo sin haber antes servido a la señora que tenga a su lado.
En este caso, los caballeros dejarán siempre para las señoras, y el inferior para el superior, las partes más delicadas de las que contenga el plato que circula.
No nos sirvamos nunca demasiado de ningún manjar. Aun en las mesas de familia, más vale que nos sirvamos dos veces, que ofrecer a los otros la desagradable impresión que produce siempre un plato servido con exceso.
No pongamos nunca en nuestro plato a un mismo tiempo, ni sucesivamente, diferentes comidas que hayan sido preparadas para servirse separadamente.
Los lacticinios, almíbares y compotas se sirven con cuchara.
Las tortas y demás preparaciones dé harina con el tenedor o con el cuchillo.
Las frutas se presentan siempre modadas.
Al higo se le quita la piel con el cuchillo y se presenta entero.
A las tajadas de melón se les quita la cáscara, y se sirven después de habérseles señalado con el cuchillo seis ú ocho divisiones, según sea la longitud de la tajada, y lo mismo se practica con las de sandía, aunque este fruto nunca se presenta en las mesas que no sean muy familiares.
Las aceitunas se sirven con el cuchillo. Nada hay tan ridículo como aquellas personas que se empeñan en pincharlas con el tenedor, y se exponen a verlas saltar a larga distancia.
Cuando nos sirvamos licor o agua, o sirvamos a una persona que esté situada a nuestra izquierda, tomemos la botella con la mano derecha; y cuando hayamos de servir a una persona que ocupe nuestra derecha, tomemos la botella con la mano izquierda, pues no debemos jamás servir el licor ni el agua sino por el lado de la botella donde tengamos puesto el pulgar.
No sirvamos el agua o el vino de modo que rebose de la copa; más vale que falten algunos dedos que no que vierta.
Si se nos sirve el agua o el vino por otra persona, cuando nos parezca que el vaso contiene la cantidad suficiente se lo indicaremos por medio de palabras, o alzando suavemente el cuello de la botella con el mismo borde del vaso. Y si somos nosotros los que servimos, lo haremos sin precipitación para poder detenernos en el momento en que se nos avise.
- El servicio de la mesa. Sugerencias. I.
- El servicio de la mesa. Sugerencias. II.
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