Tipos de desayuno: qué comer por la mañana según el país donde te encuentres
Los desayunos son muy distintos dependiendo del país donde te encuentres, aunque tienen un componente personal importante. Cada uno desayuna de acuerdo a sus costumbres

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¿Desayuno continental, inglés, americano y oriental? Cómo influye la cultura en la forma de desayunar en el mundo
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El desayuno nos parece una comida bastante sencilla: un café, pan, fruta, huevos, cereales o lo que en cada casa tengamos a mano cada uno. Sin embargo, pocas comidas dicen tanto de una cultura como la primera y más recomendada comida del día. En algunos países se desayuna de pie, casi sin hablar, con un café rápido antes de salir a trabajar o hacer cualquier otra cosa. En otros países, la mañana empieza con unos huevos, carne, tostadas, zumo y una mesa llena de abundante comida. Y en muchos lugares del mundo, el desayuno no se diferencia tanto del almuerzo: arroz, sopa, verduras, pescado o legumbres pueden ser una parte del desayuno sin que a nadie le parezca extraño.
Los desayunos más habituales —desayuno americano, inglés, continental, italiano, oceánico, africano u oriental— sirven como punto de partida para entender no solo qué se come, sino también cómo se comparte la mesa, qué se considera educado y qué conviene evitar hacer en los hoteles, las cafeterías, las reuniones de trabajo o en casas ajenas cuando estamos como invitados.
El desayuno también tiene normas de etiqueta
No hace falta convertir la mañana en una ceremonia de gala. La buena educación en el desayuno consiste, sobre todo, en facilitar la vida a los demás: no acaparar la mesa del bufé, no dejar restos de comida y otros elementos por todas partes, no hablar con la boca llena, no servirse más de lo que se va a comer y adaptarse al ritmo de quienes nos acompañan.

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Un ejemplo sencillo y, por desgracia, más habitual de lo que parece: en un hotel, una persona que llena el plato con bollería, huevos, fruta, embutido y yogures "por si acaso" y luego deja la mitad o más en su plato. Está demostrando muy poca educación y consideración. El desperdicio en los bufés es un problema muy real: los desayunos servidos en formato bufé pueden generar más del doble de desperdicio por cliente que los desayunos pedidos a la carta. Pero muchos hoteles y otros establecimientos similares prefieren la 'comodidad' y el ahorro de personal.
Si estás en un bufé, recuerda esta regla práctica: servirse poco, volver si hace falta y dejar el espacio limpio para quien venga después. Si hay una mesa de descarte, hay que dejarlo todo allí. Si hay personal de servicio, podemos dejarlo en la mesa para que lo recojan.
Desayuno continental: sencillez, rapidez y muy popular

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El desayuno continental es uno de los más habituales en hoteles, sobre todo europeos. Es un desayuno ligero y sencillo: pan, tostadas, algo de bollería, mantequilla, mermelada, café, té o zumo. El diccionario Merriam-Webster lo define como un desayuno ligero, normalmente con panecillos o tostadas y café. Los expertos indican que, en la hostelería, no suele incluirse comida cocinada. Como en todo lo referente a las comodidad, cada hotel puede tener otras variantes o alternativas que ofrecer junto a este tipo de desayuno.
Su ventaja es evidente: no exige cocina compleja, se sirve rápido y funciona bien cuando los huéspedes tienen horarios distintos. En términos de etiqueta, es un desayuno muy fácil de comer.
Desayuno inglés: abundancia y un plato repleto de comida

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El desayuno inglés completo es famoso por su contundencia. Suele incluir huevos, bacon, salchichas, tomate, champiñones, alubias, tostadas y, en ocasiones, morcilla. Y cómo no, acompañado por un buen té, aunque también se suele ofrecer café. La English Breakfast Society lo documenta como una tradición con ingredientes muy conocidos y con una composición que puede admitir variantes dependiendo de la región y de cada establecimiento.
Aquí la etiqueta no está en comer poco, sino en comer con calma y disfrutando del momento. Al ser un plato abundante, conviene evitar mezclarlo todo como si el plato fuera una especie de ensalada de ingredientes dispares. Se corta, se prueba, se conversa y se mantiene un ritmo razonable. Todo muy british.
En restaurantes y hoteles, tampoco es muy elegante pedir muchas modificaciones si el desayuno se ofrece como un menú cerrado. Algo suelto puede ser posible. Pero, por ejemplo, pedir: "sin champiñones, con doble bacon, las alubias aparte, los huevos muy hechos pero no demasiado, y que el pan tostado no toque los otros ingredientes" puede ser un poco excesivo. La buena educación no está reñida con pedir algo en concreto; el problema aparece cuando la petición se vuelve caprichosa, desmesurada y retrasa el servicio para el resto de los clientes.
Desayuno americano: energía, variedad y una mesa informal

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El desayuno americano suele asociarse con huevos, bacon o salchichas, tortitas (pancakes, panqueques en español), tostadas, cereales, café, zumo y fruta. Es un desayuno generoso, práctico y muy adaptable a todo tipo de variaciones. En algunos casos se acerca al brunch; en otros, se reduce a café para llevar y algo rápido como una dona o un dulce similar.
Su estilo suele ser más informal que el continental europeo. Pero informal no significa descuidado. En una cafetería concurrida, por ejemplo, no es correcto ocupar una mesa grande durante una hora con un solo café si hay gente esperando. El detalle importante: si se comparte mesa con otras personas, no se empieza a comer el plato principal mucho antes que los demás, salvo que el grupo lo autorice de forma natural. Con platos calientes, hay margen para empezar cuando todos están servidos o cuando alguien dice: "Por favor, empieza antes de que se enfríen tus huevos revueltos".
Desayuno italiano: poco, bueno y ligero

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En Italia, el desayuno tradicional suele ser más ligero que en el mundo anglosajón. Café, cappuccino o espresso, acompañado de un cornetto, galletas o pan dulce. El cornetto y el cappuccino forman parte de una rutina muy reconocible en bares y cafeterías italianas.
La etiqueta aquí pasa por entender el ritmo. En muchos bares italianos se desayuna de pie en la barra, con una conversación breve y un ritmo bastante rápido. No es un desayuno pensado para instalarse con el ordenador durante dos horas, salvo que el local tenga ese uso tipo cibercafé.
Desayunos orientales: cuando la mañana empieza con arroz, sopa o pescado

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En muchos países asiáticos, el desayuno no tiene por qué ser dulce ni ligero. En Japón, un desayuno tradicional puede incluir arroz, sopa de miso, pescado a la parrilla, encurtidos, algas, huevo o natto, la soja fermentada de sabor intenso y textura pegajosa. El desayuno es una combinación de arroz, sopa, proteína y pequeños acompañamientos.
Para un comensal occidental, puede sorprender desayunar pescado o sopa por la mañana. Pero la primera norma de educación cuando viajamos es no ridiculizar lo que no conocemos. Decir "yo no podría comer esto a estas horas" delante de quien lo ha preparado o lo disfruta puede sonar despreciativo, aunque no sea la intención. Una fórmula más discreta sería decir: "No estoy acostumbrado, pero me apetece probarlo". Permite aprender, muestra respeto y evita el gesto poco elegante de comparar constantemente la comida local con la propia.
Desayunos africanos: comida en la calle, comunidad y platos con fuerza

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Hablar de "desayuno africano" como una sola cosa sería simplificar demasiado. El continente es inmenso y sus costumbres varían mucho de unos lugares a otros. En algunos lugares se toman panes, gachas, té, tortillas, legumbres, arroz con frijoles o preparaciones compradas en puestos callejeros. En Ghana, por ejemplo, el waakye —arroz con frijoles— es una comida muy popular y puede tomarse por la mañana, con acompañamientos como huevo, carne, plátano frito o salsas.
La etiqueta en los desayunos callejeros tiene sus propias reglas: respetar la fila, no tocar alimentos que no se van a comprar, tener el dinero preparado, no bloquear el puesto y observar cómo piden los locales antes de pedir nuestros alimentos. En muchos lugares, la rapidez del vendedor depende de que el cliente no convierta cada pedido en una negociación eterna.
Por ejemplo: si hay una cola de trabajadores comprando desayuno antes de empezar la jornada, no es momento de pedir una explicación turística de cada ingrediente mientras todos esperan. Se puede preguntar, sí, pero con prudencia: primero se mira, luego se pide algo sencillo y, si el vendedor tiene tiempo, se conversa.
Desayuno oceánico: clima y costumbres anglosajonas

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En Australia y Nueva Zelanda, el desayuno puede recordar al británico o al americano, pero también tiene sus peculiaridades para adaptarse a climas más cálidos y rutinas más informales: tostadas, fruta, zumos, cereales, café, huevos o preparaciones más ligeras. En Australia, la tostada con Vegemite es uno de los iconos más reconocibles: una crema salada de extracto de levadura que se unta en poca cantidad sobre pan con mantequilla. Sinceramente, es un sabor demasiado intenso, incluso para muchos desagradable.
Aquí hay una buena lección de modales: cuando se prueba algo típico, no hace falta fingir entusiasmo, pero sí evitar la mueca teatral. Si no gusta, basta con decir: "Es un sabor muy particular, me alegra haberlo probado". Esa frase es infinitamente más educada que "qué horror" o "¿cómo podéis comer esto?".
La mesa revela el carácter de las personas. Especialmente cuando algo no nos gusta
El bufé de hotel: donde más se nota la educación

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El desayuno de un hotel es una prueba diaria de convivencia entre desconocidos. Todo parece permitido porque hay abundancia, pero no lo está. El bufé no es una despensa personal ni una oportunidad para prepararse una comida para todo el día. Existen algunas normas básicas:
1. Servirse en pequeñas cantidades. Volver al bufé es mejor que dejar medio plato lleno de comida.
2. Usar las pinzas de cada fuente. No se toca el pan, la fruta cortada o la bollería con la mano o con nuestros cubiertos.
3. No colarse con la excusa de "solo vengo a por un café". Todos pueden tener cosas que hacer.
4. No llenar botellas con zumos, leche o café para llevarlo a nuestra habitación o fuera de hotel.
5. No preparar sandwiches para llevar, o un táper con alimentos del bufé.
6. No dejar la mesa como si hubiera pasado una tormenta si no hay personal de servicio. Incluso si lo hay, tampoco dejar todo mango por hombro.
También conviene recordar que el personal del comedor no es invisible. Un "buenos días", un "gracias" y apartar ligeramente la silla al levantarse son gestos pequeños, pero cambian el tono de la mañana.
Desayuno de trabajo: comer sin perder profesionalidad

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El desayuno de trabajo se ha vuelto común porque permite reuniones breves antes de que empiece la jornada. Pero exige equilibrio: no es una comida íntima ni una pausa familiar; es una reunión con café y puede que algo para acompañar.
Se suelen ofrecer alimentos fáciles de comer. Unos bollitos o pastas, fruta cortada, yogur, café o té. Mejor evitar platos que manchen, hagan ruido, tengan olores fuertes, etc. Un trozo de bizocho que se deshace sobre la mesa, un bocadillo enorme o unos huevos con salsa no son lo más adecuado para un desayuno de trabajo
Ejemplo: si se va a presentar una propuesta a un cliente, no conviene elegir un desayuno que obligue a limpiarse las manos cada veinte segundos. La comida debe acompañar la conversación, no competir con ella.
También hay una norma de oro: el móvil no se coloca entre el plato y la taza como si fuera un cubierto más. Si se espera una llamada urgente, se avisa al inicio con naturalidad. Si no, se guarda.

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La mejor norma: adaptarse sin perder la compostura
Cada desayuno tiene su 'historia'. El inglés es abundante; el italiano, breve; el continental, sencillo; el japonés, el equilibrio de lo salado; muchos desayunos africanos, el bullicio de la calle y la vida en comunidad; el americano, la fuerza del dulce; el oceánico, la mezcla entre tradición anglosajona y las costumbres locales.

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Viajar, recibir invitados o sentarse en un comedor de un hotel nos recuerda algo importante: no hay una única forma correcta de desayunar. Lo que sí existe es una forma educada de hacerlo. Consiste en observar, respetar, no desperdiciar, agradecer y no convertir nuestras preferencias personales en una medida universal.
Porque el desayuno es la primera comida del día, y una persona bien educada se reconoce incluso antes de tomar el primer café.

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