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La envidia es el gran drama de este país y yo la noto constantemente. Entrevista a Josemi Rodríguez-Sieiro

El mensaje grabado en el contestador de su móvil es de este tenor: Hola, soy Josemi. ¡Sé feliz y haz felices a los demás!

El Semana Digital
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Portada libro, 'Cuestión de Estilo'
Entrevista a Josemi Rodríguez-Sieiro. Portada libro, 'Cuestión de Estilo'

Entrevista a Josemi Rodríguez-Sieiro: en España hay mucha envidia

Los programas de corazón han pasado de divertirme a hacerme vomitar. "El español tiene mucho prejuicio", afirma uno de los grandes especialistas en el arte de las buenas maneras.

El mensaje grabado en el contestador de su móvil es de este tenor: "Hola, soy Josemi. ¡Sé feliz y haz felices a los demás!" Ésa es la filosofía de este abogado-periodista, adusto de primera impresión, entrañable siempre, que se ha convertido en un fenómeno radiofónico en las últimas temporadas con un espacio de menos de media hora dedicado a las buenas maneras, que se emite todos los días dentro del programa de Carlos Herrera. Existe auténtica adicción a Josemi Rodríguez-Sieiro. Más de una secretaria tiene el encargo de su jefe de recordarle a las 11 de la mañana que conecte con la emisora de Planeta para escuchar a este chico bien de Vigo.

A estas alturas de la vida, le importa "un bledo" lo que diga o piense la gente de él. Si se le saca el nombre de Bárbara Rey, quien últimamente le ha atacado a raíz de una información que dio sobre ella, responde tajantemente que ni tiene nada que decir ni le interesa el personaje. Si se le pregunta por alguno de los periodistas polémicos dedicados a la información rosa, se sale por la tangente con gracia y mano izquierda.

¿Cómo cayó en las garras del periodismo, usted que fue a la Universidad a hacerse abogado?

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Porque un día me llamó Miguel Ángel García Juez, me sedujo por teléfono y empecé a trabajar con él. Antes, me lo ofreció un día Joaquín Prat en casa de los padres de Miriam Ungría. Le dije que no, que mi familia no iba a entender muy bien que me pusiera a hacer de periodista .

¿Cuáles son los secretos de su éxito radiofónico con Carlos Herrera?

El programa es un éxito de Carlos Herrera que arrastra a mucha gente. No represento ningún papel. Es muy fácil para mí hacer un espacio radiofónico en el que me dejan ser yo mismo y hacer lo que quiero. No se trata de una fórmula premeditada con Carlos. Hice una cosa similar con Miguel Ángel García Juez en Radio Voz, que tenía mucha audiencia en Galicia y poca fuera de ella. Creo que no me he sentado con Carlos Herrera ni cinco minutos para hablar de trabajo ni tengo un diálogo diario con Carlos Herrera. Es una sintonía muy buena de dos personas que se ven poquísimo. No creo que le vea una docena de veces años, ya que él hace habitualmente el programa desde Sevilla.

¿Qué supone Lorenzo Díaz en su espacio?

Lorenzo Díaz es básico en el papel que estamos representado. Es un personaje entrañable que no tiene nada que ver conmigo ni social ni cultural ni política ni ideológicamente. Me parece que hay una gran dosis de generosidad por parte de Lorenzo. Es una persona divertida e inteligente.

¿Cómo se definiría Josemi Rodríguez Sieiro?

De ninguna manera. Pensaba que era una persona normalísima, pero no debo serlo porque la gente, por lo visto, piensa que no lo soy. Soy ordenado, responsable en el trabajo, vago por naturaleza, muy juerguista y muy divertido con mis amigos, al menos eso dicen ellos.

¿Usted es tan vehemente en la vida real como en la radio?

En la radio soy exactamente igual que en la vida real. Lo que pasa es que la gente cree que en muchas ocasiones estoy enfadado. Y no lo estoy; es mi manera de decir las cosas. El hablar de buenas maneras es una cursilería que resulta insoportable si no se le da un cierto aire de espectáculo.

¿Cómo definiría a la sociedad española?

Variopinta. No sé muy bien que es la sociedad. Si nos referimos a los españoles, detecto que actualmente están cabreándose... Y el ciudadano cabreado es peligroso porque pierde la frialdad para ver las cosas con distancia.

¿Tenemos estilo los españoles?

Depende. Lo que tiene es mucho prejuicio, y posiblemente eso no deja que aflore un cierto estilo.

¿Hay mucho hortera en España?

Como en todas partes.

¿Somos buenos anfitriones?

Mis amigos y yo, sí; los demás no tengo ni idea. Me parece que en España se confunde mucho la confianza. La confianza da mucho asco.

¿Sabemos vestir correcta y adecuadamente?

Creo que no. Vestir caro no significa vestir bien. En un cierto nivel, en aras de lo fashion, se va como Dios le da a entender a cada uno. La calle viste mejor gracias a Zara. Ha mejorado mucho. Pienso que es mejor la calle de Madrid que la de París, por ejemplo.

¿Cuáles son los puntos débiles de nuestra educación?

El exceso de vulgaridad.

¿Una persona, con una vida social tan intensa como la suya, corre el riesgo de caer en un mundo irreal?

No. En mi caso particular, tengo siempre los pies sobre la tierra. Soy muy realista. Hay que saber el mundo que se pisa, poder corresponder de alguna manera y nunca estar de más.

¿Cuál ha sido la fiesta más maravillosa a la que ha asistido?

Es muy difícil. Recuerdo como muy emotivas las celebraciones de los ochenta cumpleaños de mi padre y de mi madre. En el primer caso, con un baile en el Club de Campo de Vigo, y en el segundo con otro baile en el Gran Hotel de La Toja y cuatro días de fiesta de locura. Muy divertido.

¿Y la más birriosa?

Si yo le contara... Cualquiera de esas que prometen que va Preysler y que promocionan desde un champú a una urbanización.

Usted lleva mucho tiempo trabajando con María Teresa Campos. ¿Cómo explica la ofensiva de la que está siendo objeto? ¿Es espontánea o responde a un interés concreto?

Sin duda, responde a un interés concreto. Aquí hay una guerra de la que ella es ajena de alguna manera. No se puede tirar por tierra el trabajo de una profesional como María Teresa Campos. Empecé con ella en televisión y aunque he tenido ofertas de otras cadenas, voy a continuar con ella siempre que me requiera, claro, porque lo que más valoro en esta vida es la fidelidad y la lealtad.

¿A qué se debe, a su juicio, la perdida del liderazgo de las mañanas?

Quizá porque no sea el sitio adecuado... No soy analista televisivo.

¿Somos envidiosos los españoles?

Muchísimo. La envidia es el gran drama de este país.

¿Se siente agredido por ella frecuentemente?

La nota a todas horas. No me lo explico porque siendo bajito y un poco bizco, me parece absurdo y ridículo. Cada vez me afecta menos. Suelo seguir mi rumbo y cuando las perras y los perros ladran, yo cabalgo.

¿Qué opinión tiene de los programas de corazón?

Han pasado de divertirme a hacerme vomitar en algunos momentos. Se ha caído en la vulgaridad, hay gente muy ignorante, se entra peligrosamente en la vida privada, se comercia excesivamente con la vida de los demás y se entra en parcelas que rayan lo delictivo.

¿Tiene debilidad por alguno de los protagonistas de la vida social?

Me produce ternura la Duquesa de Alba. Admiro a Isabel Preysler por lo incombustible que es. Me sorprende Carmen Martínez Bordiú por sus últimos posados y apariciones verdaderamente sorprendentes. Y me preocupa un éxito como el de Belén Esteban, que no refleja más que la vulgaridad y la ignorancia llevadas al podium.

De los espectáculos que ha visto últimamente, ¿cuál o cuáles le han gustado más?

Me han gustado mucho Mamma Mía y Maribel y la extraña familia, y en cine, la última de Woody Allen.

Usted se define con frecuencia de derechas. No es ningún delito, ¿verdad?

Por supuesto que no. Hay más de 10 millones de españoles que votan a la derecha.

¿Cuál es su valoración respecto a la situación política española actual?

Complicada. No sé adónde vamos. No existe una dirección. Estamos inmersos en una incertidumbre grande. Tampoco entiendo mucho la política exterior. Estoy un poco desconcertado. Mucha gente, incluso de la izquierda, está desconcertada. Quién iba a decirme a mí que, al final, iba a estar de acuerdo hasta con Alfonso Guerra.

¿Le gusta ir a manifestaciones?

He ido muchas veces.

¿Últimamente ha ido a alguna?

Sí, a la que se celebró a favor de las víctimas del terrorismo.

¿Se saben comportar los políticos españoles?

Haciendo su trabajo, no.

¿Son educados?

¿Entre ellos? Son amiguetes.

 

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