Cuando no hay damas, pero sí caballeros. ¿se puede decir cualquier cosa grosera?
La caballerosidad del general Grant delante de todos sus soldados

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¿Dónde están los caballeros? Una lección de elegancia del general Grant
Imagina que estás en una reunión entre amigos y alguien, empieza a contar un chiste subido de tono y, como justificación, dice: "Tranquilos, aquí no hay mujeres". ¿Te suena familiar? Pues hace más de 150 años, en plena Guerra Civil estadounidense, ocurrió algo muy parecido y el general Ulysses S. Grant le dio una lección de clase y saber estar que aún hoy nos deja con la boca abierta.
La escena fue más o menos así: una reunión de oficiales del ejército, ambiente relajado, botas llenas de barro y el humo de los cigarros flotando en el aire. Uno de los presentes, probablemente creyendo que el machismo era sinónimo de camaradería, comenzó a contar una historia de dudoso gusto. Al notar las miradas incómodas, se apresuró a justificarse: “No hay damas presentes, así que no hay problema”.
Pero Grant, que no era precisamente conocido por su elocuencia (más bien por su silencio estratégico), lo interrumpió con una frase que se volvió legendaria: "Quizá no haya damas, pero sí hay caballeros."
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¡Toma ya! Con esas sencillas palabras, el general no solo puso fin a la anécdota incómoda, sino que redefinió lo que significa ser un caballero. Porque, atención: un caballero no se comporta bien solo cuando hay alguien a quien impresionar. Se comporta bien porque es parte de su carácter, no depende de su audiencia.
Grant, por cierto, no era ningún santo. Fue un general implacable en el campo de batalla y tuvo sus propios errores como presidente. Pero en ese momento, demostró algo que puede parecer raro en tiempos de guerra: elegancia y saber estar. Y es que la verdadera cortesía no es una máscara que uno se pone ante ciertas personas; no es un comportamiento a tiempo parcial. Es una forma de ser y de actuar invisible que dirige nuestras acciones, incluso —y sobre todo— cuando creemos que nadie está mirando.
Hoy, en una era de redes sociales, memes atrevidos y “humor sin filtros”, la frase de Grant suena casi revolucionaria. ¿Cuántas veces justificamos comentarios groseros, bromas hirientes o actitudes desconsideradas con un “es que entre nosotros se puede”? ¿Y si, en vez de preguntarnos si hay “damas presentes”, nos preguntáramos simplemente si estamos siendo personas correctas, elegantes y prudentes?
Al final, ser un caballero (o una dama, o cualquier persona con buenos modales) no tiene que ver con el género, sino con la integridad y la buena educación. Y el general Grant, con su sequedad característica, nos dejó un recordatorio atemporal: la elegancia no desaparece cuando el "público" se va. Hay que ser elegantes y educados, también, cuando nadie mira.
¿Tú qué piensas? ¿Crees que hoy en día seguimos necesitando más “caballeros”, o simplemente necesitamos un poco más humanidad?
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