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Un niño con buenos modales. Entre un año y medio y los tres años

Un niño con buenos modales es aceptado con gusto en todas partes. Los padres pueden enseñarlos a sus hijos a través de su ejemplo

 

Educar al niño para saber lo que puede y no puede hacer
Niños y buenos modales. Educar al niño para saber lo que puede y no puede hacer

Educar al niño para saber lo que puede y no puede hacer

A esta edad el niño ya es consciente de que es un ser separado de su madre, pues se puede desplazar de un lugar a otro sin tener que hacerlo con ella; también ha comenzado a hablar; además, ahora se ha dado cuenta de que su forma de actuar va a llamar la atención de sus padres y de quienes le rodean.

Cuando ha hecho estos descubrimientos, es cuando empieza a desarrollar su autonomía y su autocontrol. Ha llegado el momento de guiarlo y decirle qué debe y qué no debe hacer. Por ejemplo, a esta edad los niños piensan más rápido de lo que pueden hablar y una de sus reacciones puede ser el morder; es aquí cuando tú intervienes, explicándole que solo los animales muerden porque no pueden hablar, pero él si sabe hablar y puede hacerlo en vez de morder.

En realidad, todos los días y a todas las horas se les envían mensajes sobre los buenos modales, solo necesitan que los guíes para que sepan lo que es correcto; como por ejemplo, decir gracias, prestar sus juguetes, convidar y hacer cariñitos. Y lo que es incorrecto, como enseñar la comida de la boca, escarbarse la nariz, desvestirse en público porque tiene calor o le molesta la ropa, golpear, arrebatar, escupir.

Ellos no tienen idea de lo que vale o no vale en sociedad; hasta ahora ellos solo han estado acostumbrados a que les satisfagan o a satisfacer sus necesidades. Poco a poco irán entendiendo y desarrollando su autocontrol. A esta edad son muy egocéntricos, piensan que todo cuanto existe es para ellos y nuestra misión es enseñarles a compartir, aunque por sus características de la edad es difícil que lo logren; quizá sea mejor en la siguiente etapa.

Tú puedes hacer con explicaciones breves, con paciencia y con ternura, que entienda que su conducta, buena o mala, tiene repercusiones. Por ejemplo: "No le jales -agarres- el pelo a tu hermano, le duele y por eso llora". O, "No te quites los zapatos en la calle, te puedes lastimar si hay un vidrio". Además, puedes perder tus zapatos.

Sin embargo, siempre hay que marcar límites claros y consistentes, mostrar al niño que estamos en desacuerdo cuando su conducta es inadecuada. Por ejemplo: "A mamá no se le pega", poniéndote muy seria, pero no le digas que ya no le quieres.

 

 

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