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Tarde doce. Del traje y de la limpieza.

No paséis mucho tiempo sin bañaros todo el cuerpo, y frotaros bien con una toalla; sobre todo debéis limpiaros los pies cuantas veces lo exija el estado en que se encuentren, particularmente en verano.

 

Lecciones de moral, virtud y urbanidad.
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El Padre continúa. - Cada uno debe vestirse sin chocar la decencia, ni ofender la vista de los demás. Aquel a quien la fortuna no le permita usar vestidos de mucho valor, puede disponer los que lleve, del modo mas honesto, puede presentarse con limpieza; porque el agua no cuesta nada, y aun cuando costase algo, este gasto sería indispensable para mantenernos limpios. Todos los dias, hijos míos, así que salgáis de la cama, debéis lavaros la cara, los ojos, las manos, los oídos y la boca; debéis peinaros con todo cuidado y cortaros las uñas (Nota 1) a menudo.

(Nota 1) Hace algún tiempo que en Inglaterra está en moda dejarse crecer las uñas; pero las personas que la siguen tienen buen cuidado de conservarlas limpísimas.

No paséis mucho tiempo sin bañaros todo el cuerpo, y frotaros bien con una toalla; sobre todo debéis limpiaros los pies cuantas veces lo exija el estado en que se encuentren, particularmente en verano, para evitar que el sudor y la traspiración formen una costra mugrienta, que con el calor interior exhala un olor detestable, y capaz de provocar a náuseas al estómago más sano. Los que nunca se lavan los ojos acaban por enfermar de la vista; los que no se limpian jamás la boca, despiden un aliento pestífero, insoportable, y además de esto ven pudrirse los dientes, que se les caen antes de ser viejos, después de haber sufrido agudos dolores.

Sed limpios, aunque sea solo por el respeto que debéis a las gentes con quien tenéis que tratar. ¿No os da asco cuando alguna persona os alarga una mano sucia, o cuando veis en su cara, o en su cabeza indicios ciertos de su falta de limpieza? Pues igual repugnancia, igual disgusto excitaréis vosotros si no andáis limpios. Por ningún motivo andéis rascándoos la cabeza, ni las narices; esto último especialmente es muy chocante y asqueroso; también lo es el comerse las uñas, como lo hacen personas mal criadas. No os limpiéis los oidos con el dedo; no metáis la mano en ninguna parte de vuestro cuerpo para rascaros, cuando estéis con gentes, principalmente delante de señoras. Durante el curso del día lavaos cuantas veces hayáis manoseado objetos llenos de polvo o materias grasientas; si fuere verano deberéis hacer lo mismo por causa del sudor y el polvo, y en invierno porque el hollín que cae de las chimeneas y la ceniza tiznan fácilmente la cara y las manos.

No penséis por esto que trato de aficionaros a pasar muchas horas en el tocador; esto es bueno para gentes desocupadas, inútiles, y muy pagadas de sus personas. En todas las cosas puede haber un exceso culpable. Vuestros vestidos deben ser propios de la edad y del estado a que pertenezcáis, evitando el singularizaros con alguna cosa extravagante o ridicula. Toda persona de juicio sigue, en este particular, la recibida generalmente. Hijos míos, os recomiendo encarecidamente la mayor limpieza en vuestros vestidos, sin olvidar tampoco el gusto, ligereza y elegancia que deben reinar en ellos. Pero que vuestra atención no se limite a esto solo a fin de no asemejaros a esos entes degradados, conocidos con el nombre de petimetres.

En cuanto a vuestra hermana ya es diferente; su sexo necesita agradar, y por esta razón está permitido a las mujeres poder emplear algo más tiempo en el tocador; desgraciadamente hay muchas mujeres que traspasan los límites de este permiso. Yo espero que a su tiempo Luisita recibirá las instrucciones convenientes de su madre, y que aprenderá a conocer sus intereses. Las que solo piensan en trajes y se ocupan todo el dia de la última moda, raras veces son mujeres de provecho, ni dignas del aprecio de los hombres.

No es fácil que se conserven por mucho tiempo inocentes aquellas que tienen un desmesurado deseo de agradar; y en tal caso no es injusto juzgarlas con severidad. En la elección de los trajes la mujer debe consultar la sencillez; busquen los lecciones de moral, pomposos adornos las que deseen ocultar entre ellos los rigores de la naturaleza. Mujer que corre tras de modas extravagantes es una loca que no sabe lo que conviene a la belleza, ni a la razón. Y bien mirado, ¿qué se puede esperar de una persona que no teme hacerse ridicula? ¡No quiero hablar de aquellas que insultan al pudor; pues no solamente se desprecian a sí mismas, sino que se cuidan poco de respetar a los demás!

Antes de acabar el entretenimiento de esta tarde, vuelvo a recomendaros nuevamente la limpieza; es una de las virtudes más importantes, que más contribuye a conservar la salud, y en el bello sexo a realzar la hermosura. Debe haber el más escrupuloso aseo en la preparación de los alimentos, en la vajilla y ropa de mesa, en los cuartos y muebles, en fin en todo lo que es de nuestro uso. La falta de aseo no solo destruye la salud, sino que echa a perder prontamente las cosas más preciosas, como la ropa, las alfombras y los muebles de ornato y comodidad. Los legisladores antiguos estaban de tal modo persuadidos que la limpieza es necesaria para la conservación de la especie humana, que no creyeron degradarse por hacer leyes relativas a este objeto.

Tened presente, hijos míos, que un hombre desaliñado en el vestir a los veinte años, será desaseado a los cuarenta, e intolerable a los cincuenta.

 

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