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Los placeres civiles en los pasados siglos. I.

Antes del siglo X todas las catedrales estaban construídas de madera y con cubierta de paja, y si se construía alguna de ladrillo se reputaba como un portento digno de figurar en la historia.

 

El nuevo Galateo. Tratado completo de cortesanía en todas las circunstancias de la vida.
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Escasez de placeres civiles en los pasados siglos.

Disminuyendo la suma de placeres inocentes queda, en igualdad de circunstancias, más tiempo y más capital para los placeres ilegítimos. La historia de las artes puede sugerirnos alguna idea acerca del estado de las costumbres; mientras que los jóvenes no se dejan engañar por una falsa analogía suponiendo, cual muchos escritores, que las artes necesarias han sido inventadas las primeras, después las de comodidad y finalmente las de lujo, y de las existencia de algunas de éstas no deduzcan que también existieron las otras, pues esta conclusión es absolutamente falsa, y se ve desmentida por la historia.

En el primer siglo de la era cristiana Carataco, rey de los bretones, se presentó en Roma con cadenas de oro que se fabricaban en su país, y no obstante los bretones de aquella época no conocían los primeros elementos de agricultura.

En el año 1047 habiendo sabido Bonifacio, marqués de Toscana, que el emperador Enrique deseaba tener buen vinagre, mandó fabricar en su ciudad y tierra de Canossa un carro todo de plata hasta las ruedas, y habiéndolo cargado de grandes jarros de plata llenos de aquel líquido, lo envió a Plasencia al emperador, y a los animales vivos se unió igual número de animales de plata, hechos de modo que tirasen del carro como los otros. Sería un error deducir de este hecho que entonces se supiesen construir casas con buenos ladrillos.

Antes del siglo X todas las catedrales estaban construídas de madera y con cubierta de paja, y si se construía alguna de ladrillo se reputaba como un portento digno de figurar en la historia. Si eran de madera las catedrales, con mayoría de razón debemos creer que lo eran las iglesias secundarias, y mucho más las casas, lo cual también está justificado por los hechos. En 1246, según nos dice Aderfont, la mayor parte de las casas de Londres estaban cubiertas de paja. Antes del año 1300 no había en aquel frío país chimeneas, y los habitantes se calentaban en los hogares puestos en la mitad de la casa y envueltos en humo. El empedrado de las calles es en Europa una cosa moderna. En el año 1184 no había en París ninguna calle empedrada, en ellas había constantemente barro e inmundicias, que muchas veces eran causa de enfermedades contagiosas. El primer reglamento referente a este ramo de policía es del año 1348.

Las letrinas, no datan más allá de Francisco I en 1539, antes de cuya época todas las inmundicias del día y de la noche quedaban al descubierto, o en un montón en el patio de las casas, o al lado de la puerta. Hasta después de la mitad del siglo XVIII fue uso constante en Europa sepultar los muertos en las iglesias, y en nuestros días han sido necesarias muchas leyes para extirparlo.

El historiador del famoso Tomás Becket, que después fue arzobispo de Cantorbery -Canterbury- y que era canciller de Inglaterra en el siglo XII, nos hace notar como un modelo de exquisitez y de elegancia la costumbre que tenía de mandar a sus criados que cubriesen el pavimiento de la sala donde comía con paja limpia o heno, todos los días durante el invierno, y con juncos frescos o ramitas de árboles verdes en todos los días de verano, a fin de que los caballeros que iban a comer en su casa y no cabían en los bancos pudiesen sentarse cómodamente en el suelo sin ensuciarse el vestido. Si, pues, el hombre más elegante de Inglaterra no tenía asientos, puede calcularse hasta que punto les escaseaban a los ciudadanos.

En el año 1234 se puso por primera vez paja en la cama del rey de Inglaterra, quien hasta entonces dormía sobre las tablas duras.

Cuando el matrimonio de Jacobo IV, rey de Escocia, que vivía en el siglo XV, la princesa Margarita hizo su solemne entrada en Edimburgo sentada en grupa en el mismo caballo del rey. Los cuartos del palacio fueron adornados con un gran candelabro de plata y una taza del mismo metal.

 

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