La paja en el ojo ajeno. Los criticones.
Como bien se dice en este artículo hay muchas personas que son muy linces para ver las faltas de los demas y muy topos para ver las propias.

La paja en el ojo ajeno. Los criticones.
Doña M.M. acaba de llegar a casa de su prima, joven, y tan modesta como hermosa; y antes de tomar asiento, jadeando aun, y sin poder hablar apenas, le dice: "prima, vengo escandalizada: ¿ves cómo me palpita el pecho? Es que lo que pasa en el día no se ha visto nunca. ¡Y aun se quejan de que no llueve, y de que si hay peste, y que sé yo de cuantas plagas más se quejan!"
Mujer acaba, le dijo la prima, que escándalo es ese, veamos. Te parece poco, prosigue Doña M.M., profanar... vaya, vaya. Ya conoces a fulanita: ya sabes que estuvo tan enferma como que se le administró el santo óleo; y que los asistentes la tuvieron ya por difunta, y le dijeron su requiescat, pero quiso Dios que no fue nada, porque al cabo recobró su salud. Cuando supo que su enfermedad era de peligro, hizo voto de andar vestida del hábito de San ......; pero mujer, ¡si vieras cómo va! ¡cuán escandalosa! ¿No ves como voy yo tan descubierta? pues lo mismo va ella, lo mismo... mira, como que vengo escandalizada.
¿Esto no es profanar la santa estameña que viste? ¿No es hacer burla de Dios? ¡Qué basquiña tan estrechísima! como que no le hace ninguna arruga, y tan cortísima, que cuando anda se le descubre hasta la pantorrilla. Y aun hay más materia de escándalo. Dicen que se casa, que sus padres no aprueban el matrimonio, pero que ella enquillotrada con su novio, quiere atropeliar por todo, y a toda costa; añaden que aquella beata marimacho, que suele pasar por ahí cabisbaja, mirando siempre a tierra, que la barre con su larga y burda basquiña, digo que esa beata es la que le sirve de alcahueta.
Mira, replicó su prima: he oido decir que esa beata que tú dices, no es beata en realidad, sino que por la mañana visite como acabas de pintar, y se anda por las iglesias convidando a algunas mujeres sencillas y de la mejor intención para hacer el via crucis, o rezar otras devociones; y al descuido y con cuidado les saca los dineros de la faltriquera, o les corta bonitamente las cruces y medallas de plata u oro que llevan en el rosario, porque yo conozco a todas las que visten públicamente el hábito de beata, y se que todas son mujeres de probidad, y de una conducta ejemplar, ¡Oyes, qué bribona! dijo Doña M.M., admirada...
Por la tarde, prosiguió la prima, muda de hábito y se presenta toda transformada descaradísimamente vestida y embarnizada a más no poder, tendiendo lazos... ¡Dios nos libre! Pero ello es, interrumpió Doña M.M., que ese basilisco le sirve de alcahueta, y sea como sea, es un escándalo del modo que viste. Mira, M.M., le dijo la prima: nosotros somos muy linces para ver los defectos ajenos, y muy topos para ver los nuestros. ¿No tienes rubor de presentarte en público tan escandalosa como vas, y te escandalizas del modo con que se presenta la otra señora? ¡Vaya que eres una linda escrupulosa! pero tus escrúpulos son como el de los gatos de la fábula.
" ¿Mas qué dirán si no visto así? Mira como yo no visto. Por eso te tienen por ridícula. Poco importa. Yo no ofendo a nadie, ni se que tampoco ofenda a Dios. ¿Con qué no ofende a Dios el que sirve de escándalo a su prójimo? ¿A quién escandalizo yo? Yo no tengo ningún fin particular. Mientes, M.M.; nadie obra sin fin. Yo no soy tu madre, si lo fuera, no vestirías así. Con esto llegaron algunas personas, y se acabó la conversación.
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