El afecto y las relaciones interpersonales (con vídeo)
El contacto físico es importante para tener unas buenas relaciones familiares y sociales, siempre que se haga de forma adecuada en el momento oportuno

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Muestras de afecto que mejoran nuestras relaciones
Muchas de las muestras de afecto que tenemos con nuestra familia, las más típica son las de los niños con sus padres, se van perdiendo a lo largo de los años ¿por qué?
Debemos diferenciar bien, cuando entra en juego el tacto, las muestras de afecto familiares de aquellas que se producen fuera de la familia, en el entorno social o laboral-profesional.
El tacto, el contacto físico, en el momento adecuado puede ser muy beneficioso porque calma, consuela, tranquiliza, reconforta, etcétera. Un gesto, una muestra de afecto puede hacer mucho más, en un momento dado, que unas palabras.
Desde el nacimiento hasta la vejez
Desde el mismo momento del nacimiento la madre besa a su hijo, lo abraza, lo acaricia... hay un contacto físico que reconforta y produce satisfacción.
Estas muestras de afecto van perdiendo intensidad, sobre todo en la época de la adolescencia cuando a los jóvenes no les gusta demasiado que les besen, les abracen, etcétera, porque consideran que ya son mayores, que no son unos niños. Por esta razón reducen las muestras de afecto, sobre todo en el ámbito familiar.
Hay que tener cuidado para que esta época de adolescencia-pubertad no marque las muestras de afecto posteriores. Cuando una relación se enfría puede ser difícil volverla a retomar. Lo más usual es que poco a poco, a medida que los hijos crecen y pasan su etapa "más conflictiva" las muestras de afecto vuelvan a ser más habituales, de distinta forma, pero con el mismo cariño.
Un punto de inflexión importante que se suele dar, es cuando los hijos tienen su propia familia. En ese momento empiezan a darse cuenta del verdadero valor que tienen las muestras de afecto con sus propios hijos y su pareja.

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Muestras de afecto en el ámbito social
No solo se puede demostrar afecto en el entorno familiar. En el ámbito social es muy necesario cuando queremos demostrar que alguien nos importa. Una caricia puede sustituir a muchas palabras. Pero eso sí, las muestras de afecto que comportan un contacto físico siempre deben ser hechas en el momento oportuno.
Cuando un amigo está preocupado y le damos un abrazo o le damos una palmada en la espalda, etcétera, le estamos transmitiendo nuestro apoyo.
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Si un amigo o compañero está pasando un mal momento o ha sufrido una pérdida importante, y le ofrecemos nuestra mano, nuestro hombro, le hacemos una caricia, le abrazamos... estamos "diciendo sin palabras" que estamos ahí para ayudarle, que compartimos su dolor o su pena, que le apoyamos.
Las muestras de cariño entre los padres son un buen ejemplo para los hijos. Si los niños ven desde pequeños cariño en la relación de sus padres, será bastante probable que ellos tengan un comportamiento similar cuando sean mayores. No hay que ser tacaños con las muestras de afecto y cariño. Mejoran nuestras relaciones familiares y nuestras relaciones sociales.
Teresa Baró, experta en comunicación no verbal y colaboradora habitual del estupendo programa de RTVE "Para todos la 2" nos ofrece una serie de consejos prácticos sobre la eficacia de las muestras de afecto y de cariño para mejorar nuestras relaciones.
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