Emoción y solemnidad.
Majestad, Altezas Reales, bienvenidos al teatro Campoamor.

El público se dejó cautivar por las palabras de Ingrid Betancourt y convirtió la ceremonia en un acto distendido.
Solemne y emotiva fue ayer el acto de entrega de los premios «Príncipe de Asturias». La ceremonia, la más formal de cuantas se desarrollan en Asturias fue, ante todo, conmovedora. Las palabras sentidas y sencillas de Ingrid Betancourt calaron hondo en el público. Una emoción contenida se dejó entrever en los gestos y el brillos de los ojos de muchos de los asistentes.
Minutos antes, la llegada al teatro de los primeros invitados marcaba el inicio de un acto formal en el que el comportamiento relajado y distendido de los premiados minimiza el encorsetamiento que a veces marca el protocolo y del que la Fundación dice querer huir para que no pierda espontaneidad. Porque a pesar de haber ensayado y visionado vídeos sobre cómo ha de ser su actuación en el teatro, la siempre sencillez de los galardonados, un tanto comedidos por tanto protagonismo, da un aire fresco al evento, que como en todas las ediciones comenzó con la llegada de la Familia Real.
«Majestad, Altezas Reales, bienvenidos al teatro Campoamor». Con estas palabras u otras seguramente muy similares, recibía el alcalde de Oviedo, Gabino De Lorenzo, a la reina doña Sofía y a los Príncipes de Asturias, don Felipe y doña Letizia, en la alfombra azul y al pie de los coches que los trasladaron desde el hotel de la Reconquista y que, como curiosidad, no llevan matrícula oficial. En su lugar tienen una placa con la Corona real. Tras el Regidor los saludó el presidente de la Fundación Príncipe de Asturias, Matías Rodríguez Inciarte.
El teatro es propiedad del Ayuntamiento y De Lorenzo, como máxima autoridad del mismo, ejerció de anfitrión recibiendo «en su casa» a sus invitados. Rodríguez Inciarte, por su parte, lo acompañaba, ya que representa a la institución que organiza la entrega de los premios. Y en su debut como nuevo presidente de la Fundación se le vio cómodo y con la destreza de quien está acostumbrado a asistir a actos al más alto nivel. Y lo dejó patente en el modo que realizó el saludo.
El protocolo, por muy estricto que sea, siempre tiene que tener recursos para solventar los fallos que se puedan producir, fruto del desconocimiento o de la distracción. Ayer, por ejemplo, al inicio del acto, cuando el periodista Carlos Rodríguez anunciaba a los premiados, el Príncipe, en señal de reconocimiento, se levantó para recibirlos. Todos los presentes lo imitaron excepto su madre la Reina, que continuó sentada hasta que uno de sus colaboradores le indicó la presencia de los galardonados. Entonces, con naturalidad se puso de pie.
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