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El equipo del Misacantano.

Tan triste cosa sería que el novel Sacerdote inaugurase sus ministerios con pujos de petulante exhibición de flamantes prendas, como que se habituase desde el primer momento al abandono en su traje y formas.

 

Urbanidad Eclesiástica.
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El equipo del Misacantano.

1. Preparativos para la ordenación.

Entre los múltiples preparativos que ha de hacer todo buen seminarista cuando se acerca la feliz fecha de su última Ordenación, la Urbanidad le exige que incluya el de disponer todo lo concerniente a su equipo. Claro está que no se requieren, cuando se trata de un Misacantano, ni el lujo, ni la variedad de indumentaria y menaje que han menester los nuevos cónyuges al disponerse a establecer un nuevo hogar; pero sí que es muy conveniente salir del Seminario teniendo ya dispuesto y preparado al menos lo imprescindible para presentarse dignamente en sociedad y estar surtido de todo lo necesario para acudir a donde se le designe para ejercer sus ministerios. A primera vista parece que esto es propio de los padres y familia; mas, si el mismo ordenando no se cuida de dirigirlo, o al menos orientarlo, mal podrán salir las prendas a gusto de quien ha de usarlas y sobre todo es muy fácil que se hagan con criterio más mundano, que eclesiástico.

Tan triste cosa sería que el novel Sacerdote inaugurase sus ministerios con pujos de petulante exhibición de flamantes prendas, como que se habituase desde el primer momento al abandono en su traje y formas. Muy bien pueden apropiarse los Neopresbíteros aquellos prudentes consejos que daba San Francisco de Sales a Filotea, en la "Introdución a la vida devota": "Jamás uses de nada que revele descuido y desaliño; el empleo de algo desagradable revela desprecio de las personas con quienes se alterna. En cuanto a mí, desearía que mis devotos y devotas fuesen los mejor vestidos de la concurrencia, pero los menos ostentosos y presumidos, y, como se dice en los Proverbios, vestidos de gracia, honestidad y dignidad. Dice San Luis que debe vestir cada uno según su condición, de modo que no puedan decir los buenos y los sabios: Hacéis más de lo que podéis; ni los jóvenes: No alcanzáis a donde debéis".

2. El traje eclesiástico.

La primera preocupación del Misacantano ha de ser estar provisto de traje eclesiástico decente. Desde muy remotos tiempos es obligatorio para los Clérigos usar el traje propio de tales, acomodado a las leyes y costumbres del país: ya desde muy antiguo los edictos de los Cardenales Vicarios de Roma prescribían el uso de la sotana, bajo la pena de 200 reales de multa, y en nuestra Patria los Sínodos de Toledo y Sevilla imponían severas sanciones a los Clérigos que no usasen traje talar, además de perder la ropa que llevasen puesta. En nuestros días bien claro habla el Código de Derecho Canónico (Can. 136): "Omnes clerici decentem habitum ecclesiasticum, secundum legitimas locorum consuetudines et Ordinarii loci praescripto, deferant..."; y no deja tampoco de imponer severas sanciones a los contraventores de tal disposición.

Las prendas de que consta el traje eclesiástico son:

Sotana.

Es la veste propiamente talar e imprescindible para ejercer las funciones sagradas del ministerio. Puede tener diversas formas o cortes: romana, española, francesa, etc., pero su tela ha de ser de color negro, pudiendo tener botones y vivos de algún otro color, tratándose de quienes gocen de tal privilegio por razón de su prebenda o prelacía, los cuales suelen usar también fajín morado. Este mismo es en muchas partes el color de la sotana en los trajes corales. En la confección han de tenerse en cuenta la clase de tela, y la hechura o corte, acomodándolos a las propias necesidades y condiciones, sin olvidar lo que decía Branchereau: "El vestido es a la persona lo que el estilo al pensamiento: es un accesorio importante, que hay que tener en cuenta, pero sólo secundariamente".

Manteo.

Completa el traje talar. Por regla general ha de usarse siempre que se acuda a algún acto oficial y aun para presentarse en público. Los hay de invierno, verano y entretiempo, según lo requieran las necesidades del clima y lo permitan los medios económicos. Conviene aprender prácticamente a llevarlo con dignidad y soltura, sin que desdiga de la modestia clerical, ni manifieste cortedad y embarazo.

Balandrán y dulleta.

Ambas son prendas de abrigo para andar por casa, aunque el uso de la segunda en algunas partes está tolerado por la calle y en los viajes. Ni una ni otra son imprescindibles, sobre todo en países de clima templado; pero resultaría ridículo y desedificante verlas suplidas por alguna otra prenda de hechura no clerical.

Para los viajes largos conviene también proveerse de guardapolvo negro: los más prácticos y decentes suelen estar confeccionados en forma de dulleta.

La esclavina se suele utilizaren algunas regiones para dentro de casa y aun para salir por el propio pueblo.

Sombrero.

En España usó el Clero sombrero gacho a la chamberga hasta el motín de Esquilache. Después comenzó a llevarse el llamado de teja, cuyas grandes proporciones han ido disminuyéndose poco a poco, hasta ser hoy los más pequeños que suelen usarse entre los eclesiásticos. Su color es negro, y no se utiliza más que para salir a la calle. Conviene que en su interior tenga marcadas las iniciales propias.

Para las funciones religiosas se emplea el bonete, bien sea de forma romana o española, con borla o sin ella, según las costumbres del país. En casa, y en los viajes, dentro del vehículo, suele cubrirse la cabeza con un gorro redondo negro, en algunos casos bordado y con borla.

El solideo es de uso exclusivo de los Presbíteros y Prelados. Según el color puede ser insignia de autoridad: el negro es propio de los Sacerdotes; el morado, de los Obispos; el rojo, de los Cardenales; y el blanco, del Sumo Pontífice. Comenzó a utilizarse después del siglo XIII, pero hoy ha caído en desuso en muchas partes.

El alzacuello.

En algunas naciones, donde no se viste traje talar públicamente, es el distintivo de los Clérigos. Entre nosotros, además de ser prenda de aseo, es a veces distintivo de dignidad o corporación. Se debe procurar que sea fácilmente lavable para que resulte práctico y decente.

Los guantes.

Son prenda sacra, de etiqueta y de abrigo, según los casos. Los primeros son de uso exclusivo de los Obispos en las funciones pontificales. En algunos casos prescribe la etiqueta a los Clérigos usar guantes, para llevar insignias de mando o las varas del palio. Su empleo como prenda de abrigo no está vedado a nadie, pero debe procurarse sean negros para que no desentonen con el color del traje.

El anillo.

Es objeto de lujo y símbolo de unión espiritual con la Iglesia o de amor a la sabiduría en los doctores. Hoy está prohibido su uso (Canon 136, § 2.°) a los que no le tengan por derecho propio o por privilegio apostólico.

Complementos.

Respecto del uso de las pulseras-reloj, nada hay prescrito en contra; pero, fuera de especiales circunstancias, no parecen el modelo de reloj más adecuado para los eclesiásticos.

El calzado.

Propio del traje talar son los zapatos altos: ni el charol ni el paño son los materiales más indicados para el uso de los Clérigos; las botas en algunas regiones son toleradas, como también son corrientes chanclos de goma en los países húmedos. Dentro de casa pueden llevarse zapatillas negras; pero nunca alpargatas, ni sandalias.

3. Ropa interior.

Respecto de la ropa interior, ha de procurar el ordenando tenerla abundante y decente, para no hacer un mal papel en casos imprevistos o de enfermedad.

Los pantalones deben ser, preferentemente, cortos y negros. Conviene tenerlos de invierno y de verano, y es imprescindible contar con repuesto.

El chaleco es una prenda cuyo uso y fin varía según las necesidades y gustos individuales; pero, si se usa, ha de ser digno y de color oscuro.

Las medias deben ser siempre negras, y hay que tener de ellas suficiente abundancia para poder cambiarlas cuantas veces lo requiera la higiene personal.

La ropa blanca debe ser también abundante, holgada y de forma decente, pues las modas actuales violan muy fácilmente las normas de la modestia.

La ropa de cama, etc., debe tenerse marcada, como todo lo demás, con las propias iniciales y en cantidad suficiente para hacerla limpiar con la conveniente frecuencia.

No se descuide la adquisición de otros utensilios imprescindibles de uso personal, como una bolsa de aseo bien surtida, paraguas o impermeable negro, malela de viaje, despertador, etc.

4. Traje de paisano.

Cuando, por alguna razón especial, haya de utilizarse el traje de paisano, se ha de procurar que éste sea digno de la gravedad sacerdotal; pues siempre resulta desedificante y en muchos casos contraproducente el disimular la condición de sacerdote, ya que, quien no le respeta vestido de Clérigo, menos consideraciones le guardará disfrazado. En los últimos años, en que, por la anormal situación de España, ha sido a veces disculpable, y hasta conveniente, el vestir los sacerdotes y religiosos de paisano, se han dado casos que muestran cuan expuesto es este recurso a lances desagradables y aun ridículos. El valor suele andar en este punto acorde con la prudencia.

5. Exhibiciones ridiculas.

Aunque el ordenando ha de procurar que poco a poco se le vaya preparando todo lo necesario para su equipo, esté alerta para evitar que por una vanidad femenina, muy disculpable en su propia familia, vaya a hacerse en su casa una exhibición de todas esas prendas, mostrándolas a los amigos y vecinos. Esto que, tratándose de esponsales mundanos, estaría en su punto, en nuestro caso resultaría mal visto, pues no ha de comenzar ostentando vanidad quien muy luego habrá de predicar contra ella.

No está demás recordar a los Misacantanos los ejemplos de modestia en el vestir, que suelen dar los hombres más grandes de la Iglesia: el insigne Arzobispo de Toledo D. Francisco Valero y Losa, vestía pobrísimamente y nunca consintió prenda alguna de seda. Llevaba hasta sus trajes episcopales de lana, y a los que le aconsejaban un poco más de lucimiento en su indumentaria para que mejor se conciliase el respeto debido a su alfa dignidad, les respondía:

"Desdichada dignidad y desdichado el Obispo que necesita de estos vanos adornos para hacerse respetar y obedecer".

 

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