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Esto no es América...

Pero le pese a quien le pese, Europa no es América, y esto deberían de habérselo advertido a la actual pareja presidencial que viajó al regio continente con quinientas personas de séquito.

 

Periódico El Día.
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Hubo una época, no tan lejana, en la que creía firmemente que todo lo bueno venía de América, tierra de oportunidades y promesas que marcaba el ritmo en la música y el color en las tendencias. País plural en movimientos sociales, con grandes sinergias culturales, cuya influencia nos llegaba a través de la industria cinematográfica, dolarizando cuanto pillaba a su paso. América ha sido el gran motor económico del planeta, y tanto la vieja Europa como la complicada Rusia han pasado décadas observando, copiando y criticando lo que se dio en llamar el "modelo americano".

Pero le pese a quien le pese, Europa no es América, y esto deberían de habérselo advertido a la actual pareja presidencial que viajó al regio continente con quinientas personas de séquito, imagino que entre ellas alguna versada en protocolo, para que la primera dama de EEUU, Michelle Obama, no sorprendiera a la reina de Inglaterra con sus excesos de confianza en ese primer encuentro oficial de Buckingham Palace. La fotografía en la que abraza a la Reina de Inglaterra, poniéndole su mano grande y plebeya al hombro de su Graciosa Majestad, lejos de ser un gesto cariñoso ha sido una manera descarada de romper el protocolo de la Familia Real Británica. No basta ser la esposa del emperador del universo, una mujer sin prejuicios, nacida en los suburbios de Chicago y de mente brillante, para venir al viejo continente a romper las estrictas normas por las que se rigen las monarquías, incluso las constitucionales, intentando imponer un nuevo orden en lo que a protocolo se refiere. Se puede ser cálida, natural y tener un carácter firme, pero sin olvidar que el protocolo es el protocolo y, aunque a veces está para saltárselo -como afirma SM el Rey don Juan Carlos-, esta objeción a la norma no puede llegar al extremo de acariciar, como si de un cachorro desvalido se tratara, el lomo real.

La primera dama estadounidense -que aún no domina la posición adecuada de sus piernas y que suele colocarlas de forma poco glamorosa-, se caracteriza por unos andares proporcionados a su altura y por haber desplegado todo su encanto tanto en los actos programados alrededor del G-20 como en la cumbre de la OTAN, en Estrasburgo, poniendo de moda la cercanía, intentando adaptar el protocolo a su manera de ser, pues le gusta abrazar a la gente y buscar proximidad, incluso en actos tan fríos, tan marcados por el ordenamiento y las relaciones diplomáticas, como puede ser una cumbre internacional. Pero se ha olvidado de que su encuentro con la Reina Isabel II no era una cita entre iguales. La primera es, tan sólo, la consorte del "actual" presidente de los Estados Unidos, mientras que la segunda es Jefe del Estado de Gran Bretaña, titular de la Corona, decana a sus ochenta y tantos años de los reyes del mundo y, en virtud de su genealogía, la reina más reina del universo.

A la mayoría de la prensa española, tan progre últimamente, le ha parecido muy bien el gesto de Michelle Obama, afirmando una periodista de El País, especializada en la Casa Real, por ejemplo, que: la primera dama "conoce el protocolo al detalle pero lo adapta a su forma de ser". Otro articulista, en lo que debe considerarse un atropello a las formas y al sentido común, asegura que: "a las cacatúas huecas del protocolo les ha dado un desmayo. Que se jodan". Evidentemente con este lenguaje tan procaz se califica el propio autor, pues el protocolo como arte y ciencia milenaria entraña respeto por los demás, incluidas la historia y las fuentes documentales, la tradición inveterada de los lugares y la legislación vigente. En resumen, y a mi modesto entender, lo que ha demostrado la primera dama norteamericana, es que no sabe nada del protocolo que pervive en Europa y si lo conoce decidió no aplicarlo; ella acaba de llegar a un poder transitorio mientras que Isabel II de Inglaterra nació y morirá en él.

No quiero ni imaginar qué opinarán estos afamados cronistas de la actualidad del llamado protocolo internacional, en países donde el respeto a determinadas personas y circunstancias no es, en modo alguno, un "tú a tú". Por ejemplo, en la corte de Japón, nadie se atreve a mirar a los ojos del emperador Aki-Hito; en Tailandia, hasta los generales tienen que dirigirse al rey Bhumipol de rodillas; en Marruecos, los ministros se ven obligados a besar la mano del rey Mohamed VI; y en otras monarquías del Golfo, como la de Arabia Saudita, te cortan la cabeza si te atreves a desairar a un soberano. En España, en cambio, el protocolo no tiene carácter de cortesano, no exige que se reverencie a SS.MM. con inclinaciones de cabeza los caballeros, o arrodillándose las señoras, y, sin embargo, se hace y mal, confundiendo el respeto con la sumisión, ignorando que basta con mirar a los ojos y mostrar franqueza ante los miembros de la Casa Real cuando se les saluda. A muchos radicales con la monarquía constitucional española les hemos visto en el Palacio Real, en las líneas de saludo, intentando imitar al príncipe y a las infantas que reverencian en público a sus padres y a todos los reyes del mundo con un pronunciado plongeon e inclinación de cabeza, convirtiendo en remedo lo que ellos hacen tan natural, pues la majestad es como la casta, te viene dada.

La señora Obama con su naturalidad impresionó y destacó entre las damas consortes que participaron en la cumbre del G-20, pero cayó en la vulgaridad y en el exceso de confianza ante su Graciosa Majestad. No se puede plebeyizar a la más vieja monarquía del mundo por muy primera dama americana que se sea. Ya lo dice el refrán: "Allá donde fueres haz lo que vieres", y Europa, afortunadamente, no es América.

 

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