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El mundo de la modestia y las buenas maneras. II

Este trabajo se inscribe en el marco de la literatura moral de "Tratados de buenas maneras" o "Tratados de urbanidad"

 

Ilustración biblioteca de la facultad. La Bibliomata
Ilustración. Ilustración biblioteca de la facultad. La Bibliomata

El mundo de la modestia y las buenas maneras

En ese contexto histórico apareció la obra de don Manuel Orihuela titulada "Consejos a mis hijas", escrita en 1874, obra que Cecilia Escobar Ceballos nos da a conocer en su libro: "Mawad Orihuela". "Consejos a mis hijas". Manual escrito por un padre de familia en vísperas del nuevo siglo. Este trabajo se inscribe en el marco de la literatura moral de "Tratados de buenas maneras" o "Tratados de urbanidad". En estos escritos se establecieron, sin más, nociones éticas de comportamiento, y constituían un conjunto de preceptos para la vida social y el buen trato entre los hombres. En la expresión "tratados de urbanidad" late, sin duda, la oposición entre las exigencias de la vida de ciudad y las de la vida campesina. De allí que la expresión "urbano" se emplee como equivalente de educado, cortés, civil, fino, correcto, y se oponga a rústico o grosero. Al mismo tiempo, es claro que en estos manuales, no obstante su carácter no estrictamente moral, existe una ostensible tesitura moral: decir de una persona que es cortés o urbana equivale tanto como a decir que es comedida o mesurada.

El libro de Cecilia Escobar Ceballos, que ahora reseñamos, contiene dos obras en un solo trabajo, y ambas son muy ricas. Por una parte, el estudio que la autora realiza del manuscrito, y, por la otra, el documento paleografiado de don Manuel Orihuela. La primera está constituida por cinco capítulos y una bibliografía. La segunda está integrada con los consejos del licenciado Orihuela, y se titula versión paleográfica realizada por Cecilia Escobar Ceballos.

En el preámbulo de la primera parte se nos habla de la historia de una familia en la ciudad de México, lo cual debe alabarse o criticarse en razón de que la autora se basa en un libro de su propia familia. La estrategia es difícil, porque debe prevalecer su objetividad como historiadora, y lo logra. Ella misma asegura que el propósito de su publicación es que el documento sea utilizado en investigaciones futuras sobre la vida cotidiana de la clase media en el México decimonónico. También nos explica que, en su primera versión, el manuscrito fue presentado en el seminario de la licenciatura para el Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana. Su éxito fue tan grande que llevó a la licenciada Escobar Ceballos a buscar más información en los periódicos de la época con objeto de enriquecer el material con el que contaba.

El manual de don Manuel Orihuela, quien fuera juez y escribano público de la ciudad de México a finales del siglo XIX tuvo un claro objetivo: escribir consejos para sus hijas con el fin de cuidar de ellas y preservar el honor de su familia. Incluso, el licenciado Orihuela ratificó su interés en que sus hijas continuaran las prácticas comunes de mujeres de bien de los estratos medios de la población finisecular mexicana, aspecto muy común en la época cuando la familia se había quedado sin madre.

Recordemos que la sociedad en el México decimonónico intentaba "igualar" a todos sus habitantes. El problema era complejo y difícil, aunque las sociedades cambiaban lentamente y en todo ese siglo se intentó una transición entre la colonia y la sociedad "republicana". Durante esa época, la pirámide social estaba integrada por tres sectores: la clase oficialistas, formada por el ejército y la burocracia, ambos ineficientes e irregulares; la clase media y la popular, integrada por rancheros, indios, peones, trabajadores de las minas, obreros, sirvientes, vendedores ambulantes, dulceros, voceadores de periódico, eloteros, lecheros, pepenadores, aguadores y, por supuesto, los llamados "léperos".

Los consejos de don Manuel Orihuela están dedicados a su hija mayor, Lugarda Orihuela, quien sustituía a la madre muerta y asumía las labores hogareñas y maternales y el cuidado de los hermanos más jóvenes. Su interés era transmitir valores cívicos, como honradez, lealtad, educación y ahorro, así como cuestiones morales: amistad, envidia, e interrelación entre hombre y mujer, siguiendo las normas que la sociedad establecía. Es una historia de vida cotidiana y de la buena sociedad de la época.

En el capítulo primero, titulado "Rescatando la moral", se dan los pormenores de la clase social a la que pertenecía la familia Orihuela: "clase media mexicana", cuyas prácticas y comportamientos característicos eran del ambiente urbano. En este manual se hace el rescate de los valores decentes de la clase media, portadora de la moral y la buena educación; los cuales servían para aplicarse a las actividades diarias.

Las mujeres trabajaban dentro del hogar realizando las labores domésticas, como planchar, cocina, barrer y cuidar de los hijos; además se les inculcaba el ahorro, la sobriedad, la higiene y el trabajo, que propiciarían el progreso del país. Su objetivo era lograr una sociedad de gente "civilizada". Ejemplo de ello es que en el manual, al hablarse de los conceptos de limpieza y de ahorro, se asegura que la clase baja no era limpia porque no tenía los recursos para serlo; los indios eran sucios por "miseria y no por tradición". Por su parte, la clase alta, al tener varios sirvientes que hacían la limpieza del hogar, no se preocupaban por ésta, volviéndose indiferentes ante el aseo; como diría don Manuel, "las ricas son puercas". La limpieza era la pureza, y esto se deja claro en el documento. Esta idea de diferenciar y de diferenciarse como grupo, no solamente se tenía en México, sino también en Europa y en los Estados Unidos.

 

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