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Reglas de cortesía y buenos modales para las niñas. VII.

Reglas sencillas de cortesía, de buenos modales y de instrucción para las niñas.

 

Reglas sencillas de cortesía, de buenos modales y de instrucción para las niñas.
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Reglas de cortesía y buenos modales para las niñas.

77. ¿Cómo ha de cuidar el cabello?

Cuide del cabello como otro de sus adornos, como un hermoso velo que la naturaleza concedió á la mujer. La cabellera no se deja caer ya rizada sobre las espaldas como, en los tiempos heroicos; preciso es atenerse al uso; pero la sencillez y la elegancia sientan mejor en una niña que la profusión de adornos postizos y no siempre oportunos.

78. ¿Cómo se portará en el juego?

En el juego y en la mesa es donde mejor se conocen los buenos modales, la fina educación y hasta el carácter de la persona. Hemos hablado ya del juego. Este puede ser o de pura diversión, como sucede por lo regular en diversiones de niñas, o de azar, en que hay pérdidas o ganancias. El primero es un desahogo inocente y muy propio de la edad, y solo exige moderación y cordura. En el segundo despunta ya el genio generoso o mezquino, frenético o sufrido.

79. ¿Cómo deberá tomar el juego?

Es muy feo en una niña la pasión al juego como objeto de interés o de ganancia. Evite, si puede, esta clase de juegos que favorecen ya la naciente ambición por el amor al lucro; y tómelo, cuando más, por un pasatiempo en el cual deben brillar, más que en otros actos, el buen carácter y la fina educación.

80. ¿Cómo si requiere cálculo o habilidad?

Si el juego requiere cálculo o habilidad, como damas, ajedrez etc., ponga cuidado la niña en no distraerse, y no riña a los demás, si se descuidan o faltan, en tono de maestra. Si es de puro azar, no se desazone por las pérdidas, ni muestre destemplado anhelo de ganar; manifiéstese siempre igualmente tratable, festiva y complaciente.

81. ¿Qué observará en la mesa?

En la mesa guarde sobriedad y compostura. Nunca sea la primera en sentarse ni en desplegar la servilleta; ni se arrime a la mesa, ni apoye en ella brazos ni codos, ni mire con avidez los manjares como quien tiene hambre. Aprenda el manejo de la cuchara, del tenedor y del cuchillo; arréglese en esta a las costumbres admitidas, y a lo que vea practicar a personas de finura y educación. Evite los dos extremos de la prisa en el comer, indicio de glotonería, y el fastidioso melindre, con que parece quieren darse tono algunas personas frívolas.

82. ¿Qué evitará?

Evite principalmente todo cuanto puede parecer sucio y asqueroso, como abrir demasiado la boca cuando come, mascar a dos carrillos, sorber con ruido los líquidos, lamer los huesos u otra cosa, dar de su plato, derramar las salsas, dejar caer o escupir los huesos y las espinas, ensuciar los manteles, chocar con los objetos de la mesa por precipitación o atolondramiento, y otras groserías que su conocimiento le dictará, y aprenderá con la observación y el uso, pues seria tan difícil como fastidioso el individuarlas todas.

83. ¿Qué conversaciones deben evitarse acerca de la comida?

Tampoco alabe en demasía las viandas que están a la vista, ni menos otras en mengua de las presentes; y generalmente fuera de la mesa evite las conversaciones sobre las buenas y malas comidas, manifestando grande apego a estas o aquellas, pues no hay conversación más insulsa si se alarga demasiado, y no hace mucho favor a los que con empeño la sostienen.

84. ¿Cómo debe tomar la comida?

Parecerá por demás encargar a una niña regularmente educada la sobriedad en el comer y el beber. La comida debe tomarse como una necesidad que nuestra frágil naturaleza nos obliga satisfacer diariamente, y no como un puro recreo de los sentidos. Podemos hasta cierto punto tomar gusto en la comida pero no mostrarnos gastrónomos. La glotonería es un vicio que se acerca a la brutalidad.

85. ¿Qué me decís acerca de la sobriedad?

Una niña debe ser muy sobria sobre todo en el beber, y aun más licores fuertes; pues si el exceso en esta parte es vergonzoso en un hombre, es intolerable en una mujer, prescindiendo aun del daño que a la salud acarrea. Levántese de la mesa satisfecha, pero no harta.

86. ¿A qué labores ha de dedicarse la niña?

Dedíquese con esmero la niña a las labores propias de su sexo, según la condición en que haya nacido, pues esta es, dígase lo que se quiera, su primera obligación. A mas del coser, lavar, remendar, calceta, planchar y demás faenas necesarias, puede dedicarse a otras según las circunstancias en que se encuentre, bien que esta elección es más propia de sus madres, maestras o directoras,

87. ¿Qué labores son preferibles?

Por lo común son preferibles aquellas labores, después de las necesarias, que pueden con el tiempo granjear a la niña alguna utilidad, que aguzan y despejan su entendimiento y ejercitan su gusto, como por ejemplo coser con primor, bordar, saber el corte de camisas, vestidos, gorros etc. y habilitarse en la idea y arreglo de otros útiles y adornos. Una escasa fortuna y aun las vicisitudes de la vida hacen siempre interesante esta parte de instrucción, a mas del realce que por ella adquiere la niña aplicada y laboriosa.

88. ¿Será útil que las niñas se dispensen de ciertas labores por razón de su ilustre cuna?

Es una preocupación lamentable creer que la alta alcurnia puede dispensar a las niñas de las labores de pura utilidad, limitando su instrucción a las de puro agrado. ¿Quién sabe los azares del porvenir? Así se infunde a la niña una fatua superioridad sobre sus compañeras; se la enseña a mandar sin que sepa hacer lo que manda.

89. ¿Qué producirá en ellas una educación de puro ornato?

Además una educación de mero ornato es una educación defectuosa. La mujer así educada no sabrá la dirección ni la economía de una casa; será una mujer de salón, inclinada a la holganza y a la ociosidad, madre de todos los vicios y propensa al fastidio que suele ser el tormento de los ricos.

 

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