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La risa. Los gestos. El teléfono.

La risa es siempre acto espontáneo, no forzado por la voluntad.

 

Ediciones de la Sección Femenina, Departamento de Cultura. 1.955
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Convivencia Social. Formación Familiar y Social. Tercer curso.

La risa.

De la alegría y el placer nace la risa; con la alegría y el placer se dilata el corazón, con cuyo movimiento se expande el rostro y en particular la parte contigua a la boca que se llama rictus, y de ahí la risa." (Luis Vives).

También nos dice el mismo autor del siglo XVI (Luis Vives, pedagogo y humanista español del siglo XVI): "La risa es siempre acto espontáneo, no forzado por la voluntad; pero lo cohiben la costumbre y la razón para que no estalle ruidosamente sacudiendo el cuerpo todo, como acontece en las carcajadas de los zafios y villanos, de los chicos y de las mujeres incapaces de frenar las crisis de risa vehemente." ¿Veis qué mal concepto tenían en el siglo XVI de las mujeres?

Podemos y debemos intentar en el siglo XX dar la sensación de que somos capaces de dominar las risas ordinarias y estrepitosas.

Esto no quiere decir que seamos melancólicas o pesimistas. La sonrisa fácil es señal de carácter amable y hace simpática a quien la maneja sin fines aduladores.

Lo cómico.

Ser sensible a lo cómico no es señal de mala educación. Pero si bien podemos ser sensibles a lo gracioso, cuando se nos da como espectáculo en el cine, en el teatro, en el circo, donde es absolutamente lícito reír, y hasta vamos con el propósito de gozar riendo, no es de buena educación que nuestras carcajadas sean como sacudidas violentas de todo nuestro cuerpo. Ni estridentes ni estrepitosas.

La risa útil.

Bergson, filósofo francés, que ha escrito un libro famoso que se llama "La risa", dice así: "Nuestra risa es siempre la risa de un grupo", y en otro lugar: "Diríase que la risa necesita un eco", y que "no saborearíamos lo cómico si nos sintiésemos aislados."

Todo esto quiere decir que la risa en cierto modo es un elemento social y unificador. Que la risa es comunicativa, que se ensancha con la comunicación. La risa es social, unificadora y por tanto útil. La alegría de la juventud busca (y esto es natural) lo alegre en cuanto la rodea.

La risa cruel.

Pero a veces un grupo de muchachas, en su afán de reír, trata de descubrir algo cómico en sus semejantes, y con una despiadada falta de corazón ríe de la nariz larga de un profesor... o del tropezón dado por una compañera, o mejor, "por una profesora", que en la oscuridad no ve el escalón...

Según Bergson, lo que hace reír en general es el fracaso. La persona que dió el tropezón no se proponía darlo, pero un obstáculo ha impedido que su inteligencia siga rigiendo sus acciones; se ha caído contra su voluntad. Y es esta diferencia entre el propósito y el resultado es lo que origina lo cómico, lo ridículo y, por tanto, la risa.

Sin embargo, este fracaso de nuestros semejantes en cualquier circunstancia, por muy cómico que sea, no debe provocar nuestra risa. Esta es una risa que debemos controlar. Por educación y por caridad, podemos y debemos dominarla.

Lo tragicómico en la novela, por ejemplo en el "Quijote", está entre la alteza de ideales de Don Quijote, lo magnífico que él sueña, sus andanzas y el fracaso ridículo en que se resuelven sus aventuras. Y así es lo cómico en general.

Busquemos la gracia en la literatura, en el teatro, en el cine, y en las circunstancias, y en los chistes, y en las casualidades de la vida. Pero en este caso siempre que nuestra risa no hiera ni sea mal educada.

Sonrisa.

El mal humor es negativo, con mal humor no se va a ninguna parte. Es la sonrisa, que pudiéramos llamar deportiva, la que nos sostiene en las crisis difíciles de la vida. A mal tiempo, buena cara. O lo que es lo mismo, buena sonrisa.

Todas las grandes épocas han sabido sostenerse sobre el abismo de miseria que es la existencia, merced al esfuerzo deportivo de la sonrisa. Por eso los griegos pensaban que el oficio principal de los dioses era sonreír y hasta reír. (Ortega y Gasset, en "Propaganda del buen humor", tomo V de sus obras.)

Resumen.

Es buena toda la risa amable y unificadora. Y mala, toda la que disgrega, la despectiva, y la molesta, por estridente y estrepitosa.

Los gestos.

Al hablar de los gestos, no podemos dejar de recordaros que es muy importante aprender a dejar las manos en reposo. A veces llegamos a una visita y, de pronto, nos encontramos con que nuestras manos no saben qué hacer. Nos sobran. No sabemos cómo ponerlas ni dónde meterlas. Igual nos sucede cuando posamos para una foto, por ejemplo. Esto ocurre porque habitualmente las tenemos ocupadas tocándonos el pelo, el cuello, la cara, enredando con el bolso o con los botones, o jugando con lo que hay sobre la mesa, o manoteando durante la conversación.

En resumen, tenemos que sujetar nuestras manos, aprendiendo a dejarlas tranquilas y en reposo. Cada vez que nos sorprendemos con las manos en el pelo, o jugando con la cadena o con la pulsera, soltemos lo que sea y dejemos caer nuestra mano sobre nuestra falda o sobre el brazo del sillón... Contemos hasta cien, y, al final, nuestra mano se sentirá tranquila.

En cuanto al cuidado de nuestras manos, procuremos que sea exagerado: lavarlas frecuentemente y secarlas bien; cuidar las uñas, emplear alguna crema suavizadora. Pero si vuestro trabajo es de una índole que os obliga a estropearos las manos al ejecutarlo, lo que tenéis que hacer es usar guantes de goma o de algodón, o en caso de ser esto difícil, existe el limón, elemento maravilloso y barato, para suavizar. La piedra pómez para quitar las manchas, etc.

Podéis lavar una vajilla y los cacharros de la cocina con jabón barato, y en seguida os laváis las manos, os las secáis y comprobáis, llenas de tristeza y dentera, que están como el papel de lija. ¿Qué hacer?. Tomar medio limón y os frotáis con él intensamente las manos hasta que el zumo y la pulpa del limón se os introduzca en la piel, os frotáis una mano con la otra, hasta que la piel absorba totalmente el limón. Quedarán las manos enteramente suaves.

La buena educación y el teléfono.

No abusemos del teléfono para largas conversaciones con las amigas. El teléfono es un instrumento que ha venido a facilitar nuestra vida y darle unas posibilidades de comunicación tan admirables como la de acortar el tiempo para comunicar noticias importantes; la muy entrañable de oír la voz de las personas queridas, a distancias extraordinarias como nos lo permiten las conferencias internacionales. Sirve el teléfono para encargos, avisos y hasta para compras... pero no emplearlo para conversaciones inútiles.

Pero a veces, una conversación inútil entre dos pequeñas cotorras habladoras puede impedir o demorar una comunicación importante. Con toda amabilidad podéis decir a vuestra amiga: vamos a cortar, lo siento, pero en casa tienen que hablar. O perdona, mi padre está esperando una llamada importante, etc...

En cuanto a vuestras llamadas, procurad hacerlas a una hora oportuna. No llaméis de dos a cuatro de la tarde, pues es la hora de la comida y siesta. Y si lo hacéis podéis decir: Si la señora está descansando llamaré más tarde... O si fulanita está comiendo que me llame cuando acabe.

¿Comprendéis? Y que el teléfono, ese medio de comunicación tan cordial, no se convierta en un instrumento de martirio por vuestra inoportunidad o impertinencia en las llamadas.

 

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