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Una invitación para ...

Si no es amigo de regalar flores, puede presentarse con un detalle que entregará a los anfitriones nada más saludarles.

 

Preparando invitaciones para enviar.
Invitaciones. Preparando invitaciones para enviar.

Enviar flores a los anfitriones y otros regalos.

Si recibe una invitación para acudir a una casa como invitado, es correcto y bastante habitual, enviar unas flores de forma previa a su visita a esa casa. Además si le indica a su florista que verá ese ramo, centro o adorno, se esforzará un poco más para dejarle contento como cliente. Es un truco de las abuelas que no falla, porque aunque la mayoría de los floristas son buenos profesionales, como en todas las profesiones, siempre les hay un poco espabilados que no se esmeran tanto cuando saben que quien regala las flores no va a verlas, por lo que es muy difícil valorar la calidad del producto servido. No se olvide de adjuntar una tarjeta con las flores. No se deben hacer regalos anónimos.

El ramo debe enviarlo con suficiente antelación para que al anfitrión le de tiempo a buscar un sitio adecuado para colocarlo. Indíquelo en la floristería. No es correcto que entreguen las flores unos momentos antes de la llegada de los invitados, o lo que es aún peor, cuando estén los invitados en la casa. Eso obligaría a sus anfitriones a buscar un lugar de forma precipitada para colocar las flores o bien a dejarlo a un lado hasta encontrar un mejor momento para buscarle un sitio. No deje a sus invitados solo en busca de un jarrón, desenvolviendo el ramo o cualquier otra acción que requiera su ausencia durante demasiado tiempo.

Si no es amigo de regalar flores, puede presentarse con un detalle que entregará a los anfitriones nada más saludarles. Un buen vino, una caja de bombones u otros dulces, un libro de arte o temática similar... pero nunca detalles personales. A ser posible, tampoco detalles que comprometan a los anfitriones a ofrecerlos durante el almuerzo o la cena, como una tarta, unos pasteles, etc. Regale detalles que puedan dejarse para otra ocasión y que no se estropeen como el vino, los bombones, etc.

Si la invitación no es para una determinada celebración o encuentro, si no para pasar unos días en una finca, en la casa de la playa o en cualquier otro lugar, puede optar por llevar un regalo el día que se presenta en su casa, y otro al partir, enviando, por ejemplo, unas flores al día siguiente de su marcha agradeciendo las atenciones recibidas. La invitación a pasar unos días es demasiado indeterminada por lo que usted no debe abusar de la generosidad de sus anfitriones. Lo mejor es dejar bien claro, al principio, la fecha de partida, para que los anfitriones puedan establecer sus planes, en los que puede entrar, entre otros, invitar a otros amigos contando con el dato del día en que usted se va.

Por mucho que le insistan los anfitriones, no debe ceder a permanecer más días de los previstos, salvo por una razón excepcional. Puede alegar cualquier otro compromiso u obligaciones profesionales, pero no acceda a ampliar su estancia en la casa. En muchos casos, se dice por puro compromiso, aunque no quite que haya, en algunos momentos, verdaderos sentimientos de afecto y cordialidad que les empujen a ello. Todo el mundo necesita disfrutar de su espacio e intimidad, y sus anfitriones, también.

Desde el primer momento debe adaptarse a las costumbres de la casa, aunque sean muy distintas a las suyas. Si tiene alguna duda, no vacile en preguntar a los dueños de la casa o al personal de servicio, si lo tienen. Procure hacer unos horarios similares a los de sus anfitriones, para evitar causarles cualquier tipo de trastorno en sus actividades cotidianas.

 

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