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Los niños y la conversación, en verso

Al hablar, tu locución debe ser correcta y pura,revelando la finura de una buena educación

 

Nuevo Manual de Urbanidad y Buenas Maneras, escrito en verso para la infancia. París, 1.880

Urbanidad y buenos modales en verso
Urbanidad en verso. Urbanidad y buenos modales en verso

Las conversaciones y los niños. Reglas de etiqueta para mantener una conversación

Aquella urbanidad

Se en tus palabras atento

y decente en tu lenguaje,

porque es la palabra el traje

que se viste el pensamiento.

 

Al hablar, tu locución

debe ser correcta y pura,

revelando la finura

de una buena educación.

No con modo oscuro y raro

las letras pronuncies mal,

sino en tono natural

y con acento muy claro.

 

No has de hablar lentamente,

que indique pena o fatiga,

ni tan veloz que se diga

que pareces un torrente.

 

Ora expreses el contento,

oro del dolor la idea,

haz que en tu rostro se vea

pintado tu pensamiento.

 

No con alegre semblante

hables de afán y agonía,

ni hables nunca de alegría

con rostro agonizante.

 

Pues la manera sentida

de expresar una impresión

completa la locución

y le infunde nueva vida.

 

Más no exageres el tono,

ni gesticules de suerte

que excites risa, y al verte,

te confundan con un mono.

 

Jamás intérprete seas,

ni aún con buenas intenciones,

ni aún con bellas expresiones

de indecorosas ideas.

 

Que aunque esté con traje hermoso,

jamás el mal será bueno;

ni aún entre rosas el cieno

puede tornarse oloroso.

A la atención nunca falles,

ni sarcástico censures,

ni te enfurezcas, ni jures,

ni blasfemes, ni te exaltes.

 

No con labios maldicientes,

hagas al decoro ultraje;

usa siempre en tu lenguaje

las palabras más decentes.

 

Nunca debes emplear

esas palabras odiosas,

malignas y sospechosas

que usa la gente vulgar.

 

No hagas mención indiscreto

de alguno por sobrenombre,

porque siempre cualquier hombre

merece amor y respeto.

 

Con amable cortesía,

debes siempre hablar de todo;

no uses sarcástico modo,

ni maliciosa ironía.

 

Nunca audaz debes hacer

a una persona alusión,

ni atrevida relación

que pueda a alguno ofender.

 

No hables como un majadero

de tu familia y tu casa,

de que es tu fortuna escasa

o de que tienes dinero.

 

Solo un secreto profundo

la paz del hogar concilia,

las cosas de la familia

no pertenecen al mundo.

 

Indica además tontera

y fatuidad y egoísmo,

hablar siempre de si mismo

en un círculo cualquiera.

 

Cede siempre la razón,

cuando vencido te veas,

y nunca espíritu seas

de necia contradicción.

 

Las disputas siempre trunca,

con calma, sin grosería;

discute con cortesía

pero no disputes nunca.

 

Con el mayor miramiento

a todo tienes que hablar,

y siempre les debes dar

su título o tratamiento.

 

No difuso sin sentir

prolongues tu relación,

ni repitas sin razón

lo que acabas de decir.

 

Jamás con otra eslabones

la discusión, se conciso,

y en tus palabras preciso,

y huye de necias disgresiones.

 

No con modos detestables

charles sin cuidar de nada;

fija siempre la mirada

en la persona a quien hables.

 

Porque es insolencia mucha

y falta de miramiento,

estar hablándole al viento

cuando alguno nos escucha.

 

No con risibles afanes

violento al hablar te agites,

ni de otra persona imites

la voz y los ademanes.

 

No sigas al mentecato,

que es al hablar un cencerro,

que ladra si nombre a un perro,

que maulla como un gato.

 

Que truena como tormenta,

que usa eterno retintin,

que hace al toque de clarín

y en una explosión revienta.

No imites al que en su ingrata

charla eterna y sus acciones

nos estira los botones

y nos mueve la corbata.

 

Nunca ante otros desatento

en voz baja estés hablando,

ni hables nunca bostezando

o con tono soñoliento.

 

No satirices cruel

ofendido y envidioso,

ni hagas nunca el gracioso

porque es un triste papel.

 

No en charlar de todos modos

cifres tu gloria y afán,

porque, al oírte, dirán

que hablas, niño, por los codos.

 

Y no es la fama mejor

que haber puede un caballero,

la de aturdido y ligero

y sempiterno hablador.

 

Cuando llegue a acontecer

que otro hable al querer tu hablar,

debes el turno dejar

siendo el primero en ceder.

 

Habla siempre bondadoso,

de modestia revestido,

más no hables nunca encogido,

ni entre dientes, ni medroso.

 

Jamás uses esa red

del lenguaje insustancial:

¡Eh! ¿no le dije? ¿qué tal?

¿está usted  ¿me entiende usted?

 

Nunca atrevido y ligero

en maldiciones prorrumpas;

jamás al que habla interrumpas

descomedido y grosero.

 

Siempre debes escuchar

al que habla, con atención,

y en ajena discusión

nunca te debes mezclar

 

Al hablar de los ausentes,

ser bondadoso procura,

y exprésate con finura

cual si estuvieran presentes.

 

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