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El beso está de moda en los negocios. Protocolo empresarial.

La diversidad de nuestras actuales empresas provoca curiosas situaciones por el distinto significado que este acto de afecto tiene en las diferentes culturas.

 

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De un tiempo a esta parte los actos sociales tienen todas las papeletas para comenzar o concluir con un intercambio de besos. La diversidad de nuestras actuales empresas provoca curiosas situaciones por el distinto significado que este acto de afecto tiene en las diferentes culturas. ¿Cómo reaccionar?

Centros de llamadas que gestionan desde Calcuta tarjetas de crédito británicas. Café americano aguado servido en París. La omnipresencia de Enrique Iglesias. Es lo que tiene la globalización. Pero quizá el efecto secundario más problemático de la práctica desaparición de las fronteras ha sido la confusión general sobre lo que significa un beso en el mundo de los negocios.

Antes, al menos en las compañías anglosajonas, el apretón de manos era el único contacto físico entre colegas de distinto sexo. Incluso hubo un tiempo en que sucedía lo mismo entre los matrimonios británicos.

Pero hoy, un acto social de trabajo tiene todas las papeletas de empezar o acabar con un beso en la mejilla, en las dos, un apretón de manos y un beso en la mejilla, o un beso al aire acompañado por una muac. Hace poco, ante el visible horror de la receptora, que por su cara parecía que le estaba dando un cólico al riñón, fui testigo de cómo alguien terminaba una comida de negocio besando la mano de la cliente.

De hecho, la única certeza es que no hay certezas. Si lo que he visto sirve de algo, en el momento crucial en que alguien decide dar un beso que iba destinado a la mejilla y acaba en la boca, la nariz o en una oreja, es incapaz de decidir si parecer encantado o salir corriendo.

Alta sociedad.

La confusión se extiende a los niveles más altos: Condoleezza Rice recibió dos besos de Bush cuando fue presentada en la Casa Blanca como secretaria de Estado, mientras que Margaret Spellings, la nueva secretaria de Educación, fue felicitada de forma más extraña con un chusco en la comisura de los labios.

Algunos podrían atribuir este aumento de los besos sociales a la globalización: la creciente influencia de los medios de comunicación, por ejemplo, donde los besos al aire son la norma, o la introducción de las emociones en la empresa.

Hoy, no basta con trabajar en una compañía, hay que demostrar pasión también. He leído un artículo escrito en la década de los 80 que culpaba de la llegada del beso corporativo a la incorporación de la mujer al lugar de trabajo.

Sin embargo, creo que la globalización es un factor más importante. Por dos razones: mis besos sociales más torpes han sido con personas de diferentes países. Las investigaciones realizadas por Vaughn Bryant, un antropólogo de la Universidad de Texas A&M, sugiere que la urgencia por besar es esencialmente cultural más que algo que distingue a las féminas.

Con la cantidad de culturas nacionales con las que nos cruzamos en el trabajo, es sorprendente que la confusión no sea aún mayor. Es casi imposible saber lo que el otro espera. En Normandía la norma es cuatro besos (dos en cada mejilla). Otros europeos se besan tres veces (derecha, izquierda, derecha). En algunas partes de Rusia, el número de besos puede exceder seis, mientras que en otras partes los hombres no tienen ningún problema en besarse en los labios. Por otro lado, los japoneses y los chinos no son nada dados al contacto físico.

¿Qué hay que hacer entonces? Bueno, los expertos coinciden en que la etiqueta en los negocios es: no besar. Sin embargo, a mí me resulta difícil ser tan estricto. Habiendo sido educado por los punjabis -que no son los más entusiastas del beso- in the British West Midland, donde cualquier contacto físico que no cause sangre o heridas es considerado innecesario, una parte de mí cree que un hola y un apretón de manos entre colegas es más que suficiente.

Al mismo tiempo, el punjabi que hay en mí (aunque no somos partidarios de los besos, sí de los sofocantes abrazos) junto con mi profesión (he asistido a cenas en Londres donde incluso el anfitrión masculino me ha besado para despedirse) y una cierta dosis de necesidad me hace pensar que no hay nada de malo en las demostraciones físicas del afecto.

Positivos.

Tras largas consideraciones, he llegado a la conclusión de que los besos sociales entre colegas están bien. El hecho es que es bastante posible sentir un verdadero afecto por las personas con las que trabajamos y un beso después de una cena o una fiesta puede ser una expresión mutua de respeto. Significa que somos compañeros, que esto no es cien por cien negocios. Pero dado que sólo los franceses pueden ejercitar el beso social con cierta dignidad, merece la pena recordar ciertas reglas para asegurarse de que ese muac no se convierte en un muaaaaaaaaaaac.

Primero, como cuando se baila, para minimizar el riesgo de caer en el ridículo, alguna demanda criminal o el típico choque de cabezas, es prudente que el hombre permita que en cuestión de besos sea la mujer quien dirija el cotarro. Segundo, si se ve sorprendido por un beso, no intente parecer una víctima del mordisco de una serpiente; después de todo, aparte de contraer meningitis bacteriana, ¿qué otra cosa mala puede ocurrir? Tercero, nada de lenguas, nunca. Cuarto, besar a los colegas cuando llega y se va de la oficina es excesivo. Y, finalmente, nunca bese la mano de alguien cuando salude: puede que parezca un caballero salido de alguna novela de Jane Austen, pero hoy en día sólo le catapultará como un auténtico excéntrico.

 

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