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Teorías sobre la cortesía.

El origen de la palabra cortesía lo encontramos en la vida de la corte, en la que los cortesanos seguían una serie de pautas sociales que les distinguía del pueblo llano

 

RedELE Num. 4 Segundo Semestre 2005.
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Teorías sobre la cortesía.

El origen de la palabra cortesía lo encontramos en la vida de la corte, en la que los cortesanos seguían una serie de pautas sociales que les distinguía del pueblo llano. Esta definición ha evolucionado enormemente hasta nuestros días, pasando de considerarse un aspecto puramente social a uno estratégico y conversacional. Hoy en día sabemos que la cortesía, vista desde una óptica social, existe en todas las lenguas y culturas, pero que sus diferentes manifestaciones dependen de las creencias, valores y presupuestos, es decir, de las convenciones socioculturales que éstas tengan, como afirma Haverkate (1994: 12); uno de los estudiosos que mejor han tratado este tema:

Aunque la cortesía se considera como una forma de comportamiento humano universal, es sabido que existe una serie de diferencias interculturales en lo que no sólo respecta a la manifestación formal, sino también a la función interactiva de las normas vigentes en cada cultura específica.

Un ejemplo clásico es la diferencia entre las culturas orientales, concretamente la japonesa, y las occidentales. En las primeras existe una jerarquía muy rígida que no permite a sus hablantes utilizar diferentes estrategias en el uso, por ejemplo, de las fórmulas de tratamiento (tú-usted), mientras que los occidentales, por el contrario, somos más flexibles y las opciones estratégicas para la elección de una u otra fórmula son mayores.

La definición que da Fraser de la cortesía, recogida por Haverkate (1994: 16), es muy interesante. Para él la cortesía verbal hace referencia a, lo que denomina, "contrato conversacional", es decir, los derechos y obligaciones mutuas de las personas que traban una conversación:

Dada la noción del contrato conversacional, podemos decir que una locución es cortés en el sentido de que el hablante, a juicio del oyente, no ha violado los derechos u obligaciones vigentes en ese momento en que la profiere.

Por supuesto, debemos tener en cuenta que la cortesía afecta a la interacción verbal, no al contenido proposicional del mensaje. Es decir, un hablante que no tuviera en cuenta las normas de cortesía podría ser más o menos cortés o crear errores pragmáticos o con su enunciación, pero lingüísticamente el mensaje sería recibido y descodificado por el oyente.

Otro de los autores fundacionales de la teoría pragmática que conviene recordar aquí es Grice, quien, en los años 60, teoriza sobre el principio de cooperación (todos los hablantes presuponemos que nuestro interlocutor va a cooperar en el acto comunicativo a través del cumplimiento de una serie de máximas), con el que se intenta asegurar una transmisión de información eficaz. Se le conoce, fundamentalmente, por haber establecido las máximas que rigen toda conversación y que son las siguientes:

  • La de cantidad, con la que se especifica que el hablante no debe dar ni más ni menos información de la solicitada por su interlocutor.
  • La de cualidad, el hablante no debe decir nada que crea falso o de lo que no tenga pruebas para comprobar su veracidad.
  • La de relación, los hablantes deben ser relevantes en sus conversaciones.
  • La de modalidad, el hablante no debe crear ambigüedades, debe ser ordenado en su exposición.

Cuando se viola una máxima o no se sigue el principio de cooperación se crea un proceso inferencial que lleva a una implicatura -Ernesto Martín Peris en su Diccionario de términos clave la define: "Se entiende por implicatura una información que el emisor de un mensaje trata de hacer manifiesta a su interlocutor sin expresarla explícitamente"-. De la misma forma que habla de estas máximas, también afirma que hay otras (estéticas, sociales, morales ...) como, por ejemplo, "sea cortés" y que, por tanto, como afirma Escandell (1998: 8), el efecto cortés nace de una implicatura.

Es Lakoff (1991), en los años 70, el primero en hablar de dos reglas básicas de adecuación pragmática: "sea claro", esto es, sea eficaz en la transmisión de la información, y "sea cortés", es decir, atenúe las posibles tensiones que pueden surgir en una interacción. De esta forma, la segunda regla permite una subdivisión: "no se imponga", "ofrezca opciones" y "refuerce los lazos de camaradería". La primera subdivisión tiene que ver con evitar o mitigar la imposición sobre el interlocutor a través de diferentes estrategias como las formas indirectas o la petición; por ejemplo, en la sala de espera del médico, donde los interlocutores no tienen confianza, un enunciado podría ser ¿Le importaría, si no es molestia, cerrar la ventana?; otro ejemplo lo encontraríamos en un piso de estudiantes donde todavía no se conocen demasiado ni tienen pactados los horarios, en este caso podría decirse: Hay que bajar la basura. Con "ofrezca opciones", el interlocutor intenta no crear tensiones si se rechaza la propia opinión, es decir, un enunciado como ¿Te parece bien si tú bajas la basura mientras yo friego los platos?, serviría para no dañarnos a nosotros mismos si el interlocutor no aceptase la opción que le damos, ya que con este enunciado dejamos abierta otra posibilidad. La última se utiliza cuando ya existe una familiaridad con el interlocutor y nuestra intención es estrecharla más a través de estrategias como mostrar interés por el interlocutor, ponernos en su lugar, etc. (como, por ejemplo, cuando en clase la profesora pregunta ¿Hemos hecho hoy los deberes?).

Leech (1983), una década más tarde, en 1983, propone el principio de cortesía, olvidando así la división en reglas de Lakoff. Para él, la comunicación sirve para mantener o modificar la relación existente entre los interlocutores, y esto se consigue a través del principio regulador de la cortesía, en el cual entran en juego las posiciones sociales de los interlocutores. Por otra parte, también habla de la "cortesía absoluta", es decir, algunos actos son por naturaleza descorteses como, por ejemplo, el mandato, y otros son corteses, por ejemplo, un ofrecimiento.

Este autor crea una relación de coste-beneficio, cuanto mayor es el coste y menor el beneficio para el destinatario, estamos ante un acto más descortés que uno en el que el coste es menor y el beneficio mayor. Teniendo en cuenta esta fórmula, propone la siguiente clasificación:

a) "acciones que apoyan la cortesía": como felicitar, saludar, ofrecer ...

b) "acciones prácticamente indiferentes a la cortesía": afirmar, informar ...

c) "acciones que entran en conflicto con la cortesía": pedir, preguntar ...

d) "acciones dirigidas frontalmente contra el mantenimiento de la relación entre los interlocutores": amenazar, acusar ...

Lógicamente, estas acciones se pueden interrelacionar, dependiendo siempre del tipo de cortesía, la cual puede ser positiva o negativa: "la cortesía negativa consiste en minimizar la descortesía de las ilocuciones descorteses y la (cortesía) positiva, en maximizar la cortesía de las corteses" (Escandell, 2002: 145).

Brown y Levinson (1987) también harán una distinción entre cortesía positiva y negativa, pero diferente a la de Leech. En primer lugar, éstos parten de la idea de que la sociedad es inherentemente agresiva, la cortesía presupone esta agresividad e intenta minimizarla a través de estrategias para mantener las relaciones sociales. Así pues, estos autores se basan en la "imagen pública" para elaborar su teoría, los hablantes deben intentar no dañar ni amenazar dicha imagen, y para ello se ponen en práctica una serie de estrategias. Diferencian entre dos tipos de imagen: la negativa (no sufrir imposiciones de los otros interlocutores) y la positiva (ser apreciado por los demás). La noción de "imagen" es universal, al igual que sus dos vertientes, lo que varía según la cultura en que nos encontremos son los rasgos que componen cada una de ellas.

Para estos autores, hay una serie de "acciones que amenazan la imagen pública", las cuales tienden a ser suavizadas por el interlocutor. Para ello existen las siguientes estrategias: abierta y directa; abierta e indirecta, con cortesía positiva; abierta e indirecta, con cortesía negativa; encubierta; y evitar tales acciones. Una estrategia es "abierta", cuando el interlocutor muestra su intención al destinatario. Si, además, esta estrategia es "directa", el emisor es claro y conciso como, por ejemplo, en Pon la mesa, donde el mayor o menor grado de cortesía lo indica el nivel de amenaza a la imagen pública. La diferencia entre estrategias "directas" e "indirectas" es que estas últimas intentan mitigar el posible daño a dicha imagen. Dentro de las indirectas, podemos distinguir las estrategias en las que se usa cortesía positiva y en las que se usa negativa, con las primeras se intenta crear un ambiente de familiaridad y amistad identificándonos con nuestro interlocutor, de esta forma, el ejemplo anterior podría transformarse en Tenemos que poner la mesa. Con aquellas en las que se utiliza la cortesía negativa, el emisor intenta que el destinatario no se vea en la obligación de hacer lo que le pide dándole opciones, uno de los enunciados que ejemplifica estas estrategias es ¿Puedes poner la mesa, por favor?Por último, con una estrategia "encubierta", a diferencia de una "abierta", el interlocutor no expresa claramente su intención, las oraciones impersonales serían un ejemplo, así pues, diríamos Hay que poner la mesa.

En la teoría de Sperber y Wilson (1989), existe un único principio, el principio de relevancia, que establece que toda comunicación se presupone relevante. Para estos autores, al contrario que para Grice, no existen máximas cuya violación crea implicaturas; la fuerza ilocutiva depende tanto de la forma lingüística como del contexto, entendido éste último como "el subconjunto particular de supuestos que el oyente utiliza para la interpretación de un determinado enunciado" (Escandell, 2002). Teniendo esto en cuenta, podemos decir que para Sperber y Wilson la cortesía es un efecto que depende de los supuestos previos que un individuo haya adquirido sobre cuál es el comportamiento adecuado es, por tanto, un tipo particular de efecto contextual, es decir, para saber si un enunciado es cortés o no, el hablante debe saber lo que resulta cortés o descortés en esa cultura.

Tras un repaso de los diferentes autores y teorías sobre la cortesía y los actos de habla, creo oportuno dedicar el siguiente punto a comentar la clasificación de Haverkate (1994) sobre los diferentes actos de habla, pues es en la que me he basado para seleccionar los actos analizados en este trabajo y, como he dicho anteriormente, uno de los estudiosos actuales que mejor han tratado este tema.

Artículo perteneciente al trabajo: Pragmática e interculturalidad en la enseñanza del español como lengua extranjera, las estrategias de cortesía en los manuales E/LE

 

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