Vida de hotel. Etiqueta en las vacaciones
Al llegar al hotel es prudente hablar claramente con el administrador sobre precios, condiciones, requisitos, horarios

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Al arte de viajar y el buen comportamiento
Es en la época de vacaciones cuando más netamente se ponen en evidencia las personas que dominan el arte de viajar, escribe Jacobita Echániz en su nunca suficientemente bien ponderado Libro de etiqueta (Editorial Bell, Buenos Aires, 1951).
"El secreto de este arte está en simplificar todo lo material, dando así al espíritu la libertad y el tiempo necesarios para buscar y apreciar lo nuevo", explica la señora Echániz.
En otras palabras, se trata de viajar simplificando al máximo el equipaje, con tanto ingenio y refinamiento que parezca poco lo que llevamos. Sin embargo, la idea básica es que en las más diversas eventualidades luzcamos siempre la ropa apropiada, algo que conseguiremos gracias a elecciones exactas que se puedan combinar entre sí:
"El secreto reside en llevar pocas cosas, pero que sean clásicas, muy buenas y completas".
De este modo, merced a un detalle, a un accesorio, a una mezcla o alianza de prendas, estaremos en condiciones de lucir intachablemente elegantes dentro y fuera del hotel.
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Desde luego, "la gente amante de las comodidades siempre reserva habitaciones por anticipado: esto se hace enviando una carta, correo electrónico o telegrama, anunciando exactamente la fecha y hora de llegada, y de preferencia, la duración de la estadía". Para evitar sorpresas ingratas o posibles disgustos, dice el libro de etiqueta, al llegar al hotel es prudente hablar claramente con el administrador sobre precios, condiciones, requisitos, horarios.
Si se trata de un hotel que incluye una o dos comidas principales, las señoras podrán bajar al comedor con el sombrero puesto y no se lo quitarán en ningún momento. Por otra parte, informa Jacobita, "no es correcto que las familias que viajan con niños pequeños los hagan comer en la mesa a la hora en que lo hace todo el mundo. Los chicos deben comer solos, aparte y más temprano, vigilados por la niñera o la madre".
A su vez, en el "Manual Buenas Maneras" (Javier Vergara, 1991), Leticia Vigil apunta que "es perfectamente correcto hacerse mostrar el cuarto en cualquier hotel, especialmente en los de aspecto sospechoso (sic). También se puede explorar el baño". Y si no se está de acuerdo, es perfectamente lícito pedir un cambio de habitación.
Los buenos modales se imponen en esta suerte de convivencia a distancia que se produce en la vida de hotel: no hay que golpear las puertas, ni hacer ruidos en el cuarto, ni subir el volumen de la radio o la televisión, "ídem el diapasón de las conversaciones en los pasillos". La mucama, por si no lo tenían claro, está para hacer el aseo y prestar ciertos servicios puntuales, "pero de ninguna manera es una empleada tiempo completo a la que se puedan dar órdenes o acaparar".
Muchos hoteles ofrecen en las habitaciones pequeños refrigeradores con bebidas y otros elementos que, como lo sabe la gente viajada, no son gratis. Como tampoco las llamadas telefónicas que, por el contrario, tienen un sobreprecio. Son datos que hay que tener muy en cuenta, se hospede usted en el Waldorf Astoria o en un hotelito familiar donde todavía se dice "buen provecho", expresión obviamente desaconsejada que en ciertas ocasiones no queda más remedio que pronunciar.
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