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Cómo manejar con elegancia y discreción a la persona que monopoliza una conversación hablando de sí mismo (con infografía)

Una conversación no es un monólogo, sino un equilibro entre hablar y escuchar. Y hay que procurar no hablar de uno mismo todo el tiempo

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Se puede contar alguna anécdota, pero no contar toda tu vida, viajes y logros en una conversación
Una conversación no es un monólogo y menos para hablar todo el rato de uno mismo. Se puede contar alguna anécdota, pero no contar toda tu vida, viajes y logros en una conversación

La conversación no es un monólogo. Ir más allá del "yo" y del hablar de uno mismo

Es bastante paradójico que vivamos en un tiempo en el que nos comunicamos constantemente a través de nuestros teléfonos y nuestras redes sociales y, a la vez, suframos una crisis de comunicación tan grande como la actual. Sí, señores, nos falta comunicación. A menudo, confundimos "hablar" con "comunicar".

Durante años de observación sobre temáticas sobre el comportamiento social, he notado que el error más frecuente —y el que más daña nuestra imagen personal y nuestras relaciones— no es usar el tenedor equivocado, sino el uso indiscriminado del pronombre "yo"

La verdadera elegancia, esa que trasciende la moda, radica en cómo hacemos sentir bien a los demás. Y no hay nada que haga sentir más insignificante a una persona que ser utilizada como un mero espectador en el monólogo de otra persona que habla sin parar de sí misma.

El partido de tenis vs. el frontón

Para entender cómo funciona una conversación educada, usaremos la analogía del deporte.

Una buena conversación debe ser como un partido de tenis amistoso. Uno lanza la pelota (un tema), y la otra persona la recibe, la procesa y la devuelve con un matiz o enfoque nuevo. Hay un ritmo, un intercambio y, sobre todo, un interés compartido en mantener la pelota en el aire. 

Sin embargo, el "monologuista social" juega al frontón solo. No le importa quién está a su lado; lanza la pelota con fuerza contra la pared esperando que rebote directamente hacia él. Su interlocutor no es un compañero, es solo la pared necesaria para que su propia voz resuene y sea escuchada.

¿Padece usted de "secuestro conversacional"?

Antes de juzgar a ese amigo o familiar que no para de hablar de sí mismo, la etiqueta social nos exige hacer una pequeña introspección. Es fácil ver la paja en el ojo ajeno, pero a veces, la ansiedad o el entusiasmo nos traicionan y nosotros reaccionamos de la misma manera, hablando sin parar sobre nosotros mismos. Nos emocionamos contando nuestro último viaje o nuestros logros en un proyecto empresarial nuevo.

Vamos a ver alguna de estas "infracciones" conversacionales:

1. La respuesta con un cambio de protagonista:

Situación: Un amigo dice: "Estoy agotado, tuve una semana terrible en la oficina".

Su reacción: "¿Tú? Espera a que te cuente mi semana. Mi jefe me hizo trabajar hasta el sábado..."

El error: Usted ha secuestrado el tema. Ha usado el dolor ajeno como trampolín para tratar de contar su propia historia.

La alternativa elegante y más adecuada sería decir algo como: "Lo siento mucho. ¿Qué te ocurrió exactamente para que fuera tan mala tu semana?"

2. La escucha Intermitente:

Mientras la otra persona habla, ¿está usted realmente escuchando, o simplemente está esperando una pausa para insertar su anécdota o historia? Si su mente está redactando su siguiente guion en lugar de atender a lo que le dicen, no está conversando; simplemente, está esperando su turno.

Cómo manejar al "narcisista conversacional" con cierta elegancia

Todos nos hemos encontrado alguna vez  atrapados por alguien que parece sufrir el "síndrome del protagonista". La reacción natural es el aburrimiento o tratar de irse, pero el protocolo social nos ofrece algunas "herramientas" para manejar este tipo de situaciones con una cierta distinción y amabilidad, sin perder la compostura.

1. La técnica del "foco inverso"

Si su interlocutor insiste en hablar de sus logros incesantemente, utilice una sutil cortesía para restablecer el equilibrio de la conversación sin ser grosero.

Cómo funciona: Valide su comentario brevemente y devuelva el foco de la conversación al grupo o al tema original del que estaban hablando.

Ejemplo: "Es fascinante tu experiencia en Roma, Juan. Eso me hace pensar en lo que comentaba María antes sobre la arquitectura italiana. María, ¿qué opinas tú al respecto?"

Por qué funciona: Usted actúa como un moderador muy sutil, rescatando a los demás participantes sin confrontarse directamente con la persona que monopoliza la conversación.

2. El silencio elocuente

A veces, no hay mejor respuesta que la ausencia de cualquier tipo de comentario. Cuando alguien cuenta una historia buscando aplausos constantes o compitiendo por ver quién sufre más o cuenta la historia más original, evite alimentar el fuego con preguntas de cualquier tipo. Simplemente, guarde silencio.

Acción: Mantenga una leve sonrisa, asienta cortésmente con la cabeza, pero no pregunte "¿Y luego qué pasó?". Deje que el silencio haga su trabajo. A menudo, el monologuista necesita "combustible" para seguir hablando; si usted no se lo da, el motor se detiene.

Cuando participan todas las personas presentes, las conversaciones se suelen enriquecer
Una conversación debe mantener un equilibrio entre saber escuchar y hablar. Cuando participan todas las personas presentes, las conversaciones se suelen enriquecer

3. La salida diplomática

La etiqueta no le obliga a ser mártir del aburrimiento. Si la situación se vuelve insostenible, retírese con cierta gracia.

La fórmula: Disculpa + Razón indefinida + Deseo positivo.

Ejemplo: "Ha sido muy interesante escuchar tus anécdotas, Pedro. Discúlpame, veo a alguien a quien debo saludar antes de que se vaya. Con permiso". Y te vas.

La regla de oro: Escuchar es un acto de generosidad.

La conclusión es sencilla pero poderosa: Prestar atención es el gesto de cortesía que más escasea hoy en día.

Saber escuchar implica mirar a los ojos, dejar el teléfono en el bolsillo (la etiqueta social lo recomienda) y hacer preguntas abiertas que permitan al otro brillar. La persona con más clase en una reunión o celebración no es la que más habla, sino la que hace que los demás se sientan más importantes y bien atendidos.

Vamos a recuperar entre todos el arte de la pausa, del interés por el otro y de la reciprocidad. Porque al final, una buena conversación es aquella que, como en un buen debate, nadie pisa al otro y todos disfrutan de las aportaciones de los demás. Una buena conversación es aquella que encuentra el equilibrio entre el hablar y el escuchar.

Infografía: Hablar sobre uno mismo en las conversaciones

Cómo manejar un monólogo con elegancia y con mucho tacto
Hablar todo el rato de uno mismo, El yo primero. Cómo manejar un monólogo con elegancia y con mucho tacto

 

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Cómo manejar un monólogo con elegancia y con mucho tacto

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