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Del modo de conducirnos en diferentes lugares fuera de nuestra casa. Del modo de conducirnos en los espectáculos.

Cuando hayamos de concurrir a una diversión pública presentémonos en el local un poco antes de la hora señalada para principiarse.

 

Manual de Buenas Costumbres y Modales. 1.852
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Manual de Buenas Costumbres y Modales. Urbanidad y Buenas Maneras.

1. Cuando hayamos de concurrir a una diversión pública presentémonos en el local un poco antes de la hora señalada para principiarse, a fin de no exponernos a tener que entrar en momentos en que perturbemos a los demás. Esta regla debe ser más estrictamente observada por las señoras, por cuanto no siendo en ellas decoroso que esperen, como los hombres, el inmediato entreacto o intervalo para penetrar hasta sus asientos, su llegada después de principiada la función, habría de molestar siempre a los circunstantes.

2. Cuando un caballero acompaña a señoras a un espectáculo, debe cuidar de colocarlas en los mejores asientos por el orden de sus edades y demás circunstancias personales, situándose él después en el lugar de menos comodidad y preferencia.

3. El caballero que no va acompañando a señoras, y llega al local después de principiada la función, jamás intentará penetrar hasta su asiento, si de este modo ha de llamar la atención de los demás, y sobre todo si ha de molestarlos, sino que guardará para hacerlo al inmediato intervalo.

4. Cuando al llegar un caballero encontrase que su asiento ha sido ocupado por una señora, deberá suponer que tal cosa no ha podido suceder sino por una equivocación, y renunciará enteramente y en silencio a su derecho.

5. Antes de tomar asiento, cerciorémonos de que no lo hacemos en un puesto ajeno, pues nada debe ser más desagradable para un hombre delicado, que una reclamación justa de esta especie. Y antes de dirigirnos a una persona a reclamarle el asiento que ocupa, asegurémonos de que realmente nos pertenece, pues sería todavía más desagradable el que se nos convenciese de que procedíamos equivocada y precipitadamente.

6. Es un acto descortés, y en que se manifiesta poco respeto a la concurrencia, el sentarse en un palco dando la espalda a la escena. Despreciándose de este modo a los actores, se hace naturalmente una ofensa a aquellos que los han considerado dignos de su atención.

7. No permanezcamos jamás con el sombrero puesto en medio de la concurrencia, especialmente si en ella se encuentran señoras. Cuando no haya más que hombres apenas será tolerable el cubrirse durante los intervalos. Y respecto de las señoras, no es delicado que abusen de los fueros y privilegios de que tan justamente gozan en manera que hayan de estorbar la vista a las personas que queden por detrás.

8. En las funciones en que los asientos sean comunes, los caballeros deben ceder siempre los mejores puestos a las señoras, y los inferiores cederlos a los superiores.

9. Procuremos no separarnos de nuestro asiento durante los intervalos, sin una
necesidad urgente, cuando para hacerlo hayamos de molestar a nuestros vecinos.

10. Algunas personas que se encuentran lejos de sus asientos durante los intervalos, suelen desatender; el signo que se usa para anunciar que va a continuar la función, de modo que entran después precipitadamente cuando han de perturbar a los demás. Evitaremos incurrir en semejante falta; y cuando por algún motivo legítimo no hayamos podido acudir a tomar oportunamente nuestro asiento, esperemos para hacerlo al siguiente intervalo.

11. Es sobremanera descortés fumar en el local, de manera que el humo del tabaco penetre en los lugares donde se encuentra la concurrencia, aun cuando ésta se componga sólo de hombres.

12. Son también actos descorteses y groseros el conversar o hacer cualquier otro ruido en medio del espectáculo, llamar la atención de las personas inmediatas para pedirles o hacerles explicaciones relativas al acto que presencian, reír a carcajadas en los pasajes chistosos de una pieza dramática, prorrumpir en exclamaciones bulliciosas en medio del silencio general, y romper en aplausos inoportunos, o prolongar los que sean oportunos hasta llegar a molestar a los concurrentes.

13. Para los aplausos hay reglas especiales, las cuales no pueden desatenderse sin incurrir en graves faltas, que arguyen ignorancia y mala educación. He aquí las principales:

13.1. El palmoteo en la comedia debe ser corto, porque el juego dramático es en ella más rápido que en la tragedia, y ofrece menos descanso en la terminación de los períodos.

13.2. En la tragedia puede ser más largo, porque el movimiento de la pieza es siempre grave y lento, mas hay situaciones en que el aplauso puede campear más libremente, y aun comunicar solemnidad a la representación.

13.3. Jamás debe palmotearse en medio de un período, sobre todo si el interés va en él en crecimiento.

13.4. Según esto, el palmoteo sólo es oportuno en la cabal terminación de un período; y tanto en la comedia como en la tragedia será menos prolongado, a medida que esté más próxima la continuación del diálogo.

13.5. En medio de un período en que el actor arranque súbitamente un aplauso, el palmoteo es inoportuno, y lejos de alentar el entusiasmo artístico, lo enfría enteramente, sustituyéndolo con el desagrado que experimenta el actor al ver cortado el vuelo de su inspiración, y malogrado el mayor éxito que acaso esperaba del desarrollo de toda su fuerza. En este caso, tan sólo es lícito el uso de una fugaz interjección, bien que siempre procurando que ella no dañe al interés del pasaje.

14. Respecto de los aplausos en los dramas líricos y demás funciones filarmónicas, se observarán las reglas del párrafo anterior que a ellas sean aplicables, y especialmente las siguientes:

14.1. El aplauso ruidoso es insoportable, cuando no ha terminado aún la frase musical.

14.2. Todo aplauso es inoportuno en medio de un recitado, de una cadencia, y de una frase cualquiera en que tome vuelo la imaginación del cantante.

14.3. En los calderones de un solo, el aplauso debe terminar antes que el cantante abandone el punto que sostiene, para prestar atención a la frase o terminación de frase que sigue.

14.4. En las arias, una vez que concluye el tema del allegro por segunda vez, suele seguir inmediatamente un canto corto y de delicado gusto, el cual quedaría oscurecido con un palmoteo que cayese sobre la terminación del tema.

14.5. En las piezas concertantes, no siempre es oportuno el aplauso, por el riesgo de destruir el efecto de las melodías parciales y de las transiciones. En el dúo, por ejemplo, en que por lo general repite un cantante todo el tema que el otro ha ejecutado, inmediatamente que lo termina, el palmoteo que aplaudiese al primero ofendería el canto del segundo. El momento del aplauso ruidoso en estas piezas, es generalmente el de los finales, cuando ya el canto no tiene grande interés, y los cantantes han alcanzado todo el éxito a que han podido aspirar.

15. Las personas prudentes y bien educadas, cuando no poseen los conocimientos que son necesarios para obrar en estos casos con el debido acierto, jamás se arriesgan a ser las primeras en aplaudir sino que se unen siempre al aplauso de los inteligentes.

16. Cuando un actor que ha entusiasmado al auditorio, y ha abandonado ya la escena, está recibiendo un palmoteo general, que comienzan siempre las personas más caracterizadas, se expresa el deseo de que aquél vuelva a presentarse, con el único objeto de aplaudirle de nuevo.

17. Es descortés y desconsiderado el pedir a un actor, o a un ejecutante cualquiera, la repetición de una pieza de fuerza. Tan sólo es lícito pedirla de trozos pequeños y que no empeñen demasiado los recursos del artista; por lo cual no está esto concedido, entre gentes bien educadas, sino a los inteligentes, que son los que pueden apreciar debidamente todas las circunstancias.

18. Cuando un actor o ejecutante cualquiera sufre una involuntaria equivocación, la benevolencia, que es tan propia de las personas bien educadas, prohíbe que se manifieste ningún signo de desaprobación que sea capaz de aumentar su embarazo, y de ofuscarle hasta el punto de que el rubor embargue sus potencias y venga a dejarle completamente deslucido.

19. Es igualmente indigno de una persona benévola y bien educada, el chiflar a un actor poco hábil o que, a pesar de sus esfuerzos, aparece inferior al papel que desempeña. Cuando el artista llega a desagradar al auditorio, ha experimentado ya la mayor de las desgracias que pueden acontecerle; y para comprenderlo, bástele el amargo silencio de la indiferencia o del hastío, sin que sea necesario empeorar su situación con la grosera burla. Esta, a más de ser ajena de las personas cultas, viene a ser un acto de verdadera crueldad, cuando se ejerce contra aquél en quien no puede suponerse otro deseo que el de agradar.

20. Cuando durante los intervalos visitemos a las señoras de nuestra amistad que se encuentran en los palcos, no cometeremos la descortesía de permanecer por largo tiempo en el asiento que un caballero nos haya cedido para que hagamos cómodamente nuestra visita; debiendo prolongar ésta lo menos posible, y retirándonos, sobre todo, en el momento en que se dé la señal de que la función va a continuar.

21. No es propio de personas finas y bien educadas el presentar a las señoras durante un espectáculo gran cantidad de dulces o frutas.

Ver el manual completo de Antonio Carreño.

 

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