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Vivir de las propinas.

La propina se basa en una ley no escrita que, si bien representa una cortesía para el que la da, constituye una parte importante de los ingresos mensuales para quien la recibe.

 

El Mundo
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Esta costumbre social es además una parte importante de los ingresos de muchos trabajadores.

Siete españoles pasaron recientemente un mal rato en la puerta del 'River Cafe' de Nueva York, justo debajo del puente de Brooklyn. Es un restaurante caro, y la cuenta de la cena superaba las 80.000 pesetas..sin contar el servicio.

El maitre que les atendía, con total naturalidad, les indicó que debían pagar más de 10.000 pesetas suplementarias, en concepto de propina. Los comensales se negaron. Hubo un fuerte cruce de palabras, pero no pasó de ahí.

Hasta el momento en que los españoles salieron a la calle y se encontraron con varios camareros, esperándoles a la puerta del restaurante con cara de pocos amigos. Estaban decididos a cobrar las 10.000 pesetas por las buenas o por las malas. Apurados, temblorosos, los españoles desenfundaron sus carteras, sacaron el dinero, pagaron y pudieron alejarse.

La propina se basa en una ley no escrita que, si bien representa una cortesía para el que la da, constituye una parte importante de los ingresos mensuales para quien la recibe.

En restaurantes, salas de juego, hoteles o discotecas, esta remuneración voluntaria tiene mucha razón de ser por el trato directo que el servicio tiene con el cliente. Es, al decir de los representantes sindicales y patronales de estos sectores, algo muy englobable en los canales de la 'economía sumergida'. Sin embargo, aunque no es fácil establecer cifras totales, Gerardo Borredo, presidente de la Federación Empresarial de Discotecas y Salas de Fiestas, cree que las propinas ya no son tantas como antes. "Los jóvenes se muestran reacios a dejar una gratificación", señala Borredo. Sin embargo, se detecta que, cuando dan una propina, suele ser más generosa que la que ofrecen los mayores.

Sobresueldo.

Como norma general, la propina no forma parte del salario reflejado en la nómina. Se trata de un dinero del que los empresarios prefieren no saber nada: "Muchas veces se reparte al final de la semana entre los integrantes de la barra de un bar. Y se puede dar el caso de que, si en un establecimiento hay más de una barra, los camareros de cada una de ellas hagan sus propias cuentas con la propina, sin contar con sus compañeros de otra barra", explica José Luis Guerra, secretario general de la Federación Española de Restaurantes, Cafeterías y Bares.

Su homólogo en la federación madrileña, Jesús Fernández, aventura la cifra que puede ganar un camarero con las propinas, que supera holgadamente las 15.000 pesetas mensuales. Fernández recuerda, sin embargo, que hay cada vez más locales que prohíben la propina. Este sector de bares y cafeterías se lleva la mejor parte de las gratificaciones. Teniendo en cuenta que en el ramo se emplean más de 700.000 personas y que cada una percibe esa media de 15.000 pesetas mensuales como premio, se puede deducir que la propina en el restaurante, el bar o la cafetería genera un movimiento de más de 120.000 millones de pesetas anuales. No es mal 'pellizco', si se considera que el sector en su conjunto facturó 7,9 billones de pesetas el pasado año.

Los casinos y las salas de juego tienen su propia idiosincrasia. Aquí la propina no sólo se computa, sino que forma parte de la nómina del trabajador que la recibe e, incluso, de los directivos de la empresa. Fuentes sindicales aportan datos que permiten saber que, por ejemplo, un subjefe de máquinas en el casino Gran Madrid tenía un salario base de 710.000 pesetas anuales. Sin embargo, ganaba 3,2 millones de pesetas. La diferencia estriba, básicamente, en las propinas.

En los casinos y salas de juego, la propina no se la queda quien la recibe. Pasa a formar un todo que es administrado por la empresa. Esta, a su vez, la emplea en pagar una parte muy sustancial de la nómina. Incluso detrae de la cantidad total de las propinas un 2% para el epígrafe "atenciones a clientes especiales". Es decir, hasta las invitaciones a los buenos clientes salen también de estas gratificaciones.

Hostelería.

Los hoteles también son un buen semillero de propinas. Pero hay una gran diferencia entre los establecimientos de costa y los de ciudad. En los alojamientos costeros, los clientes llegan en paquetes de 'tur-operador' y en general la relación entre cliente y servicio es casi nula. En la ciudad, los alojamientos están más pensados para viajeros de negocios, que constantemente reclaman los servicios generales del establecimiento.

Valentín Ugalde, secretario general de la federación que engloba a este tipo de empresas, cree que "los trabajadores no dependen, como en otros sectores, tan decisivamente de las propinas. Pero sí obtienen buenas compensaciones para sus salarios, nunca computables como parte oficial de su nómina".

Otros servicios.

El taxi también ofrece una buena oportunidad para demostrar el rumbo. Antonio Sánchez es un taxista madrileño que lleva 26 años al volante de su coche. El detecta que antes se daban más propinas pero menos cuantiosas. Ahora, en cambio, sucede al revés. Antonio tiene, al menos, asegurada una buena gratificación al año.

Invariablemente, cada otoño, trae a dos señoras de León a Madrid, que le pagan por el servicio 30.000 pesetas más 5.000 de propina. Pero estos casos cada vez son más raros. Algo similar pasa con los talleres de reparación de vehículos: la generalización de las aseguradoras, que se hacen cargo de la totalidad del pago de la reparación, evita el nexo del dinero entre el operario y el conductor. El pago se limita a la entrega de unos papeles y formularios, que dan poco o ningún pie a la propina. Sin embargo, fuentes sindicales aseguran que, cuando se produce, la gratificación ronda las 1.000 pesetas.

También se quejan los trabajadores del cine de la 'racanería' de los clientes, que suelen sentarse con la mano bien guardada en el bolsillo. Un viejo acomodador del madrileño cine Palacio de la Música, Florentino Granero, recuerda con ojos ensoñadores el 'premio' que le dio una vez el cantante El Fary: 1.000 pesetas. "Me dijo, el hombre, 'espera, espera, que te voy a dar un taleguito..'. Fue muy simpático".

Subsistencia.

Pero no siempre la propina se relaciona con la anécdota castiza. Hay gente que, literalmente, vive de ellas, según revela Amador Escribano, de CCOO. Es el caso de los porteros de noche de las discotecas, o de los aparcacoches. "Muy a menudo -dice Escribano-, no tienen ninguna clase de contrato, ni perciben salario alguno al margen de la gratificación que quieran dejar los clientes. Eso sí, en estos casos se suele dejar una propina y no mala".

La propina se mantiene contra viento y marea. Y, sobre todo, contra los modernos medios de pago -tarjetas de crédito, transferencias bancarias o pagos previos en oficinas de servicios-. No es obligatoria, pero el buen tono exige tener una atención cuando se ha recibido un trato adecuado.

Para quedar bien en el extranjero.

Hay que saber adaptarse a las diferencias culturales de otros países cuando salimos de viaje. Y la gratificación no es una excepción. En Francia, los taxistas siguen exigiendo la propina. Pero ya ha dejado allí de ser obligatorio el pago de un 10% para el servicio en otros lugares, como restaurantes.

Se aplica un sistema similar al de España. Incluso se está generalizando el no aceptarlas en lugares públicos.

En Alemania e Italia, se sigue el modelo español, aunque es muy frecuente que, si se paga una propina, se haga constar en la factura. En el Reino Unido, los taxistas no se andan por las ramas y piden a sus clientes hasta un 15% sobre la ya abultada factura. En los restaurantes, es norma dejar entre un 10 y un 15% de la cuenta. Se recomienda dar unas 100 pesetas por cada bulto al mozo del hotel, unas 350 en la peluquería y no hay costumbre de dejar nada en el cine o la gasolinera.

En Estados Unidos es obligatorio dejar al menos un 10% del total de la cuenta. Los trabajadores basan allí una parte muy importante de sus ingresos en las propinas. Por eso las defienden con uñas y dientes.

En la antigua URSS, estaba prohibido tender la mano para aceptar una gratificación, pero se permitía a los turistas introducir las monedas en el bolsillo de la chaqueta del empleado.

En Cuba, tras el triunfo de la revolución, Fidel Castro fue tajante al tildar de 'insulto' a la propina. Con su humor caribeño, muchos cubanos cambiaron en su bar el rótulo del bote y lo sustituyeron por la palabra 'insulto'. Ahora, la propina campa por sus respetos en toda Cuba.

 

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