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C. La sociología de Norbert Elias: Programa teórico y teoría del proceso civilizatorio. XVII.

La civilización del comportamiento. La sociología de Norbert Elias: Programa teórico y teoría del proceso civilizatorio.

La civilización del comportamiento. Urbanidad y buenas maneras en España desde la Baja Edad Media hasta nuestros días
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Lo que sí resultará auténticamente distintivo de este código es la sustitución de los argumentos sociales como justificación de las buenas maneras por argumentos higiénicos, de base científica, aplicables a todo el conjunto social por cuanto no efectúan distingos de rangos sociales; argumento "democratizador" según Elias (1987: 199). Puede hablarse ya de comportamiento y emocionalidad autocontrolados, de coacciones activadas automáticamente en el individuo que conforman una segunda naturaleza y que no precisan de la presencia coactiva del prójimo. El centro de referencia para el control y gestión del comportamiento y los afectos ya no es la Corte sino la familia, en consonancia con el carácter secundario de la nobleza en un mundo en el que la burguesía se yergue como grupo social preponderante.

Hasta aquí esta reconstrucción panorámica de los códigos tal y como la entendió Norbert Elias: "Courtoisie, civilité, civilisation señalan tres etapas de una evolución social; señalan de qué sociedad se está hablando y a qué sociedad se está hablando " (Elias, 1987: 148). Si bien el autor detiene su análisis al llegar al código de la civilisation, entiendo que se puede avanzar en el estudio del proceso civilizatorio hasta contemplar su faz actual. Esa intención forma parte del propósito de esta investigación.

4. Recapitulación crítica.

La teoría eliasiana de la civilización es una de las teorías más ambiciosas y completas que se han propuesto como explicación de las formas típicas de comportamiento y emotividad del hombre occidental. De la ambición eliasiana no cabe dudar:

a)  El proceso de la civilización describe un arco temporal que comienza en la Baja Edad Media y termina en el siglo XIX alcanzando una pauta conductual-emotiva que se denomina 'civilizada'. El siglo XIX como punto final del análisis eliasiano no le impide al autor apuntar tendencias que llegan hasta nuestros días. La consideración de la temporalidad es un aspecto clave dentro de la teoría de la civilización.

b)  Con El proceso de la civilización, Elias intenta acercar la sociología a la historia. Promueve una visión dinámica de los fenómenos sociales considerando éstos en perpetuo movimiento. En esta aproximación a la historia, Elias se vale de fuentes documentales -publicaciones sobre buenas maneras- que se presuponían exclusivas de historiadores y no propias de sociólogos. Elias demuestra que tales fuentes documentales son susceptibles de análisis sociológico.

c)  El proceso de la civilización presenta una clara vocación integradora de los niveles "macro" y "micro" del análisis sociológico. Elias considera las transformaciones del comportamiento y la emotividad típicas del hombre occidental indisociables de las transformaciones sociales a gran escala -construcción del Estado, diferenciación social, especialización funcional. Lo cotidiano -modales, aseo, comida, saludo- se entrelaza con la estructura y los procesos de gran envergadura. Esta vocación integradora de dos niveles de análisis aparentemente no integrables trasluce la vocación eliasiana de integración y superación de dicotomías analíticas.

d)  El proceso de la civilización constituye una síntesis original y creativa de aportaciones weberianas -el Estado como órgano monopolizador de la fuerza física y la violencia- aportaciones durkheiminianas -importancia de la división social del trabajo y la diferenciación funcional- y aportaciones freudianas -la civilización como restricción que coarta la libre satisfacción de impulsos y pulsiones.

Empero la teoría civilizatoria de Elias ha de enfrentar también críticas derivadas de sus insuficiencias y del carácter problemático de algunos de los presupuestos que asume:

a)  Elias concede atención exclusiva al autodominio consciente y reflexivo de la conducta y emocionalidad humanas. Esta atención prioritaria le lleva a desatender otra modalidad de control interno de la emotividad y el comportamiento: el autocontrol de naturaleza religiosa (Kocka, 1994:98). Este tipo de autocontrol es ampliamente relevante en sociedades como las de las edades Media y Moderna en donde el componente cristiano resulta esencial por cuanto impregna múltiples aspectos de la vida humana: el arte, la política, las relaciones personales, el matrimonio o la indumentaria. Esta crítica que se le hace a Elias en nombre del autocontrol religioso es acertada sólo en parte. Elias concibe el avance hacia el autocontrol como movimiento que corre parejo a la formación del Estado. Asigna, pues, en su esquema una posición central al papel jugado por factores políticos. Por eso se arguye contra Elias su falta de atención hacia los factores religiosos. Empero recuérdese que la política y la religión en la sociedad pre-industrial europea se encuentran entrelazadas de modos variados, que clero y nobleza conforman el estamento privilegiado y que, en definitiva, la interdependencia entre ambos grupos es constante. Igualmente desacertado sería conceder la primacía explicativa a la religión en tanto su imbricación con la política es claramente manifiesta. Tal y como apunta Johan Goudsblom, lo más acertado sería considerar factores religiosos y políticos en su permanente imbricación (Nota: Al respecto de un debate polarizado entre religión y política dice Goudsblom (1998:59): "Me parece poco fructífero devolver la discusión a un rígido debate sobre opuestos excluyentes, donde prima la búsqueda de un primer origen ante el esfuerzo por identificar unos desarrollos").

b)  Elias se enfrenta también al problema de la generalización apresurada. Mucho de lo que investiga, ya se trate de la impronta de la sociedad cortesana en el proceso civilizatorio o la construcción del Estado y sus implicaciones para dicho proceso, se concentra en Francia y sus estratos sociales más elevados. Los resultados obtenidos son generalizados con demasiada rapidez para otros estratos sociales y países (Kocka, 1994:98).

La crítica de la generalización apresurada acostumbra a venir, mayoritariamente, de estudios de carácter historiográfico que ponen en solfa la interpretación que Elias realiza de determinados periodos y fenómenos históricos. Valga como ejemplo de esto, la crítica que R.J. Robinson hace a Elias en su análisis de la sociedad guerrera medieval o el estado absolutista (Robinson, 1987). Se acusa a Elias de presentar un panorama medieval próximo al caos, de exagerar la disociación entre el caballero-guerrero medieval y el dinero y magnificar el grado de dependencia de los cortesanos respecto al monarca durante la fase del Estado absolutista (Robinson, 1987:2-3; 7-8).

Empíricamente, la explicación histórica eliasiana del periodo medieval y absolutista en el proceso de la civilización resultan, a juicio de Robinson, deficientes, con lo cual el armazón de su teoría resultaría inevitablemente dañado (Nota: Señala Robinson (1987:16): "(...) todas las afirmaciones de Elias sobre historia social son inequívocamente falsas").

Robinson sostiene que la sociedad guerrera medieval no está sujeta a un nivel de extrema desintegración tal y como como supone Elias. Al contrario, la sociedad medieval presenta un nivel de relaciones sociales que, si bien es menor que el de las sociedades industriales, resulta significativo y contraviene el énfasis eliasiano en la desintegración medieval. En cuanto a la relación del caballero-guerrero medieval con el dinero, Elias, según Robinson, sobrevalora la disociación entre ambos elementos. Muchas pequeñas ciudades fueron creadas a iniciativa de caballeros para atraer a artesanos y comerciantes; ciudades que se crean gracias a un excedente agrícola que estaba en manos de estos caballeros. De artesanos y comerciantes obtienen los caballeros-guerreros dinero en forma de tributos y mediante la perfección progresiva de los mismos desarrollan una incipiente 'racionalidad económica' (Robinson, 1987:4).

En lo tocante a la fase absolutista, Elias infravalora, en opinión de Robinson, el grado de autonomía de los cortesanos respecto al monarca. Su percepción del caso francés es extendida con demasiada rapidez al resto de Europa y así, no atiende, por ejemplo, a las altas dosis de autonomía de las que disfrutaba la nobleza española. Esa autonomía hacía posible que extensos territorios quedasen directamente bajo autoridad nobiliaria al ser el monarca incapaz de imponer la suya (Robinson, 1987:8). En definitiva, lo que se afirma es que Elias malinterpreta puntos básicos de la historia social europea. Ocurre que esos puntos son claves puesto que sobre ellos descansa la teoría del proceso civilizatorio, la cual quedaría fatalmente dañada (Nota: Dice Robinson (1987:16): "La historia eliasiana de las sociedades medieval y absolutista no es ni tan empíricamente precisa ni tan teóricamente convincente como él reclama. De hecho, ninguno de los principales fundamentos históricos de su teoría parecen serlo. Si tomamos sus propias prescripciones metodológicas al pie de la letra, la teoría del proceso civilizatorio resultaría seriamente dañada").

Esta crítica a la línea de flotación de la teoría del proceso civilizatorio es rebatida por uno de los discípulos de Elias: Eric Dunning (Dunning, 1989). Dunning afirma que semejante crítica parte de una más que evidente malinterpretación -rayana en la caricaturización- de lo dicho por Elias acerca de la sociedad medieval y el absolutismo (Dunning, 1989:299). Esta malinterpretación deriva de las asunciones y presupuestos previos que posee Robinson; hecho que inhabilita su crítica a Elias (Nota: Recalca Dunning (1989:306): "La interpretación que de Elias hace Robinson es seriamente errada. De hecho, revela más sobre los intereses y posiciones de su autor que del trabajo de Elias"). Elias no habla en momento alguno de ausencia de estructura social en la sociedad medieval, ni de que la relación del caballero-guerrero con el dinero sea antagónica ni tampoco confunde, como hace Robinson, la descripción del mecanismo de constitución de monopolios con la ilustración del mismo para el caso francés. Dunning hace una defensa justa de su maestro y frente a críticas apresuradas, entiende que el trabajo de Elias debe ser evaluado y criticado con propiedad y sin premura (Dunning, 1989:307).

 

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