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Un protocolo que hay que seguir.

Se trata de una tradición que se podría considerar irrenunciable para cualquier alicantino; acudir a pie al Monasterio el día de la festividad de la Santa Faz.

 

Diario La Verdad.
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Dos llaves, en poder del Ayuntamiento, y otras dos, en el del Cabildo, son necesarias para abrir la reja que impide alcanzar la Reliquia.

Se trata de una tradición que se podría considerar irrenunciable para cualquier alicantino; acudir a pie al Monasterio el día de la festividad de la Santa Faz. Se calcula en cientos de miles las personas que se dan cita cada año en el Caserío el día de la Fiesta, si bien muchos de ellos lo hacen las semanas precedente y siguiente al segundo jueves de Pascua, para evitar el agobio.

Organizada con mucha antelación por el Ayuntamiento y el Cabildo de la Santa Faz, la Romería parte desde la Concatedral de San Nicolás. Allí se reparten miles de cañas con un ramo de romero en uno de sus extremos entre los peregrinos que, con ropa deportiva, se disponen a acompañar a las autoridades religiosas y a la Corporación Municipal hasta el Monasterio.

Es tanta la popularidad de la Peregrina, que son numerosas las personalidades que participan en ella, desde miembros del gobierno valenciano, representantes sindicales y políticos de todo signo, hasta organizaciones festeras, deportivas, artísticas y vecinales.

Y como es tradicional, a mitad del recorrido, el Ayuntamiento instala su propia paraeta donde los romeros recuperan fuerzas tomando rollitos de anís, mistela y cantueso. Este punto recupera una vieja tradición, ya que en la Finca lo de Díe se tenía por costumbre descansar, camino del Caserío, porque sus propietarios invitaban a autoridades religiosas y civiles a hacer un alto en el camino, recordando cierto año en que un chubasco primaveral sorprendió a los romeros que encontraron refugio en la Finca, en la que fueron invitados a rollitos de anís y vino de Fondillón.

Acceso.

La Peregrina suele alcanzar el Monasterio a las dos horas de su inicio. Accede en primer lugar el Cabildo eclesiástico y la Corporación Municipal. Y es que el rito de sacar la Reliquia de su Camarín para llevarla a la Plaza del Caserío, donde presidirá el altar de la Misa, es todo un compendio de historia.

Para preservar la integridad de la Reliquia, se redactaron en 1636 unos estatutos que en 1669 contaron con una cláusula más, la XII, expedida por el Rey Carlos II, en la que se limitan los casos en que debe abrirse el Relicario y se establecen las formalidades para ello. Dos llaves, en poder del Ayuntamiento, y otras dos, en el del Cabildo, son necesarias para abrir la reja que impide alcanzar la Reliquia.

A la llegada al Monasterio, el Cabildo hace su entrada en el recinto junto con el alcalde, a quien acompañan el Síndico Municipal y el secretario general, que lee el Acta del Pleno autorizando la apertura del Camarín, realizada por los dos Caballeros Custodios cuya misión es la de no separarse de la Reliquia ni un momento y responder que se encuentra en idéntico estado cuando es devuelta a su lugar.

 

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